lunes, 19 de agosto de 2013

Ana y la ciudad

La administración de Ana Olivera, la primera intendenta electa de Montevideo, ha sido centro de polémicas desde su génesis hasta nuestros días.

Su elección como candidata única del Frente Amplio para las elecciones departamentales, su condición de mujer, comunista y con “mechón rojo”, su respaldo político y el peso de cargar con más de 20 años de gobierno frenteamplista en la capital han generado todo tipo de comentarios y opiniones dentro y fuera de su propia fuerza política.


En los pasillos de la intendencia y en la interna del Frente Amplio, la opción de una reelección de la actual intendenta parece descartada y eso, puede tener varias lecturas.




Hablemos de números. Porque son fríos, pero hay que darles algo de bolilla. Ana Olivera se proclamó intendenta de Montevideo con un 46% de los votos. 14% del electorado, más de 100 mil personas, votaron en blanco o anulado en esa elección.


Desde el mismo año de su asunción, la popularidad de Olivera se ha mantenido en niveles bajos (ver gráfico), sin poder sumar apoyo popular a una gestión que con sus altos y bajos no puede considerarse peor que, por lo menos, la de su antecesor, Ricardo Erlich. ¿Por qué entonces Olivera y su administración han recibido tan blando apoyo al punto de casi descartarse un nuevo período al frente de la comuna? Los motivos parecen ser varios, y muy interesantes de abordar.


¿Estamos solos? Daniel Martínez y Carlos Varela eran los dos nombres que concentraban mayores apoyos en el Plenario Departamental de Montevideo para convertirse en candidatos a la Intendencia. Uno de ellos, ni vale decir cuál, también tenía alta aprobación entre los votantes frenteamplistas. Pero nadie dio el brazo a torcer. Ni el MPP, ni el Partido Socialista, ni el Frente Líber Seregni, las tres fuerzas mayores del Frente Amplio. Entonces apareció el nombre de Ana Olivera y consiguió los apoyos necesarios.


Olivera iba a ser la ministra de Desarrollo Social, ministerio en el cual ya había estado al frente como subsecretaria y en el cual, aparentemente no había recibido mayores rechazos por su condición de mujer, comunista y de “mechón rojo”. Por el contrario, realizó una muy buena gestión, reconocida dentro y fuera de su partido, que la posicionó como la favorita del Partido Comunista para manejar esa cartera por encima de Marina Arismendi. Pero le ofrecieron la Intendencia, y parece que le gustó más esa posición.


Cuando se oficializó su candidatura, todos los sectores del FA prestaron sus votos para proclamarla por unanimidad. Una unanimidad que de nada servía, ni serviría luego para tapar las grandes diferencias y heridas que la puja entre Martínez y Varela ya había dejado. A partir de allí, el apoyo político que recibió Olivera fue menguando, y cada vez se la notaba más sola al frente de la comuna. Los grandes sectores no sólo no la defendían con claridad de las siempre permanentes críticas externas, sino que hasta se dieron el lujo de lanzar sus dardos también con poca delicadeza. A esto hay que sumarle que su condición de miembro del Partido Comunista tampoco le garantiza un gran apoyo. Se trata de una fuerza política con un solo edil en la Junta Departamental y una intención de voto del 2% a nivel Montevideo. El Frente Amplio fue infantil al elegirla. “Si yo no tengo la pelota, vos tampoco la vas a tener” y se la dejaron a Ana, pero también la dejaron jugando sola.


No nos estamos entendiendo. La comunicación estaba quebrada entre el FA y la gente de Montevideo. De haberla escuchado, hubieran elegido a Martínez con los ojos tapados como hoy eligen a Vázquez para que sea nuevamente presidente.


Lamentablemente, Olivera no pudo hacer mucho para mejorar esa comunicación, tal vez el talón de Aquiles de esta administración. ¿De quién es esta responsabilidad? Ante todo de Olivera, que pone en el mayor cargo de referente en comunicación a una persona que demostró en varias ocasiones su ineptitud para el mismo. Esta bien, había una buena sintonía entre Olivera y María Urruzola, que había sido su jefa de campaña para las elecciones (una campaña muy chata hay que reconocer), pero eso no garantiza que Urruzola vaya a ser apta para el cargo de directora de la División de Comunicación. No lo fue y hasta se llevó de recuerdo el título de “persona no grata” de los trabajadores de TV Ciudad.      


Hace pocos días, Olivera reconoció que “hemos tenido dificultades en la comunicación y ante la pregunta de si la intendencia está aprendiendo a comunicar diferente, aseguró “estamos trabajando en esa dirección. Hemos hecho un proceso de ensayo error. El error fue tal vez poner a Urruzola en ese cargo. La removió en mayo de este año y le dio otro cargo, el de “Coordinadora de Proyectos de comunicación”, en régimen de 40 horas semanales, con una remuneración de $ 80.000 (quién pudiera...). Parece que es mucho ensayo y poco se aprende del error.


Uno, como profesional de la comunicación (aunque sea medio pelo) reconoce en esta área una gran falencia de la administración Olivera. Cosas se hacen, si se lee con atención, si se investiga un poco, uno se da cuenta que esta administración está haciendo muchas cosas, tal vez más que las anteriores en áreas de fuerte impacto en la opinión ciudadana. Pero se insiste en no comunicar o en hacerlo de mala manera. Y ésto, con todo el respaldo político del mundo, tampoco se soluciona.


En la medida justa, si es posible. El montevideano, como los ciudadanos de la mayoría de las ciudades, pide, pide y pide un poquito más. En nuestro caso, sin embargo, hay que reconocer que pedimos mucho y poco miramos para el costado, para ver qué hacemos.


A nosotros no nos pueden venir a decir que nos van a dejar la ciudad limpia, a arreglar las calles e iluminar la vida, porque sabemos, aunque nos hacemos los boludos, que es improbable que esto suceda si nosotros nos seguimos comportando de la misma forma. Por eso, los votos del FA se fueron al blanco y al anulado y no a los delirios de Analía Piñeyrúa. No somos bobos, pero a veces parecemos.


El principal responsable de la limpieza de Montevideo es el montevideano, y el montevideano no hace mucho por mantener la ciudad limpia. La actual administración ha potenciado como nunca antes los servicios de limpieza, esto es concreto, se cuentan los camiones, los contendores, el personal destinado y se sacan conclusiones. Sin embargo, nosotros seguimos siendo sucios, todos, nada de andar señalando con el dedo a los demás, el que no lo es, lo ampara.


Pero también están los que se dieron cuenta que, al montevideano sucio, curiosamente lo que más le molesta es la mugre (si, ya se, una contradicción muy extraña) y empezaron a usar ese factor para debilitar al gobierno. Están los amigos de ADEOM, con sus medidas que hablan solamente de lo poco que los trabajadores de la ciudad quieren a su ciudad. También están los autos que en las madrugadas salen a dar vueltas y prender fuego contenedores y de los que casi nadie dice nada.


Los reclamos de los montevideanos parecen ser siempre contradictorios. Queremos más luces, pero las rompemos. Queremos mejores calles, pero reventamos el parque automotor en dos años. Paciencia y sobre todo un cambio de cultura (que tal vez debería y no está siendo impulsado correctamente desde la comuna) porque ni Ana, ni Daniel ni súper Vázquez pueden con eso.


De aquí en más. Desde su columna el la diaria el periodista Marcelo Jelen afirma que si es cierto que Olivera no irá por la reelección, “hacerlo público le permitiría cumplir con su tarea menos presionada por las encuestas”. También deja ver que la condición de comunista y mujer son “circunstancias que operan como obstáculo en una carrera política”. Ser miembro de un partido con menos apoyo popular (vía urnas) que el Partido Independiente, sin lugar a dudas puede ser un obstáculo difícil de sortear para una carrera política. Ser mujer, desde mi punto de vista, le ha jugado más a favor que en contra para alcanzar los puestos que ha alcanzado.

Sin embargo, lo que más me interesa de las palabras de Jelen es que dejan ver algo muy interesante: sin la responsabilidad de una reelección y sin las presiones de las encuestas y los apoyos, Olivera podría estar en un muy buen lugar para cerrar su administración mucho mejor de lo que la comenzó.