miércoles, 30 de abril de 2014

Pedro ha pintado de blanco tu muro

La campaña de Pedro Bordaberry para pintar de blanco los muros que fueron antes pintados por terceros dice mucho sobre el nivel de debate en torno a los bienes públicos y mucho más, sobre el principal candidato colorado a la Presidencia.


“Creemos que los políticos, cuando estamos en campaña, tenemos que transmitir valores. No ensuciar, no destruir. Tenemos que dar un mensaje claro en cuanto a que hay que cuidar el país que aspiramos a gobernar. Si queremos gobernar el Uruguay no podemos hacer una campaña destruyéndolo”. Así explicaba Bordaberry a La República su campaña “Yo Estoy”, por la que reúne a “voluntarios” en distintas zonas, les da gorros y remeras con la marca de la campaña y les proporciona los materiales para pintar de blanco lo que sea que otros hayan pintado antes.

"Si (los muros) son del pueblo no son de partido político alguno, ni del Comunista, FA o Colorado; son de todos y por ende nadie debe apropiarse de ellos", dijo Bordabeery y agregó: "lo que es bueno es que se comparen los distintos valores frente a los derechos de todos, quienes se los quieren apropiar y quienes los cuidan" planteaba el candidato a presidente por el Partido Colorado al portal Montevideo Comm.


Primero lo primero. Los muros no son de nadie, o mejor dicho, son de todos. El sentimiento de propiedad es lo que nos podría llevar a cuidarlos mejor. Desde hace muchísimos años, han sido un espacio en el cual distintos sectores han expresado sus ideas, promovido sus propuestas, acusado a sus acusados. Lo han hecho históricamente todos los partidos, lo han hecho organizaciones sociales y también lo han hecho particulares, aquí en Uruguay y en todo el mundo (el desarrollado y el menos desarrollado). Generalmente, son un espacio dónde los sectores que no tienen acceso económico a la publicidad “formal” o no tienen interés en realizar dicha publicidad, cuentan sus ideas, sus opciones y sus apoyos.

Pues bien, la conveniencia de seguir o no permitiendo ese uso de un bien público como son los muros, es una discusión realmente interesante. Particularmente, las pintadas político partidarias no me agradan, pero otro tipo de artes callejeros sí. En fin, aquí cada cual tendrá su opinión. Y esta muy bueno debatirla.

Pero esta campaña de marketing político denominada “Yo Estoy” tiene poco que ver con ese debate, aunque quiera a veces camuflarse en él. Siempre vale la pena preguntarse algunas cosas.

Pregunta 1. ¿Qué significa pintar un muro de blanco? Aquí intervenimos un bien público para no decir nada. Si tuviera sonido, el muro pintado de blanco sería el muro silenciado. Algo que suena a totalitario, pero que vemos en Twitter como si no fuera nada. Yo me saco fotos tapando tu muro. No con otro mensaje. Simplemente lo silencio.

Pregunta 2. ¿Con qué autoridad Pedro Bordaberry pinta los muros de blanco? Siguiendo con la línea argumental de que se trata de un bien público, algunos podrán decirme que lo hace con la misma autoridad con que otros grupos escriben lo que quieren en esos muros. Esta bien. Entonces esta al mismo nivel que los otros grupos. Se arroja la misma autoridad. Decide, como deciden los otros, arbitrariamente, qué es lo que debe decir (o no decir) un muro. Si es así, no le veo motivo a hacer una campaña publicitaria al respecto.

Pregunta 3. ¿Es lo mismo decir algo que acallar lo que los demás dicen? La respuesta parece clara. Cuando digo acallar, me refiero a que (cómo lo vemos en las fotos que Pedro nos comparte en su Twitter), lo que se hace es tapar la expresión de alguien que dice Tabaré o Lacalle Pou presidente. También es tapar la expresión de alguien que pinta un muro de colores. Tan simple como eso.

Pregunta 4. ¿Es una campaña por una ciudad más limpia? No. Pintar de blanco no es limpiar. Muchos muros no deben ser blancos, no lo son originalmente, y pintarlos así no es limpiarlos. Además, pintar un muro de blanco no limpia los carteles que colgamos en las columnas, los afiches que pegamos en la Biblioteca Nacional y en otros edificios, ni la contaminación visual que provocan los autoparlantes y los múltiples camiones-carteles que se mueven por la ciudad. Y finalmente, ¿por qué hacerlo solamente en un año electoral?


Tal vez los asesores así se lo recomendaron. Lo cierto es que la campaña ha tenido cierto impacto mediático (aquí estoy yo escribiendo sobre esto), ha servido para borrar algunas pintadas de la oposición blanca y frenteamplista y ha atraído a varias personas a sumarse como “voluntarias”, convenciéndolas de que están haciendo algo para tener un país mejor y arrimándolas a una militancia muy macrista, muy light, muy siglo XXI.


Pero lo que hay atrás es lo que preocupa y en última instancia lo que me ha llevado a escribir esto. Alguien que se arroja a sí mismo la defensa de algo para lo que no fue elegido (hasta aquí podríamos ir bien) pero que al tomar esa defensa cómo su bandera, la utiliza para acallar a los demás, para silenciar otras voces. Eso debería preocuparnos, sobretodo cuando viene de alguien que aspira a gobernarnos a todos.