domingo, 25 de noviembre de 2012

Mañana es lunes





Yo creo que el tránsito en Montevideo es bastante caótico, que hay más autos de los que la ciudad puede soportar, que la infraestructura no da abasto, que las calles están en mal estado y muchas veces mal señalizadas, que los conductores muchas veces no saben conducir bien, que los peatones son demasiado imprudentes, que las motos hacen lo que quieren, que los taxis y los ómnibus se creen los dueños de las calles, que los encargados de controlar el tránsito y sancionar a quienes mal manejan están más preocupados por conseguir una cometa que por hacer cumplir las reglas.

Yo creo que los montevideanos son mugrientos. Lo siento por los que no tiran un solo papel al piso, pero la mayoría son mugrientos, no les importa la limpieza y después, son los primeros en quejarse. Y con alguna razón se quejan, porque también creo que los servicios de recolección, clasificación y limpieza dejan mucho que desear. Creo que la Intendencia no sabe como resolver el problema y los clasificadores ensucian más de lo que limpian.

Yo creo que hay violencia en el fútbol, por eso dejé de ir, porque pienso que los que van hoy al fútbol están enfermos de la cabeza. También creo que hay violencia en las calles, que salís, y no sabes si volvés, que te matan por un peso, o por nada. Sin embargo salgo todos los días y vuelvo vivo, pero en la tele veo que alguno siempre se muere.

Yo creo que los empleados públicos no quieren trabajar, que son vagos en su amplia mayoría. Pienso que los gremios son terribles corporativismos burocráticos preocupados por el bienestar de unos pocos. Los cirujanos, los anestesistas, los municipales, los estatales, todos.

Yo creo que los empresarios son en su mayoría unos chantas, que buscan sólo el beneficio propio y si te tienen que cagar te cagan sin problemas. Aliados de los políticos, que son corruptos o ineptos, porque en este país, manda el que tiene plata.

Yo creo que los ecologistas son unos tranca pelotas y que los que quieren el puerto, la mina y todo lo que viene atrás son unos tipos que quieren llenarse de oro y después irse al carajo.

Yo creo que los menores están de vivos y que los que infringen las leyes, deben ir presos, no para que se rehabiliten, porque las cárceles son una porquería, para que no molesten en las calles.

Yo creo que el maestro Tabárez ya está pifiando y pide recambio. Ojo, no soy mal agradecido, yo agradezco todo lo que hizo, pero ya está para el retiro. Ya perdimos como tres partidos.

Yo creo que los argentinos son todos una manga de ladrones del primero al último.

Yo creo que toda la educación (pública) está perdida, que ya no sirve para nada.

Entonces, cómo creo en todo esto, voy por la ciudad escupiendo insultos, tocando la bocina como si fuera un insulto más, pensando que tengo adelante ineptos o avivados que me quieren cagar, despotricando contra básicamente todo, hablándole mal a la cajera del supermercado, que es más lenta que una tortuga, comentando con el vecino lo turra que es la otra vecina, pensando que los viejos están complotados para hacernos la vida más difícil, gritándole a la rubia que está más fuerte que un pino y que esa calza se la arranco con los dientes, quejándome, puteando y quejándome un poco más.

Al fin y al cabo, no me puedo sacar de la cabeza que trabajo como un loco, horas y horas, y no me da para comprarme lo que quiero, no me da para ser rico (feliz) y a veces no me da para llegar bien a fin de mes. Tengo derecho a quejarme, tengo derecho a putear. En casa, en Facebook, en Twitter, en el trabajo y en la calle, dónde yo quiera, porque soy la víctima y los demás, en su mayoría son pelotudos.

¿Dónde esta la alegría? Ya sé, suena paloma. La violencia nos está ganando el día a día. Mañana es lunes, hace la prueba y ponele onda.