lunes, 7 de mayo de 2012

Hollande no es (ni quiere ser) Súperman


Hace tiempo que venimos mirando hacia Europa con intriga y algo de preocupación. Parece que no retrocede ni avanza la crisis. La gente de a pie protesta en las calles y los gobiernos anuncian recortes y recetas del Banco Central Europeo muy parecidas a las del FMI.

Como en otras ocasiones, las elecciones son la oportunidad de los votantes para rechazar las acciones de los gobiernos que deben enfrentar la crisis. Ya pasó en Inglaterra, en Italia, en España y ahora es el turno de Francia.

La segunda economía europea y la quinta economía mundial es una pieza clave en la posible recuperación europea y sobre todo en el intento de mantener la unión de la eurozona, amenazada permanentemente por la crisis.

Hasta ahora, las decisiones más importantes de la eurozona fueron tomadas por la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy, ambos conservadores. Alemania, que es la economía más importante del viejo continente, se convirtió además en la locomotora que intenta sacar a los países vecinos de la crisis. Es la única, entre las mayores economías del continente, que abandonó la recesión y retomó el crecimiento.

Estos factores, le dan aún más fuerza a Merkel para ir por Europa imponiendo ajustes a otras naciones, presionando gobiernos, favoreciendo cambios de liderazgos en los países vecinos. En las calles de Madrid, Lisboa, Atenas y Paris, la canciller alemana es comparada con el demonio, es la bruja de los ajustes.

Por eso ahora todos miran a François Hollande. El líder del socialismo francés será presidente en unos diez días, y las fuerzas de “izquierda” de todo el continente se atrincheran tras él y le exigen que se le plante cara a cara a Merkel y le diga “no más ajustes, renegociemos el tratado de austeridad e impulsemos el crecimiento con inversión y más gasto”.

Con Alemania y Francia enfrentadas en torno al mecanismo para dejar atrás la crisis, la Unión Europea tiembla. A la debacle económica se le podría sumar una fuerte crisis política, y eso, podría ser fatal para la unión de los países europeos tal cual la conocemos hoy. A menos que, Hollande y Merkel alcancen una solución muy europea, o sea, recortes a medias, inversiones a medias, nada muy dramático, pero tampoco nada demasiado eficaz.