domingo, 18 de noviembre de 2012

Redes Sociales e Internet: ¿libres y/o impunes?


Un video íntimo de una boxeadora reconocida. Un video dónde un grupo de adolescentes matan a un perro. Un grupo de personas que hostigan hasta la muerte a uno de estos adolescentes. Un sinfín de opiniones vacías, desinformadas y antisemitas. Comentarios de odio que llaman a la violencia. Acusaciones totalmente infundadas de corrupción. Impunidad.

Imagen difundida a través de Facebook el pasado 12 de noviembre (distorsionada por 180)

Desde su creación, reina la impunidad en Internet. La regulación de contenidos por el medio que más ha crecido a nivel local y mundial en los últimos tiempos es siempre escasa o nula. Cada quién sube a Internet lo que quiere, escribe en Internet lo que piensa (aunque no piense en lo que escribe), descarga de Internet lo que quiere, comenta, comparte, publica. Y a veces, sólo a veces, los daños que causa esa gama de posibilidades y libertades que todos tenemos en el mundo de Internet, son terribles, destruyen la vida, la imagen, la reputación de los dañados y deja impune a los "dañadores".

¿Qué hacemos entonces? Algunos creen en la necesidad de regular y tienen buenos argumentos para hacerlo. El periodista de la Diaria Marcelo Pereira escribió en su columna* a favor de una regulación internacional de los contenidos de Internet, aunque advirtió que “habrá quienes aleguen, desde un liberalismo bobo, que lo mejor o lo menos malo es la ausencia de regulaciones”. No es el único que piensa así, y frente a hechos como la filtración del video de la famosa boxeadora o el hostigamiento y los llamados a la muerte de un adolescente, es natural que uno piense que hay que regular de alguna manera esta situación, así como está, Internet es tanto sinónimo de libertad como de impunidad.

Pero la regulación, como señalaba con mucha claridad Pereira en su columna, debe darse a nivel internacional, pues como sabemos, Internet no conoce de fronteras. Y allí es dónde comienzan los baches y los problemas. Una regulación a nivel internacional, según la experiencia acumulada en toda la historia de la humanidad, será injusta, inequitativa, autoritaria, de mediano alcance y para nosotros, en general terrible. No es (solamente) mi opinión, es un breve repaso de los mecanismos en los que se instaló toda la legislación internacional.

Además, en temas como el daño a la imagen, la injuria, la libertad de expresión y la violencia, es imposible que las distintas sociedades y pueblos que habitan la tierra nos pongamos de acuerdo. Una caricatura de Mahoma compartida en mi perfil de Facebook, se reduce a un (mal) chiste en Occidente, pero en algunos países puede ser un terrible crimen que me depare años de cárcel o hasta penas más severas. ¿Quién será el juez que diga si soy o no culpable por difamar la imagen de Mahoma? ¿Será un juez ateo, uno judío, uno cristiano o uno musulmán?  Pensar en una regulación internacional justa, o al menos mejor que la actual falta de regulación, es iluso, tal vez bobo.

En Internet existen medios de comunicación, existen personas identificables y existen anónimos (algo más difíciles de identificar). En las redes sociales (Facebook, Twitter, Google+, Linkedin, Youtube) hay perfiles de usuarios, que pueden ser organizaciones, pueden ser individuos, pueden ser empresas. No todo es lo mismo. No podemos hablar de redes sociales a la ligera, ni considerar a las redes sociales, medios de comunicación comparables a la televisión, la radio o la prensa escrita. Hay cosas en las redes sociales que son públicas, hay cosas que sólo son compartidas en grupos, y hay cosas que son privadas. No cualquiera puede leer lo que yo escribo en mi perfil de Facebook, no cualquiera puede ver las fotos que publico. En Internet, y sobre todo en las redes sociales hay matices. Permítanme ser  escéptico, pero llevo años metido en esas redes sociales, y creo que no hay juez en este país que pueda entender mínimamente cómo funcionan, cómo mutan y se transforman, y cuales son los límites de cada una de las redes. Legislar y juzgar sobre algo tan dinámico como las redes sociales, es casi una utopía.

Repito la pregunta. ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos asumimos como personas que somos medios de comunicación unipersonales? Creo que la respuesta podría estar (cuando no) en la educación. Hoy es más útil y necesario enseñar en las escuelas el funcionamiento de las distintas redes sociales, que muchas cosas que se enseñan, más si le damos a cada niño una computadora. Enseñarles su uso es enseñarles a ser responsables. No olviden de que quienes vimos nacer y crecer a las redes sociales, estamos todos grandes y eso nos puede nublar un poco el juicio, buscando sin suerte soluciones para los problemas de hoy y de mañana en el ayer.

Tal vez, con una buena apuesta educativa, logremos que los usuarios de redes sociales del mañana, sean un poco más responsables a la hora de dar una opinión, de compartir un contenido o de dar un “me gusta”. Tal vez mediante un intento de regulación, lo único que lograremos es dañar una de las mejores cosas que ha construido el ser humano en los últimos siglos.