lunes, 10 de noviembre de 2014

Lo que octubre nos dejó

Lecciones y cosas que se aprenden a partir de las elecciones nacionales del 26 de octubre de 2014


1. Error de lectura


Las encuestas fallan a la hora de leer las tendencias de voto de la ciudadanía. Entre argumentos y explicaciones que abundaron después de las elecciones, se nota una clara falta de entendimiento por parte de los representantes de las principales encuestadoras sobre el electorado uruguayo.

Una lectura conservadora de este lleva a señalar que es más conservador de lo que en las urnas finalmente termina siendo.

Cuando digo lectura conservadora, me refiero a que las principales empresas encuestadoras definieron que una gran cantidad de indecisos se iba a inclinar por votar a los partidos tradicionales y finalmente se inclinaron por votar al Frente Amplio.

Puede que estos indecisos no se estuvieran preguntando si votar al Frente Amplio o votar a los partidos tradicionales, sino que se estuvieran preguntando si votar al Frente Amplio, o votar a otros partidos más pequeños o votar directamente en blanco. Parece obvio señalar que después de diez años y tres elecciones ganadas por el Frente Amplio con mayorías parlamentarias, el electorado se ha corrido un poquititito a la izquierda.

Otra pista de que se trató de una lectura conservadora la dio la directora de la empresa Cifra, Mariana Pomiés, en conversación con Efe, cuando explicó, tras el error de las elecciones, que "pensamos que Uruguay era más moderno", calificando a la campaña de Lacalle Pou como “más fresca y joven”. Claramente, los conceptos de “moderno”, “fresco” y “joven” no están muy claros en esta empresa encuestadora, que, como muchos ciudadanos de a pie, defendió erróneamente que la campaña de Lacalle Pou fue una campaña modelo.

2. Galleta de campaña


Las campañas con un fuerte componente económico pero sin un sustrato de contenido pueden hacer mucho ruido pero no calan hondo en la ciudadanía.

Si usted llena las calles y la televisión con publicidad visualmente agradable acompañada de mensajes lights pensados para no incomodar a nadie, puede estar haciendo una buena campaña.

Si a eso le agrega un candidato con pose, algo de humor, que sabe hacer la bandera y firmar autógrafos y que repite en sus discursos con muy buena dicción los mismos mensajes lights que se leen en sus carteles, puede que su campaña marche mucho mejor aún.

Y si las figuras que presenta como equipo de gobierno son gente de fuera del viejo círculo de políticos que define al Partido Nacional desde 1990, caras nuevas con un perfil algo más técnico, puede que su campaña aparezca para cierto sector de la población como fresca y moderna.

Pero (siempre hay por lo menos un pero) si usted repite la campaña con onda y sin contenido durante muchos meses sin variar (al menos desde abril hasta octubre), permite que el candidato enfrente entrevistas sin estar preparado y hace que su círculo de asesores erre una y otra vez en sus declaraciones, entonces, es posible que la campaña haga agua.

Es otra de las lecciones que nos queda. La publicidad política puede hacer mucho, pero sola no basta para llevar a un candidato a la presidencia. Además, una campaña que responde a un modelo de país conservador (por oposición a un modelo progresista) puede contar con un aparato de publicidad que lo esconda, pero nunca lo suficientemente bien.

3. Tan joven


La juventud sigue apostando de manera fuerte por el Frente Amplio. Por más moderna y fresca que haya sido la campaña del candidato nacionalista, el sector más fresco y moderno de la sociedad, los jóvenes, apoyó a razón de 6 de cada 10 al Frente Amplio.

Las cifras son contundentes: la izquierda fue la mayor opción entre los jóvenes de todos los departamentos del país y en 15 casos obtuvo más votos jóvenes que el Partido Colorado y el Nacional sumados.

Sin embargo, para el Frente Amplio debería ser materia de estudio que por primera vez desde la salida de la democracia, la votación a la fuerza política de los jóvenes de entre 18 y 30 años decreció. En 2009 62,5% de los jóvenes apoyó al Frente, mientras que en octubre pasado esa cifra descendió a 58,5%.

Vale apuntar que quienes votaron por primera vez en esta elección tenían apenas seis años en la crisis de 2002 y han vivido la mayor parte de sus vidas bajo un gobierno del Frente Amplio y en cierta prosperidad económica. Tal vez a esas franjas el relato del Frente Amplio que sacó al país de la crisis y de los partidos tradicionales que llevaron al país a la mayor crisis de la historia reciente no les esté llegando con claridad.

4. Juan Clasemedia vs María Clasemedia

En Montevideo el Frente Amplio basa cada vez más su victoria en los barrios de nivel socioeconómico medio bajo y bajo, mientras que su votación en barrios de clase media alta y alta, ubicados en la costa, es más baja.

Es una conclusión que arrojan los números. Solo en Carrasco no ganó el Frente Amplio, pero en barrios de clase media alta, como Malvín, Pocitos y Parque Rodó, la votación fue baja, como sucedió en 2009. Al igual que el leve descenso en el apoyo de los jóvenes, esta posible tendencia deberá ser encarada por el partido de gobierno si pretende mantener su matriz pluriclasista y joven.

5. Mira en tu interior


Cada partido deberá sacar también sus propias conclusiones a la interna.

En el Frente Amplio la gran votación del Movimiento de Participación Popular señala que para el país José Mujica es y deberá seguir siendo una figura muy importante, de referencia, tal vez la más relevante del arco político.


También parece más obvio que el liderazgo algo autoritario de Tabaré Vázquez deberá verse matizado por un trabajo más grupal en un posible nuevo gobierno frenteamplista. Los sectores que apoyaron la precandidatura de Constanza Moreira se mostraron bien de salud y lograron ubicar a la senadora de vuelta en el Senado y abrir bancas en Diputados que no responden a ninguno de los sectores mayoritarios del partido. 

El Frente Liber Seregni parece cada vez más reducido a la figura de Danilo Astori, que aún goza de gran aceptación en la ciudadanía y que ocupará una vez más la cartera de Economía. Una mayor pluralidad en el Poder Legislativo debería verse reflejada a la hora de conformar un gabinete ministerial y un equipo de gobierno.

En el Partido Colorado todo se reduce a la desaparición de Pedro Bordaberry como el máximo líder y cómo el mismo partido logre afrontar ese trauma. Una vez más, parece que está todo por hacerse en el partido que supo ser gobierno más veces en la historia del país y que hoy se ve reducido en poco más de 10% del electorado uruguayo.

El Partido Nacional deberá tomar nota de lo ocurrido en el Colorado. También deberá sacar adelante de la mejor manera la campaña hacia el balotaje para intentar reducir al máximo el fracaso de su líder. Luego será el tiempo de repensar si es Lacalle Pou el líder que el Partido Nacional necesita para crecer o si, al igual que Bordaberry, el hijo del ex presidente también tiene un techo muy difícil de romper.

Unidad Popular tiene por vez primera su banca en la cámara baja y allí deberá demostrar que sirve para algo su presencia en el Poder Legislativo. También el Partido Independiente, con su llegada a la cámara alta y su ampliación de representación en Diputados, deberá definir un perfil claro de trabajo como partido.

El hecho de que el Frente Amplio haya obtenido mayorías parlamentarias le pone las cosas más difíciles al Partido Independiente a la hora de incidir en la política legislativa. Aun más difícil por el hecho de que Unidad Popular tiene un diputado y que cuando falte un voto (siempre puede suceder eso en el Frente) la coalición de izquierda podrá negociar tanto con Unidad Popular como con el Partido Independiente para conseguirlo.

6. A la mayoría le ha gustado esto


Tres mayorías parlamentarias consecutivas. Eso no le hace mal o bien a la democracia. Eso es un reflejo muy claro de lo que es la democracia. La ciudadanía decidió una vez, otra vez y otra vez más darle la mayoría parlamentaria al Frente Amplio.


Lo hizo así en 2004 y parece que el Frente Amplio no hizo las cosas mal porque fue designado para mantener esas mayorías en 2009 y ahora de nuevo hasta 2020. 

Si la ciudadanía le dio las mayorías al Frente Amplio es porque de una manera u otra no considera necesario que la coalición de izquierda negocie con otros partidos políticos para aprobar la gran mayoría de las leyes.

Esa decisión de la ciudadanía, la más sagrada en un sistema democrático, debe llevar a los partidos tradicionales a realizar una real autocrítica que no han hecho en los últimos diez años y debe significar, para el Frente Amplio, una bocanada de aire fresco y, sobre todo, una inmensa responsabilidad.