domingo, 28 de julio de 2013

Inseguridad: el Uruguay más violento


Uno sale a la calle con miedo. No es una afirmación política, al menos no política partidaria. Es una realidad que aunque a algunos nos cuesta asumir, se levanta ante nosotros como un muro inmenso contra el que una y otra vez nos estrellamos.

Podemos hablar de una sociedad más violenta, de las causas más profundas que nos infunden el miedo y que posiblemente nos lleven a conclusiones más acertadas, a un abordaje más correcto del problema. Pero, sabrán disculparme la licencia, no es lo que buscaré en estas líneas esencialmente catárticas.

Hoy, uno sale a la calle y no sabe si vuelve a su casa. La inseguridad es un problema, al caminar por las calles, al ir a hacer los mandados o al ir a trabajar, uno, si piensa un poco, no puede sentirse del todo seguro.

Comenzó siendo un problema real en la gran ciudad, pero hoy es un problema hasta en los pueblos más pequeños, hasta en los tranquilos balnearios de la costa. No importa si es de noche o de día, no importa que uno tome todas las precauciones, nunca estamos a salvo de cruzarnos con alguien que nos arruine el día o la vida entera.

Nos da miedo que nuestros niños anden por la calle, que nuestros abuelos anden por la calle y hasta andar por la calle nosotros mismos. Si vamos solos o estamos acompañados parece que ya no importa, siempre estamos en peligro.

Lo dicen los informativos en la tele, lo dice la radio y lo dicen las páginas de los diarios. Pero seamos realistas, esto está lejos de ser una simple construcción mediática. O somos víctimas, o conocemos a alguien que haya sido víctima. No es necesario que nos lo cuenten los medios para saber que este mal que tan inseguros nos deja (al menos a mí) es hecho de nuestra vida cotidiana.

Yo me rehúso a asumirlo como parte de mi vida que no podré nunca modificar. No podemos asumir nuestros muertos, nuestros heridos, nuestros traumados, nuestras familias destruidas, nuestras vidas truncas, como si fueran parte inexorable de nuestro destino.

El problema nos afecta a todos. Los repartidores que andan regalados por ahí, los jóvenes que salen a disfrutar las noches, los más viejos en pleno centro de Montevideo, todos en todos lados nos sentimos inseguros. Es verdad, hay zonas más peligrosas y zonas menos peligrosas, pero siempre estamos amenazados, hasta en el más tranquilo de los pueblitos del norte olvidado.

Tenemos que hacer algo. Tenemos que hacer mucho. Todos. El gobierno ha tomado algunas medidas en los últimos años, pero siguen siendo muy pocas. La educación nos puede salvar, porque hay que educar el respeto por la vida humana, por el otro. Pero la educación no es todo. Las organizaciones sociales reclaman, pero tampoco hacen mucho. Los partidos de la oposición hablan del problema, pero no proponen medidas efectivas.

Una vez más: no podemos acostumbrarnos a vivir con esta inseguridad. 1.4 compatriotas muertos al día en el año 2012. Y seguramente muchísimos más heridos, física y sobre todo mentalmente. Es una crisis, es un escándalo, y de nada sirve intentar guardar el muerto en el ropero, porque tantos muertos no entran en ningún ropero.

El gobierno tiene que hacer lo suyo. Yo seré el primero en salir a reclamárselo en marchas, movimientos o lo que la sociedad genere. Pero nosotros también hagamos al algo. Al fin y al cabo, no es el gobierno el que nos está matando, somos nosotros, entre nosotros mismos.

499 muertes en un año. Son mujeres, hombres, niños, jóvenes y adultos. Tenemos que cuidarnos más, querernos más. De otra forma, no podremos recuperar la tranquilidad de la que tanto nos hablan nuestros padres y abuelos.

A esta altura ya se habrán dado cuenta de qué les hablo: pasamos mucho tiempo hablando de robos, asaltos y copamientos y sólo en el primer semestre de este año ya son 290 muertes en accidentes de tránsito en todo el país. Esta cifra ya no la podemos reducir, en nosotros esta hacer que no crezca.