miércoles, 27 de febrero de 2013

Lo que nos une y nos separa - Parte III


        3.  Educación


Spoiler Alert: Si usted tiene más de cuarenta años, puede (no necesariamente, pero…) que las siguientes palabras le causen desmedida nostalgia, fuerte rechazo, miedo (sobre todo a lo desconocido) y otras manifestaciones negativas.

El caso de Uruguay, es un caso especial, claro está, porque en este país se le ha dado a cada niño y adolescente una computadora con acceso a Internet, una pequeña cajita llena de posibilidades y amenazas que nuestros niños, y la gran mayoría de los niños del mundo, por las buenas o por las malas, tendrán que aprender a usar.

Esta realidad, única en la región, nos adelanta algunos problemas que debemos abordar y que, tal vez, otros países de la región no se planteen por varios años. La formación y el conocimiento de las nuevas generaciones estarán estrechamente ligados a Internet. Algunos cambios ya pueden notarse: las maestras mandando a buscar información en Wikipedia, las discusiones en bares que se terminan con una simple búsqueda en Google desde algún celular con Internet, las carreras universitarias a distancia que se multiplican en la red, el progresivo abandono del libro cómo fuente de estudio para ser remplazado por videos, textos e imágenes administrados e interconectados en distintas pestañas de nuestro navegador de Internet favorito.

La solución no es milagrosa pero tampoco imposible: educar. Una revisión de los contenidos incluidos en los programas escolares y de educación secundaria es fundamental (podría reclamar una revisión de la educación como sistema, pero estaría desviando demasiado el objetivo de este artículo).

Hagamos el ejercicio de recordar las cosas que nos enseñaron en la escuela y el liceo, las tablas, la fotosíntesis, las frases de Artigas, las Guerras Mundiales, las ecuaciones, la geometría, algún fragmento del Quijote, algunas palabras en inglés y muchísimas cosas más. Cada uno hará su propia evaluación, identificará qué cosas le han servido más y que cosas le han servido nada, qué cosas nos enseñaron a pensar y razonar y que cosas no nos han enseñado demasiado.     

Ahora pensemos que todas esas cosas que nos enseñaron, están ligadas, o están dentro de una pequeña computadora que cada niño carga en su mochila. ¿No se hace clave enseñarle al niño cómo funciona esa computadora y sobre todo cómo encontrar todas esas cosas que nos enseñan, dentro de ella?

Si sabemos que las nuevas generaciones buscarán las respuestas que las saquen de la ignorancia en Google, si sabemos que se relacionarán y comunicarán en Facebook, si sabemos que harán sus compras online y se informarán a través de portales de Internet y frases del Twitter, si sabemos todo esto, ¿por qué no preparamos a las nuevas generaciones para usar estas herramientas? Y cuando digo preparar, no digo enseñarle al gurí a hacerse una cuenta de Facebook, me refiero a enseñarle a compartir y comentar contenidos con responsabilidad y a generar sus propios contenidos, me refiero a aprender como Facebook prioriza y jerarquiza la información, me refiero a aprender a configurar la privacidad de una cuenta y a desarrollar relaciones sanas y justas con las marcas y las empresas que hacen comunicación y publicidad en esta red social.

Lo dicen las frías cifras y lo dice cualquiera que sea medianamente observador, cada vez nos conectamos a Facebook desde más lugares (computadora, teléfono móvil, Tablet), durante más tiempo, más personas. El padre que piensa que cuando el nene está conectado, está “jugando” y se aleja de “la vida real”, tiene que ser consciente que en Facebook hay problemas, hay acosos, hay amores, hay información que llena cabecitas, hay alianzas, hay odios, hay novedades, hay chistes y si bien no hay asados, ya muchos asados se organizan a través de él. O sea, la “vida real” también pasa por Internet.

Aprender a usar y conocer el funcionamiento de las redes sociales se presenta necesario. Más apremiante es sin embargo, ya dejando atrás las coloridas redes sociales que se prestan para (casi) todo, profundizar en el conocimiento del nuevo oráculo que rige nuestras búsquedas y nuestro acceso al conocimiento y que se expande como un antiguo imperio pero de forma virtual y real al mismo tiempo: Google.

Formar ciudadanos que conozcan cabalmente el funcionamiento del motor de búsquedas más importante del mundo (y de los motores de búsqueda en general) se hace esencial, si tomamos en cuenta que cada vez más, nuestro acceso a la información está mediado por Google y que, muchas veces pensamos (con algo de ingenuidad) que se trata de una búsqueda libre, sin filtros ni censuras. 

La forma en que Google nos presenta la información (los resultados de una búsqueda) incluye censuras a ciertos contenidos, jerarquización bajo distintos parámetros, publicidad paga para mostrar distintos resultados y muchísimas otras variables. Tantas variables que se han construido profesiones en torno al manejo del buscador, que capacitan a las personas para hacer que cuando nosotros preguntemos algo al oráculo, nos dé, o nos aproxime a, cierta respuesta.

Educar a niños y adolescentes, enseñarles el funcionamiento de estas herramientas que los acompañarán el resto de su vida, parece ser clave para garantizarle libertades como futuros ciudadanos informados. Un problema, es que a los mismos centros de poder que hoy manejan los grandes medios de comunicación, tampoco les convenga que la gente acceda a este tipo de formación (por algo no se educa a los niños para convivir con los medios de comunicación). Otro problema, es que la gran mayoría de maestros y profesores, y de quienes forman a los maestros y profesores, y de quienes arman los programas que estos maestros y profesores ejecutan, están incluidos en el spoiler alert del comienzo de este artículo, y a esta altura, ya pueden haber dejado de leer, o pueden estar demasiado enojados como para estar de acuerdo.