sábado, 19 de mayo de 2012

Lo que pasa en Uruguay, no pasa en Uruguay


Lo que pasa en Uruguay, no pasa en Uruguay, pasa en el mundo entero. Excluidos hay en Montevideo, en Nueva York, en Europa y en la India. La violencia está en todos lados, algunos sospechan que está en la esencia del ser humano, yo, personalmente, no lo creo así.


Todo tiene que ver con todo. Puedo nombrar tantas formas de violencia como personas en este mundo. La violencia está en casa, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en el bar, en la tele, en el cine, en la cancha y en casi cualquier lugar por el que anden caminando los humanos.

¿Qué hacemos para evitarla, para destruirla? ¿Le reclamamos al Estado? Bueno, el Estado controla el agua a través de OSE, controla las Telecomunicaciones con Antel, la distribución de energía eléctrica con UTE, la distribución de combustibles a través de ANCAP, pero lamentablemente, no tiene el monopolio de la violencia, así que por si solo, ni Estado ni gobierno de turno pueden solucionar el dilema.

Igual le podemos pedir algunas cuantas cosas. Por ejemplo, sabemos que el Estado tiene el monopolio de los institutos de rehabilitación de la delincuencia y desde hace mucho tiempo que hace un trabajo malísimo en esa área. Hay muchas cosas que le podemos exigir al gobierno y al Estado para aplacar los niveles de violencia, pero nosotros perdemos el tiempo exigiendo que baje la edad de imputabilidad y que nos asegure que nadie nos va a matar mientras trabajamos.

Al Estado lo que le corresponde, al gobierno lo que le corresponde, pero a no engañarnos. La violencia, como escribí antes, anda por todos los rincones. Como no podemos cerrar fronteras y aislarnos del mundo (en serio, no podemos) vamos a tener que reconocer y tener siempre bien clarito que lo que pasa en Uruguay, no pasa en Uruguay, pasa en el mundo entero, es imposible que seamos un paraíso de paz en medio de la Latinoamérica sangrienta. Las drogas, las mafias y los malos programas de televisión (por contar solo algunos factores) no conocen de fronteras.

La violencia no se acaba reflexionando sobre la misma, no se acaba escribiendo líneas como estas. En realidad, no se bien cómo se acaba, pero sospecho que podemos empezar por las acciones. Tomar acción. Hacerse protagonista del mundo. Empezar a bajar los niveles de violencia en nosotros mismos. No cantar sobre la muerte en un estadio, no consumir televisión que festeja la violencia, no tocar la bocina como si fuera una máquina de insultos, no patear al perro, no reclamar linchamientos y penas de muerte en las redes sociales.

Nada de esto nos asegura que cuando salgamos a la calle, o peor aún, mientras dormimos en la comodidad de nuestras camas, alguien nos pegue un tiro, pero puede ser un buen comienzo para disminuir las chances de que esto suceda.