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domingo, 5 de agosto de 2018
Cuadernos por derechos
En menos de un año, todo cambió. Pasaron las elecciones legislativas de medio término y muy rápidamente el velo empezó a caer, casi como en la más obvia de las jugadas de manual.
Primero los despidos masivos y la flexibilización laboral, que no es otra cosa que el recorte de los derechos del trabajador. Luego vino la reforma previsional (recortes para los jubilados) y la salvaje represión. Nos acordamos de Santiago Maldonado, de Milagro Sala, pero esta vez la salvajada era en el microcentro de la capital porteña. No paró ahí, el 2018 comenzó con cierres de escuelas y conflicto con los docentes, como no podía ser de otra forma. De ahí pasamos a la disparada del dólar que dañó aún más el poder de compra tan menguado de los argentinos y para terminar con eso, la vuelta al FMI. Todo esto mientras nos vamos enterando de las offshore del presidente y sus amigos, todo esto mientras nos vamos enterando de cómo María Eugenia Vidal y sus amigos usurparon identidades de los más pobres para lavar dinero en la campaña política, todo esto mientras el presidente Macri anuncia sonriendo que los militares vuelven a las calles.
Pero las jugadas de manual se repiten y parece que una vez más alcanza con globos amarillos, esta vez en forma de cuadernos, testigos con crisis de conciencia, valijas que vacían países en una trama digna de las peores series policiales, pero que surte efecto hasta en los más inteligentes. Antes de que nos demos cuenta, los derechos perdidos, la miseria, el robo y la corrupción imperantes, la represión del Estado, todo, absolutamente todo queda tapado por una historia que ni un niño debería creerse, pero que contada por los grandes medios, una vez más nos hace ver que somos bastante más estúpidos de lo que creíamos.
Mientras tanto, allá está Dilma sin poder ser la presidenta que los brasileños querían que fuera, está Lula preso por un apartamento que nunca tuvo, está Bonadio creando historias para que Cristina Fernández caiga presa de una vez y no pueda participar más en ninguna elección.
Si el espejo enorme de Argentina y Brasil no nos sirve para dejar de hablar de cuadernos como si habláramos del último capítulo de Game of Thrones, si no empezamos a pensar en cuidar los derechos y la vida ganada, el año que viene vamos a pasarla muy mal.
En la otra orilla, mientras luchan por conquistar nuevos y necesarios derechos, los derechos ya conquistados se pierden todos los días. Vos seguís viendo por TN una ficción que ya sabés cómo va a terminar, pero te encanta. Al final, esto de pensar un poco no está haciendo efecto.
domingo, 6 de agosto de 2017
Entre gigantes idiotas
Hay cierto aire de alivio y hasta triunfalismo en ciertos
sectores del oficialismo uruguayo. Nos vemos como un oasis en el medio de una
tierra llena de desastres. El avance de la derecha en la región no pudo con
nosotros. Crecemos, mientras los vecinos sucumben. Hacemos un poco de alarde –
siempre con la (falsa) humildad que nos caracteriza – sobre nuestra envidiable
situación de estabilidad política y económica mientras el resto del continente
se sacude.
Pero no estamos aquí para hablar de nosotros. Nuestra
fragilidad es tal, que cualquier soplo de nuestros vecinos, por más que juremos
que hemos ganado una independencia total, puede dejarnos otra vez en la
miseria. Si algo hemos visto en los países vecinos, es que todas las
construcciones que parecían sólidas y que tomaron más de una década para levantarse,
no son casi nada ante la restauración del paradigma neoliberal.
Tomemos un instante para observar a los vecinos. Parece que
estamos rodeados de dos gigantes idiotas, tal vez algo ebrios o bajo los
efectos de algún calmante que los deja brutos, sin mayor habilidad para moverse
o razonar. Son, de todas maneras, los dos gigantes del barrio, y por más que
estén cortos de pensamiento o lucidez, siguen marcando el ritmo.
En Brasil las cosas no podrían ser más extrañas. ¿Han visto
imágenes o videos sobre las sesiones de impeachment
a la presidenta Dilma Rouseff? Es difícil creer que la que hace pocos años
era la quinta o sexta mayor economía global esté en este lugar tan oscuro. El
diputado que lideró el quiebre institucional está preso por años, hay videos y
audios que muestran claramente cómo el actual presidente Michel Temer ordenó
pagar sobornos y coimas, hay discursos fascistas gritados a viva voz en los
micrófonos del congreso más triste del mundo y sin embargo, las cosas no parecen que vayan a cambiar.
Argentina ha vuelto a los noventa con una velocidad que
asombra. Más de un millón de personas arrojadas a la pobreza en apenas un año
(la mayoría de ellos son niños), un costo de vida que se ha disparado a las
nubes y un presidente -en este caso, mal que le pese a los argentinos- elegido
democráticamente, que no para de vender humo.
Las estrategias son y van a ser similares. Compren pop y
siéntense a ver. Los intereses de las clases dominantes, siempre de la mano de
Washington, apuntalados por un sistema judicial totalmente flechado y siempre
decorado con hermosos colores, eslóganes y “noticias” por los grandes medios de
comunicación.
En Argentina, el aparato publicitario de Macri funciona a la
perfección hasta el momento. Hay todavía, a casi dos años de la asunción del
nuevo presidente, muchos argentinos que creen que su actual situación es sólo
un “sinceramiento de la economía”, un mal que hay que atravesar por culpa de
los K para llegar al paraíso de la pizza y el champagne, de Miami y del
desarrollo prometido. No importan los puestos de trabajo destruidos, no importa
el sector informal, las reglas de juego que cambian y vulneran a los de abajo,
no importa la cuenta del gas o de la energía. No importa todo eso. Se sienten
parte del cambio, pero son parte de una simple campaña publicitaria, y cuando
los focos se apaguen, nada bueno les espera. Mientras tanto pueden entretenerse
comentando los últimos vestidos de Juliana Awada.
En Brasil, las cosas son acaso más oscuras. Aquí los
millones bajo la línea de pobreza crecen día a día mientras el país es
gobernado por un criminal. La potencia del continente se sigue sumergiendo en
los recortes, la exclusión, el deterioro político y la represión violenta a
cualquier tipo de manifestación contraria al gobierno.
Hay algunas cosas que tienen en común los dos gigantes
idiotizados. Por ejemplo, eso que llaman “flexibilización laboral” y que
básicamente significa que se cambian fuertemente las reglas de juego en el
mundo del trabajo, para quitar derechos a los trabajadores y aumentar los
beneficios de los empresarios. Despidos sin efectos secundarios, contratos
basura, salarios deprimidos, mayores obligaciones para los trabajadores, mayor
carga horaria, en fin, más explotación.
También tienen en común una estrategia bien planteada de
avance de procesos judiciales que impidan un resurgimiento de los sectores
políticos que sacaron a millones de argentinos y brasileros de la pobreza en
los últimos 15 años. Pueden apostar que habrá coloridos procesos judiciales en
contra de Lula Da Silva y Cristina Fernández, una y otra vez, hasta que ambos
queden fuera de juego. Son hoy, los principales objetivos de la derecha
restauradora.
Y luego está, como siempre, el bombo mediático. Mientras
muestran a Lula esposado o cuentan el cuento de una ruta de maletines con
dinero pergeñada por la maléfica Cristina, mientras llenan la pantalla de
lucecitas de colores, roban lo que es de todos, recortan derechos, vulneran aún
más a los más vulnerables, invisibilizan a las manifestaciones, y a la protesta que no descansa pero se desinfla.
Hace muy poco leí con sorpresa que la suspensión de
Venezuela del Mercosur era “una victoria política de Macri”. Así cuentan la
historia. No reconocen que la suspensión de Venezuela del Mercosur es una
victoria principalmente de Washington, que hoy juega con los gigantes
idiotizados a piacere. Hay,
realmente, muchos argentinos que creen que con su actual presidente la posición
de su país en el concierto mundial ha mejorado. Desde afuera, lejos de las
luces y la pirotecnia del PRO, no se entiende tal nivel de ceguera.
Mientras tanto, las grandes masas se dividen, se miran con
odio. Las clases medias se aferran con uñas y dientes a los pequeños placeres
de la compra en cuotas y le sueltan la mano a una masa cada vez más grande y
cada vez más pobre, que ya les resulta demasiado pesada. Mejor no verlos. El slogan de los noventa que vuelve con vigor una
vez más. En esa división, radica gran parte del éxito del discurso neoliberal
de Macri y Temer, por más que vendan un discurso vacío de unión entre
compatriotas.
En las calles los que protestan no son suficientes y cada
vez se escucha menos de ellos en los medios. Las ollas populares reaparecen en
los barrios pobres a los que no llega el noticiero. Y los gigantes,
idiotizados, casi cual marionetas, se mueven torpes destruyendo lo que hace
poco parecía ser un barrio pujante, pero que hoy se vuelve a parecer más a un
patio trasero de alguna gran potencia.
lunes, 19 de diciembre de 2016
Si nos da la gana
![]() |
| foto de la diaria |
Fue hace 9 años, en diciembre del 2007. Hace menos de un año que trabajaba en Radio Carve, con 22 años recién cumplidos, tratando de entender aquello que llamaban periodismo, impregnado por la magia de la radio en aquel sótano de la calle Mercedes. Se empezaba temprano, se hacía sonar teléfonos antes del amanecer, se sacaba fotocopias. Internet era aún un mundo con más promesas que posibilidades, Facebook apenas llegaba a Uruguay y Twitter ni existía.
Éramos un equipo grande, suma de nuevos y experimentados. Siempre teníamos dos o tres movileros. Yo trabajaba en la base, el sótano, no me entusiasmaba trillar las calles con aquellos grabadores que siempre presentaban algún problema técnico de imprevisto. Pero ese día de diciembre los movileros (pasaron tantos que no recuerdo quiénes estaban en aquel momento) estaban en otras tareas. Tal vez era lunes y tenían que estar en Consejo de Ministros, tal vez estaban cubriendo los restos de un espectacular choque en la rambla o perdidos en los pasillos del Parlamento. No lo recuerdo, imposible hacerlo. Sí recuerdo el encargo: “vas vos”. De fondo, la cara cómplice de una compañera de generación que ya se estaba convirtiendo en amiga de la vida.
Iban a meter al Goyo Álvarez preso, y había que cubrirlo. Estaba nublado, y allí salí yo por las calles del centro de Montevideo, para cazar con mi viejo teléfono celular aquel momento histórico que tenía gusto a suceso del año. Lo llevarían, decía el rumor siempre bien chequeado por la productora, desde una dependencia del Ejército directo a la Cárcel Central. Yo estaba nervioso, no tanto por la suerte de uno de los mayores hijos de puta de la historia reciente del Uruguay, sino porque era mi primer móvil, en vivo y el tema no era chiquito.
No era un adolescente. Transpiraba como uno, pero a quién le importa. Ya había hecho los deberes en mis años en el Zorrilla, leyendo sobre la triste historia del país, sabía quién era aquel hombre tan poco hombre, sabía bastante bien qué papel había jugado en toda la mierda de los años más oscuros. Era un asesino, además de un dictador. También había hecho los deberes del periodista. Sabía que no estaba allí para robarle unas palabras, ni siquiera para recoger las declaraciones de alguien más. Era sólo una crónica visual.Tenía que ser los ojos de la radio, de los espectadores, contarles lo más claramente lo que estaba sucediendo. Recuerdo que los nervios me hicieron usar la palabra barullo, debe haber sido la única vez en la vida que la usé. Fuera de eso todo salió bastante bien.
El viejo salió acompañado de otros militares, con las manos esposadas y escolta de policías. Había alguna persona gritando algo. También había otro grupo grande de periodistas que no me conocían, haciendo más o menos lo mismo que yo. Estaba esposado, y yo contento de poder contarle eso a la radio, porque sabía que del otro lado podrían estar mis viejos escuchandome. Después, por suerte, tuvimos varias tapas de la diaria y otros medios con fotos más reales del viejo malo con las esposas puestas.
Volví a la radio, recibí alguna felicitación, un viejo periodista de prensa me dijo aún no tenés idea de lo que acaba de pasar. Me escapé al rincón del sótano que me pertenecía, y esperé tranquilo a que se cargara el back up de lo emitido ese día, para buscar mi móvil, cortarlo, escucharlo y copiarlo en mi reproductor de mp3 para destrozarlo durante toda la tarde.
El Goyo estaba preso. Eso, en aquellos primeros años de gobierno del Frente Amplio, era lo más parecido a una victoria, a una justicia. Me tocaba arrancar una carrera contando de milicos presos, llevados ante la justicia. Era muy consciente de mi privilegio. Pero el tiempo fue pasando para todos. Para el periodismo, para el Frente Amplio, para los torturadores, para los sobrevivientes, para los que nunca les importó nada. Pasó la cárcel exclusiva para los mayores hijos de puta, pasó el silencio perpetuo, los jueces alejados de sus casos, pasó el país de cornudos y cornudas que le dijeron que no a la búsqueda de la verdad. Todo eso pasó mientras yo me convertía en el hombre que soy hoy y en el periodista que llevo dentro. El viejo se va a morir, hoy, ayer o mañana, va a dejar de respirar. Lo van a seguir muchos otros, lo vamos a seguir todos. Los desaparecidos van a seguir desaparecidos, la justicia va a seguir siendo injusta. En ese país estamos creciendo. La muerte no transforma, la transformación solo la hacemos los vivos, si nos da la gana.
sábado, 14 de mayo de 2016
Estamos durmiendo
Y no pasó nada. No al parecer. Me levanté, llegando al
mediodía me conecté a Internet y vi tal vez el último discurso como presidenta.
Por la calle nadie llevaba ninguna señal de haberlo notado siquiera. Las bolsas
de compras en la principal avenida, el tráfico fluido, la gente quejándose del
frío y de la acumulación de días grises. En el trabajo tampoco, ni la más
mínima palabra. De noche revisé los principales medios locales para confirmar
que no era un sueño. Entre detalles de un importante partido de fútbol por la Copa
Libertadores, envueltos en frialdad y sin arriesgarse a ser claros, los medios
me confirmaron la noticia.
Pensé en los que estaban en la calle esperando gritar goles.
Pensé en la oficina. Pensé en una madre que vi por la mañana arrastrando a su
niña a la escuela. A ninguno le importaba nada. No había signos de tristeza, de
batalla perdida, de injusticia. A lo sumo se preocuparon por el empate de
locatario, por las cuentas que se acumulan y cada vez cuesta más pagarlas, por
el frío que no da tregua.
Entré en las redes sociales para saber si alguien había
acusado recibo. Era como un diálogo de sordos. Mientras unos sufrían por el
mayor golpe a la democracia latinoamericana de los últimos 30 años, otros eufóricos
hablaban de fútbol y los de siempre, publicaban fotos de gatitos o frases
inspiracionales.
La batalla la perdimos todos. En Brasilia, en Buenos Aires y
en Montevideo. Hay que revisar todo lo que se hizo mal en estos años, pero las
responsabilidades no son de Lula o de Dilma, son de todos. Sí, tuyas y mías
también. Por eso me duele.
Perdimos una democracia y yo no tenía nadie con quién
abrazarme a llorar, porque nadie acusaba recibo del golpe.
La perdimos porque seguimos escuchando siempre las mismas
voces prefabricadas de los poderosos, desde la radio y la TV, repitiendo una y
otra vez boludeces para que no nos pongamos loquitos. La perdimos porque
tenemos un canciller que tiene miedo de decir golpe de Estado, porque es más de ellos que nuestro.
Y mientras estamos mareados discutiendo si fue o no fue un
Golpe, buscando botas de militares dónde en realidad hay solamente diputados
corruptos, ellos ya nos están desarmando la alegría, ya nos están pegando en la
dignidad, devolviendonos a la miseria.
En pocas horas volaron ministerios, programas sociales,
herramientas para contener los embates de una economía que no le tiene piedad a
los más pobres. Voló todo. A lo Macri
diría yo.
Porque lo que pasó en Brasil no es indiferente a lo que pasó
en Argentina. Y lo que va a pasar tampoco.
En Argentina ya no tienen tiempo de ver la telenovela de
Lázaro Báez para comentarla al otro día con los vecinos. No tienen tiempo,
porque están muy ocupados intentando sobrevivir en una economía que se hunde
para bien de unos pocos. No tienen tiempo porque están una vez más buscando
trabajo desesperados como hace 15 años. No tienen tiempo porque tienen que ir a
hacer la fila para recibir un plato de comida en una olla popular.
Fueron 15 años de correr a los ricos. No los corrimos lo
suficiente. Y los ricos volvieron. Volvieron y quieren recuperar el tiempo
perdido, lo que les negamos en todos estos años, lo que dejaron de ganar, lo
que no les dimos.
El problema es que estamos dormidos. La mujer que iba con la
niña por la avenida, el compañero de oficina, el pibe que fue a ver el partido
a la tribuna más barata, estamos todos del mismo lado. Del lado de los que
pierden. Como ya están perdiendo los argentinos, como perdieron los brasileros.
No se cayó Internet. No cancelaron Showmatch. No levantaron
la última novela de Globo. Nos dieron un golpe. Y ni siquiera nos dimos cuenta.
lunes, 30 de noviembre de 2015
Next: Venezuela
Ya pasaron las elecciones presidenciales en Argentina. Pero
antes de que termine el año tenemos dos paradas más importantes para
Iberoamérica: el 6 de diciembre se realizarán las elecciones
legislativas en Venezuela y para casi Navidad llegarán las presidenciales
españolas.
El foco mediático y también político se posa ahora en la
Venezuela de Maduro y en unas elecciones
que hacen mucho más ruido que de costumbre. Podrían ser las
primeras en casi 20 años que pierda el chavismo, justo cuando poco queda de él.
No se trata de analizar la política interna de un país del
que poco sabemos, a pesar de toparnos casi a diario con un título maltrecho.
Más bien se trata de no analizarla, no al menos con las herramientas que nos
dan en bandeja.
Opinar sobre lo loco que está Maduro o lo violento que puede
ser el “régimen” chavista no vale la pena cuando lo único que leés son
titulares de medios asquerosamente opositores al gobierno democráticamente
electo en Venezuela. Nada que vaya desde El País de Madrid hasta Infobae,
pasando por la cada vez más dolorosa CNN o cualquier medio de derecha uruguayo
puede darte a ti o a mí la más mínima idea de objetividad o al menos
imparcialidad. Por eso, antes de opinar, es mejor leer.
Con esto no estoy diciendo que el gobierno de Maduro haga
las cosas bien, no estoy diciendo que Venezuela esté en un buen momento y mucho
menos estoy sugiriendo que lo que queda del chavismo debe mantenerse en el
poder a como dé lugar. Estoy más cerca de pensar lo opuesto, pero no a
cualquier precio y no guiado por unos cuantos titulares que dan vergüenza a
cualquiera que haya querido un poco a la profesión de periodista.
No podemos permitir que una fuerte movida mediática impulsada
por la derecha (con mucho olor a golpista) venezolana, las nuevas derechas
latinoamericanas y un Washington disfrazado de OEA (besito para Almagro) que
nunca le tuvo mucha simpatía al chavismo nos convenzan de que:
1). Si las
elecciones legislativas no las gana la derecha, entonces hay fraude.
Venezuela tuvo decenas de procesos electorales desde que
Chávez llegó al poder. Todos ellos contaron con observadores internacionales y
fueron catalogados siempre como de los procesos electorales más transparentes del mundo entero.
2). Si hay muertes,
son las manos de Maduro las que estarán
manchadas de sangre.
Muchas veces la derecha venezolana ha intentado imputar al gobierno
democrático de muertes que, con el tiempo, hemos podido comprobar que eran
total responsabilidad de grupos de ultraderecha.
3). Si las elecciones legislativas son ganadas por la
derecha, entonces cae el gobierno de Maduro.
Dilma Rousseff gobierna en minoría parlamentaria, Cristina
Fernández lo supo hacer, Macri lo hará y en España el dinosaurio Rajoy también.
Maduro fue elegido democráticamente para gobernar hasta 2019 y una salida
anterior sólo supondría una ruptura de la democracia venezolana.
4). Y por último, que la victoria o derrota del partido de Maduro en las elecciones venezolanas significa un triunfo o derrota de los partidos conservadores o el progresismo en el resto de la región.
4). Y por último, que la victoria o derrota del partido de Maduro en las elecciones venezolanas significa un triunfo o derrota de los partidos conservadores o el progresismo en el resto de la región.
Cada derecha tiene la izquierda que se merece y viceversa.
No me preocupa un presidente que dice hablar con los pajaritos. Yo tuve uno que
se pasó años hablando con hormigas y ahora es un rockstar de la política
mundial. Lo que preocupa es Venezuela.
sábado, 30 de mayo de 2015
El paro como método
Cada vez que un obrero de la construcción muere en un “accidente”
de trabajo, el gremio de la construcción, el SUNCA, para por un día. Cada vez
que un trabajador del taxi o del ómnibus sufre un hecho de violencia grave los
ómnibus y taxis paran de inmediato.
El año pasado una serie de paros de los funcionarios de
registros en reclamo de un aumento salarial paralizó miles de operaciones de
compraventa. La semana pasada hubo un paro de la educación en reclamo por el 6% del PBI
para la educación, el freno al TISA o cualquier acuerdo que permita la
privatización, por un sistema de becas para estudiantes del sector público y
la defensa del Hospital de Clínicas como hospital universitario público
estatal*.
Diferentes problemas y la misma medida: el paro. ¿Sirve para
algo? ¿Es válido? ¿Siempre es válido? Que los trabajadores podemos parar es
algo obvio. Hemos conquistado ese derecho hace mucho y es un arma invalorable
en la defensa del sector trabajador.
De ahí a que cuestionar un paro sea prácticamente una herejía hay un gran trecho. No todo es tan lineal como parece en los discursos
públicos. Definir si un paro es justo no debería ser tan fácil. Los he
escuchado en la oficina, en casa y en la vereda: si el paro me afecta más
(porque me clavé en la parada de ómnibus, porque quiero vender mi auto y no
puedo, porque se alarga un día más la obra que tengo en casa, porque no se qué
hacer con el nene cuando no tiene escuela), entonces es más injusto, y si me
afecta menos, entonces vaya y pase.
Si a esto le sumamos la manija que se da desde ciertos
sectores (recuerdo a Gabriel Pereyra desde la tribuna de El Observador llorando
porque la empleada de una colega no sabía qué hacer con sus hijos* un día de
paro en 2013 o leo el comunicado de un grupo del Frente Amplio que, apelando al melodrama, se pregunta; “¿Cuántos niños se quedan sin comer hoy?”* ), el debate, sobre lo
adecuado o no del paro como herramienta en cada caso, se va desfigurando mucho.
A esto sumémosle un paro como el de la semana pasada, en el
que las “razones” para tomar esta “medida de lucha” son tantas como
ingredientes en una receta. Algunos nos pueden gustar y otros nos dejan un
gusto raro. Esconder una serie de reclamos variopintos detrás del histórico 6%
para la educación es al menos un recurso bajo.
¿Qué tan de acuerdo estamos los uruguayos con que se
dedique 6% del PBI como mínimo a la educación? No lo sé con exactitud, pero
me animo a decir que hay un amplio consenso y que si se tocan los resortes
correctos podríamos salir todos a la calle a defender ese piso para la
educación de todos.
¿Qué tan de acuerdo estamos
con que se frene el TISA? ¿Qué tanto apoyamos un sistema de becas para
estudiantes del sector público? ¿Qué tanto nos copa la idea de que el Hospital
de Clínicas siga siendo un “hospital universitario público estatal”? La respuesta
es fácil: no tenemos ni puta idea.
Los gremios de la educación actúan de maneras diversas y no pueden
ser interpelados como una masa uniforme. Sin embargo, en común tienen que desde
hace años están fallando sistemáticamente en la comunicación, la convocatoria
y la concientización de sus problemas.
La llegada del Frente Amplio al poder en 2005 parece haber
debilitado más que fortalecido las demandas de los trabajadores organizados de
la educación. Los paros, como el del miércoles, asoman como medidas
descolgadas de la realidad. No porque “cuántos-niños-se-quedan-sin-comer-hoy”,
sino porque se discute mucho más sobre lo correcto o incorrecto de la medida
que sobre los reclamos que la impulsan.
Ahí la falla, lamento decirlo, es toda de los gremios de la
educación, que aparecen carentes de ideas y desconectados del resto de la “clase
trabajadora”. Un poco de imaginación, a la hora de la lucha, siempre se
aprecia.
sábado, 25 de octubre de 2014
Las elecciones en las redes sociales
¿Cómo trabajaron las distintas campañas en las principales redes sociales? Éxitos virales, bases de seguidores y un análisis de la performance de cada campaña en cada red.
La estrategia en redes sociales de
Tabaré Vázquez después de las elecciones internas fue centrar la
campaña en las cuentas del Frente Amplio, alejándose así de
perfiles personales y del VamosBien que marcó la elección interna y no le dio buenos resultados.
En los partidos tradicionales, las
apuestas son más personales y las campañas giran en torno a las
figuras de Luis Lacalle Pou y Pedro Bordaberry. Como diferencia, en el Partido
Nacional líderes de sectores diferentes al del candidato han
hecho una fuerte inversión en redes sociales, especialmente en
Facebook, mientras que en el Partido Colorado Bordaberry aparece más
solo.
El Partido Independiente mantuvo una
estrategia borrosa en Facebook, con más seguidores en el perfil
oficial del candidato que en el del partido, pero con actualizaciones
de la campaña que se comparten en la fanpage del partido y no en la
de Pablo Mieres.
YouTube
Al igual que en Facebook, en YouTube el
cambio de estrategia del Frente Amplio (abandonar VamosBien, dejar de
lado la figura de Tabaré y apostar por el partido) dio buenos
resultados.
Entre los videos compartidos desde el 2
de junio hasta el jueves 23 de octubre el Frente Amplio hubo seis que superaron las 20.000 reproducciones en su cuenta
oficial (el Partido Nacional y el Partido Independiente tienen un
video cada uno que supera esa cifra y el Partido Colorado ninguno).
Es importante tener en cuenta que los
videos más populares de blancos y colorados fueron creados para las
elecciones internas y arrastraron su popularidad después de la
primera vuelta. El 56% de las reproducciones obtenidas por
el canal de Lacalle Pou después de las elecciones internas corresponde a videos realizados antes de las elecciones internas
(principalmente, al “Discurso Musical” y al jingle “Somosahora”). En el Partido Colorado esa cifra es de 31% de las
reproducciones (la mayor parte corresponden al videoclip “Agita con Pedro”).
Dentro del Frente Amplio vale señalar
los buenos resultados obtenidos por los contenidos con cierto perfil
humorístico generados por listas que apoyan la candidatura al Senado
de Constanza Moreira. “Nany esta afligida” de la lista 3311
obtuvo casi 90.000 reproducciones en YouTube en menos de una semana,
al tiempo que el científico loco del Ir superó las 50.000.
Los videos más virales de la campaña,
sin tener en cuenta los realizados por los distintos partidos y
sectores, pueden dar una clave de la tonalidad de la campaña. Por un
lado, la entrevista que el candidato del Partido Nacional, Lacalle Pou, dio al programa En la Mira alcanzó las 144.000 reproducciones
en muy poco tiempo.
Por otro, un video casero de una
joven denominada María Clase Media, en respuesta al popular video del
Partido Independiente, también se convirtió en un éxito viral
con más de 51.000 reproducciones (por encima del video del Partido Independiente al que hace referencia).
El video de PensáUnPoco “Nací con la democracia”, creado en 2013, obtuvo en las últimas semanas más de 15.000 reproducciones en YouTube y fue viralizado en
Facebook y Whatsapp.
Esta campaña estuvo marcada por el
desembarco de los videos a Facebook, que aportó aun mayor alcance y
viralidad a los contenidos audiovisuales creados por partidos y
militantes.
En Twitter el candidato más fuerte es
Pedro Bordaberry, quien hace uso de la herramienta mucho más a
menudo que sus rivales y desde hace más tiempo.
Sin embargo, el Partido Nacional, que
con Lacalle Pou ocupa un segundo puesto en cantidad de seguidores,
presenta una lista más extensa de líderes con amplias bases de
seguidores. El caso más notorio es Jorge Larrañaga, la segunda
figura política uruguaya con mayor cantidad de seguidores (sólo
detrás de Bordaberry y adelantando al propio candidato de su
partido), pero a la fórmula presidencial se le suman cinco figuras que
tienen más de 10.000 seguidores en Twitter.
En el lado opuesto, en el Partido
Colorado, sólo José Amorín Batlle supera la barrera de los 10.000 seguidores, aunque lentamente otras figuras se acercan a esa
marca (Fernando Amado y el candidato a vicepresidente Germán Coutinho, por ejemplo).
Finalmente, la estrategia de depositar
la campaña en la fuerza política y no en el candidato parece no
haber dado los mismos buenos resultados en Twitter como en
YouTube y Facebook. La cuenta del Frente Amplio aparece tercera luego
de la de Bordaberry y Lacalle Pou y dentro de la fuerza política de
izquierda sólo el candidato a vicepresidente Raúl Sendic (un
recién llegado a esta red social) y la presidenta del partido Mónica
Xavier superan la barrera de los 10.000 seguidores. Constanza Moreira
se acerca, casi duplicando sus seguidores desde las
elecciones internas hasta hoy.
Pablo Mieres, con cerca de 14.000 seguidores, es la única figura política por fuera de los partidos
tradicionales que tiene una presencia relevante en Twitter.
Notas:
Todas las cifras son publicas y tomadas entre el jueves 23 de octubre (YouTube) y el viernes 25 de octubre (Facebook y Twitter).
En YouTube las cifras de reproducción tenidas en cuenta para el Frente Amplio y el Partido Independiente fueron las de aquellos videos publicados después de las elecciones internas.
domingo, 16 de febrero de 2014
Preocupa Venezuela
Entender lo que sucede en estos días
en Venezuela puede ser un poco trabajoso. Una situación compleja,
con muchísimos matices, y en la que nos vemos una y otra vez, unos y
otros, tentados a prejuzgar, reclamar y opinar.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Hay para leer
¿A veces te cansas de recorrer los mismos cinco portales informativos en Internet y te parece que no hay nada nuevo bajo el ciber sol? Acá hay algunas propuestas que te pueden interesar.
Somos muchos los que nos quejamos del nivel con el que se nos transmite la información por los medios masivos de comunicación (porque quejarse es gratis y deporte nacional).
Dejemos de lado el informativo de TV pensado con una lógica que ya dejó de ser infotainment hace tiempo para ser de puro show, y centrémonos en lo que leemos. Hay gente que recibe el RSS de El Observador o sigue en Twitter a El País y con eso se siente “al día” e “informado”, siempre al tanto de “lo que hay que saber”. Si es una de esas personas, está usted en el lugar equivocado.
Somos muchos los que nos quejamos del nivel con el que se nos transmite la información por los medios masivos de comunicación (porque quejarse es gratis y deporte nacional).
Dejemos de lado el informativo de TV pensado con una lógica que ya dejó de ser infotainment hace tiempo para ser de puro show, y centrémonos en lo que leemos. Hay gente que recibe el RSS de El Observador o sigue en Twitter a El País y con eso se siente “al día” e “informado”, siempre al tanto de “lo que hay que saber”. Si es una de esas personas, está usted en el lugar equivocado.
viernes, 8 de marzo de 2013
Lo que nos une y nos separa - Parte V
5). Investigación
La información es el
dato. Una sociedad del conocimiento debe tener un acceso total e igualitario al
dato. Para ello, la buena comunicación es fundamental, y en esto, como vimos,
hoy más que nunca la educación juega un rol central. No nos dejemos engañar, no
nos desmotivemos por la aparente falta de resultados.
Vamos hacia una
realidad llena de medios de comunicación unipersonales. Todos tenemos, más que
nunca antes, la posibilidad de generar, difundir y compartir el conocimiento.
Con un costo cero (tan solo un acceso a un computador con Internet) podemos
llegar a miles o a millones de personas de forma directa, podemos generar el
suficiente impacto para filtrarnos en las noticias de los grandes medios o
ponerlos en cuestión con nuestras verdades.
Toda gran posibilidad
conlleva una gran responsabilidad. Para esto, la educación de quien hará uso de
esa gran posibilidad (que no es más que un sinfín de pequeñas posibilidades)
debe ser sólida. Cómo sociedad nos debemos varias charlas, una interesante
sería sobre nuestro periodismo, nuestros comunicadores, nuestra academia y,
cómo mencioné antes, también sobre Nuestros medios de comunicación.
Debemos organizar la
inmensa y borrosa masa de información que hoy nos rodea, con porciones a la
luz, otras porciones a la sombra, con espacios ocultos tras otros grandes
espacios que se nos presentan justo en nuestra cara, como si no quisieran que
viéramos más allá. Para organizar esto hace falta mucha investigación
responsable, que la academia, aún no ha realizado. Falta abrir el campo de la
comunicación aún más allá, integrar a periodistas con SEOs, a comunicadores
sociales con expertos en redes sociales y a éstos con los mejores
comunicólogos.
Organizar la información,
trazar mapas de la información que les expliquen a los más chicos y a los no
tan chicos como es el mundo en el que van a crecer, o al menos cómo puede ser;
darle representaciones del mundo que pueden ser tan útiles o más que el viejo
planisferio.
No se trata de reunir
a los viejos y a los nuevos sabios en un sótano y pedirles que eleven un
documento con conclusiones finales, que se transformará súbitamente en un
legajo, en un expediente de la burocracia y en un titular fugaz y confuso de
alguno de los grandes medios. Se trata de, cómo sociedad, hacernos cargo de
nuestra comunicación.
Nos aburrimos de decir
y de escuchar que vivimos en La Era de la
Información, un título a todas luces equivocado, un poco por la falta de
información que prima, otro poco por el acceso desparejo a la misma, y sobre
todo, porque la palabra Era hace
mucho que dejó de servir para los tiempos que corren. De todas maneras, no
podemos dudar que la información juega un rol central en nuestras vidas, para
obtenerla (o para obtener la ilusión de que la tenemos), hemos desarrollado un
sinfín de dispositivos y de canales. Ahora, es hora de darle un sentido a la
información, de acercarla a nuestras metas, a nuestros objetivos, a (si se me
permite la cursilería) nuestra felicidad.
Para esto, como
sociedad (quiera decir lo que quiera decir “como
sociedad”) podemos educarnos en
nuestra relación con la comunicación, con los medios de comunicación y con el
acceso a la información. Podemos, y debemos, generar los mecanismos adecuados
para garantizar el acceso universal a la información y a la comunicación, de
una manera ordenada, evitando las regulaciones autoritarias. La libertad de
expresión es tan importante como el derecho que tenemos a acceder a la
información, a que no nos mientan, a que tengamos las herramientas para evitar
ser engañados. Hay una lesión a la libertad de expresión, no solo cuando se
censura un titular de un diario, sino cuando se censura una crítica a ese
titular. La responsabilidad corre en ambos sentidos.
Esto, más que una
conclusión, para el estimado lector, debe ser un desafío.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Lo que nos une y nos separa - Parte IV
4. Medios
Los medios de comunicación tradicional deben repensarse. Una afirmación
algo vaga, que debemos desarrollar en las líneas que siguen.
En países como Uruguay, los medios de comunicación tradicional son una
poderosa herramienta de construcción de opinión y de realidad. Lo vi en la tele, lo escuché en la radio y lo
leí en el diario son sentencias que definen la veracidad de un hecho, o al
menos, así lo fueron durante demasiados años. Si lo vi en el informativo de la
televisión, pasó, si no lo vi ahí, puedo darme el lujo de ponerlo en duda.
Pero los medios de comunicación masiva tienen, o tendrán en un futuro
muy cercano, que repensarse, por varios motivos. De lo contrario, pueden
desaparecer (no la televisión como medio, sino algún canal de televisión),
pues, como empresas que son, dependen de que los números le cierren a fin de
mes, y para eso, deben vender un producto más o menos atractivo que capte la
atención del consumidor.
¿Por qué motivos deben repensarse hoy los medios de comunicación? Hoy
más que nunca antes, se pone en duda la credibilidad de lo que nos dice la TV,
la radio y el periódico. Y es una tendencia que parece crecer. Las mismas voces
que nos hablaron siempre con autoridad, hoy se ponen en duda. Aquí en
Latinoamérica, han ascendido gobiernos, elegidos por la gente, cuya forma de
actuar muchas veces irrita, o va contra los intereses de los grandes medios de
comunicación, y por ende, de sus dueños, y por ende, de los viejos amigos de la
derecha que gobernó después de las dictaduras (y a veces mucho antes también).
Pero no es un asunto político solamente. Si fuera así, no habría duda de
que los grandes medios prevalecerían intocables. Junto con esta pérdida de
credibilidad, han llegado también nuevas tecnologías que ocupan espacios antes
totalmente dominados por los medios tradicionales. Hoy la computadora avanza
sobre la televisión de forma lenta pero segura (tan segura que crece el número
de televisores inteligentes, más pensados para reproducir contenidos de
Internet, que para mirar la televisión tradicional). Hoy los diarios de papel
se funden, y se multiplican los portales informativos de Internet. Hoy las FM,
con su música que paga para estar de moda, pierden terreno por canales y
páginas de Internet que se adaptan al gusto del consumidor. Cuando tenía 14
años, todos mirábamos Verano Eterno en el canal 4, unos años después, todos
mirábamos Lost en Cuevana. Las cosas cambian, y los grandes medios, en los
hechos, pierden terreno.
Los medios de comunicación tradicional deben repensarse. Mejor aún,
nosotros, como consumidores de los medios de comunicación, debemos repensarlos
a ellos. La llegada de la televisión digital y el avance de las nuevas
tecnologías son una gran posibilidad de hacerlo. Regular, generar pautas,
discutir cómo se invierte la publicidad del Estado (el Estado somos todos),
aplicar correctamente las normas existentes, abrir la cancha a nuevos actores y
garantizarles igualdad de condiciones.
Los medios de comunicación, que quieran navegar tranquilos por las
nuevas aguas, también deberán repensarse. Los diarios, las radios y los canales
de televisión de nuestro país se crearon y crecieron sobre una base de
periodistas y comunicadores, que podían ser mejores o peores, pero que no
tenían por regla “ser profesionales”. Nadie les enseñó nunca a hacerse
responsables de la comunicación que llevan adelante. Muchos lo aprendieron al
transitar por la profesión, pensando o a los golpes, muchas veces con un gran
sentido de lo humano. Pero muchos nunca lo aprendieron, y no tienen la más
mínima intención de hacerlo. Y allí están en la pantalla de la televisión,
frente a los micrófonos de la radio y llenado páginas en los diarios, decenas,
cientos de “periodistas de deporte”, “periodistas de espectáculo”, “periodistas
de carnaval”, “periodistas de policiales” y muchos autoproclamados “periodistas
y comunicadores” que son, si lo pensamos un poco, simples repetidores de
noticias.
Deben repensar el staff de los
medios de comunicación, los empresarios dueños de los mismos, pero no es muy
probable que lo hagan. Será la última de las prioridades a la hora de hacer
esto que he llamado “repensarse”. Lo primero será cambiar y adaptar el modelo
de negocio, para asegurar la rentabilidad del mismo. Adaptar los medios a los
formatos digitales, cambiar la rutina de los periódicos, cambiar la forma de
distribuir los contenidos de radio y de televisión y sobre todo cambiar la
forma de hacer y de cobrar la publicidad.
Mientras los medios se repiensan y nosotros los repensamos, no estaría
mal generar la información suficiente para poder tomar las mejores decisiones.
Lo que nos une y nos separa - Parte III
3. Educación
Spoiler Alert: Si usted tiene más
de cuarenta años, puede (no necesariamente, pero…) que las siguientes palabras
le causen desmedida nostalgia, fuerte rechazo, miedo (sobre todo a lo
desconocido) y otras manifestaciones negativas.
El caso de Uruguay, es un caso especial, claro está, porque en este país
se le ha dado a cada niño y adolescente una computadora con acceso a Internet,
una pequeña cajita llena de posibilidades y amenazas que nuestros niños, y la
gran mayoría de los niños del mundo, por las buenas o por las malas, tendrán
que aprender a usar.
Esta realidad, única en la región, nos adelanta algunos problemas que
debemos abordar y que, tal vez, otros países de la región no se planteen por
varios años. La formación y el conocimiento de las nuevas generaciones estarán
estrechamente ligados a Internet. Algunos cambios ya pueden notarse: las
maestras mandando a buscar información en Wikipedia, las discusiones en bares
que se terminan con una simple búsqueda en Google desde algún celular con
Internet, las carreras universitarias a distancia que se multiplican en la red,
el progresivo abandono del libro cómo fuente de estudio para ser remplazado por
videos, textos e imágenes administrados e interconectados en distintas pestañas
de nuestro navegador de Internet favorito.
La solución no es milagrosa pero tampoco imposible: educar. Una revisión
de los contenidos incluidos en los programas escolares y de educación
secundaria es fundamental (podría reclamar una revisión de la educación como
sistema, pero estaría desviando demasiado el objetivo de este artículo).
Hagamos el ejercicio de recordar las cosas que nos enseñaron en la
escuela y el liceo, las tablas, la fotosíntesis, las frases de Artigas, las
Guerras Mundiales, las ecuaciones, la geometría, algún fragmento del Quijote,
algunas palabras en inglés y muchísimas cosas más. Cada uno hará su propia
evaluación, identificará qué cosas le han servido más y que cosas le han
servido nada, qué cosas nos enseñaron a pensar y razonar y que cosas no nos han
enseñado demasiado.
Ahora pensemos que todas esas cosas que nos enseñaron, están ligadas, o
están dentro de una pequeña computadora que cada niño carga en su mochila. ¿No
se hace clave enseñarle al niño cómo funciona esa computadora y sobre todo cómo
encontrar todas esas cosas que nos enseñan, dentro de ella?
Si sabemos que las nuevas generaciones buscarán las respuestas que las
saquen de la ignorancia en Google, si sabemos que se relacionarán y comunicarán
en Facebook, si sabemos que harán sus compras online y se informarán a través
de portales de Internet y frases del Twitter, si sabemos todo esto, ¿por qué no
preparamos a las nuevas generaciones para usar estas herramientas? Y cuando
digo preparar, no digo enseñarle al
gurí a hacerse una cuenta de Facebook, me refiero a enseñarle a compartir y
comentar contenidos con responsabilidad y a generar sus propios contenidos, me
refiero a aprender como Facebook prioriza y jerarquiza la información, me
refiero a aprender a configurar la privacidad de una cuenta y a desarrollar
relaciones sanas y justas con las marcas y las empresas que hacen comunicación
y publicidad en esta red social.
Lo dicen las frías cifras y lo dice cualquiera que sea medianamente
observador, cada vez nos conectamos a Facebook desde más lugares (computadora,
teléfono móvil, Tablet), durante más tiempo, más personas. El padre que piensa
que cuando el nene está conectado, está “jugando” y se aleja de “la vida real”,
tiene que ser consciente que en Facebook hay problemas, hay acosos, hay amores,
hay información que llena cabecitas, hay alianzas, hay odios, hay novedades,
hay chistes y si bien no hay asados, ya muchos asados se organizan a través de
él. O sea, la “vida real” también pasa por Internet.
Aprender a usar y conocer el funcionamiento de las redes sociales se presenta
necesario. Más apremiante es sin embargo, ya dejando atrás las coloridas redes
sociales que se prestan para (casi) todo, profundizar en el conocimiento del
nuevo oráculo que rige nuestras búsquedas y nuestro acceso al conocimiento y
que se expande como un antiguo imperio pero de forma virtual y real al mismo
tiempo: Google.
Formar ciudadanos que conozcan cabalmente el funcionamiento del motor de
búsquedas más importante del mundo (y de los motores de búsqueda en general) se
hace esencial, si tomamos en cuenta que cada vez más, nuestro acceso a la
información está mediado por Google y que, muchas veces pensamos (con algo de
ingenuidad) que se trata de una búsqueda libre, sin filtros ni censuras.
La forma en que Google nos presenta la información (los resultados de
una búsqueda) incluye censuras a ciertos contenidos, jerarquización bajo
distintos parámetros, publicidad paga para mostrar distintos resultados y
muchísimas otras variables. Tantas variables que se han construido profesiones
en torno al manejo del buscador, que capacitan a las personas para hacer que
cuando nosotros preguntemos algo al oráculo, nos dé, o nos aproxime a, cierta
respuesta.
Educar a niños y adolescentes, enseñarles el funcionamiento de estas
herramientas que los acompañarán el resto de su vida, parece ser clave para
garantizarle libertades como futuros ciudadanos informados. Un problema, es que
a los mismos centros de poder que hoy manejan los grandes medios de
comunicación, tampoco les convenga que la gente acceda a este tipo de formación
(por algo no se educa a los niños para convivir con los medios de
comunicación). Otro problema, es que la gran mayoría de maestros y profesores,
y de quienes forman a los maestros y profesores, y de quienes arman los
programas que estos maestros y profesores ejecutan, están incluidos en el spoiler alert del comienzo de este
artículo, y a esta altura, ya pueden haber dejado de leer, o pueden estar
demasiado enojados como para estar de acuerdo.
jueves, 21 de febrero de 2013
Lo que nos une y nos separa - Parte II
2. Organización
En un mundo en el que
nos han llamado súperconectados, hiperconetcados, y nos hablan de
máquinas que son extensión de nuestros cuerpos (o viceversa) es fácil creer que
el rápido avance de la tecnología y su irrupción en nuestras vidas ha generado
una especie de caos de la información o al menos un caos de la comunicación.
Sin embargo, no parece ser del todo así.
Sabemos que cuando
queremos hablar cara a cara con alguien, debemos ir a buscarlo a su casa o a su
trabajo y proponerle la charla en cuestión. Sabemos también como prender, usar
y apagar la televisión, la radio y la computadora. También sabemos cómo
realizar una llamada telefónica, escribir un mensaje de texto o poner nuestro
celular en silencio para no perturbar nuestro sueño, por ejemplo. Hemos
perfeccionado nuestra habilidad para mirar
sin ver la publicidad que nos
rodea en la calle (en ese territorio se desarrolla una muy interesante batalla)
y también sabemos cómo leer un diario, un libro o una revista.
Si el párrafo anterior
es en su mayor parte verdad, entonces podemos decir que sabemos organizar
nuestra comunicación de forma más o menos precisa. También sabemos que en los
canales de televisión y en las emisoras de radio hay gerentes de programación y
en los diarios hay editores. Sabemos que en los medios hay pautas de
publicidad, hay productores ejecutivos y productores periodísticos si así lo
requiere el contenido. Hay regulaciones que se cumplen en mayor o menor medida
sobre los espacios que la publicidad va tomando en las calles y también en
algunos medios. Hay bases de datos, con
números de teléfonos, celulares y con direcciones de correo electrónico.
En fin, hay muchas personas que se ocupan día a día a organizar la comunicación
de otros y por ende, la información a la que acceden.
Todo el tiempo,
personas que no conocemos y que no nos conocen están pautando nuestra forma de
comunicarnos y nuestro acceso a la información. Reconocer eso es un paso, desde
mi punto de vista, básico para entender el mundo y la forma en que se construye
realidad. Da un poco (o mucho) de impotencia, pero tranquilos, no es tan
terrible cómo parece en una primera instancia.
Saber cómo se organiza
la información en nuestro mundo (esto significa entre otras cosas, cómo se
clasifica, cómo se accede, cómo se prioriza y cómo se reparte entre muchas
otros detalles) es un elemento fundamental para sentirnos menos impotentes y
más libres. Lamentablemente, eso no se enseña en la escuela, pero no nos
adelantemos, ya vamos a hablar de educación, ahora volvamos a la organización.
Internet ha puesto,
sin querer queriendo, más información a nuestro alcance que la que nunca
tuvimos en la historia de la humanidad. Cuando digo “nuestro alcance” nótese
que el acceso a Internet libre no es aún una práctica generalizada en el mundo,
pero si lo es aquí en Uruguay.
Los dos grandes de
internet, Google y Facebook, organizan la información de una forma radicalmente
distinta a la de los medios tradicionales, pues apuestan a nuestra
participación como usuarios para organizar los contenidos a los que accedemos,
cosa que no hacen, obviamente, los medios tradicionales de comunicación (y aquí
incluyo a la publicidad en vía pública).
Cada vez más, a la
hora de buscar información verídica, a la hora de “saber” algo, lo buscamos en
internet (lo googleamos) y cada vez
menos lo buscamos en los informativos de la tele, en las enciclopedias en tomos
o en las páginas de los diarios. Al parecer, la forma en que se organiza la
información y por ende, la forma en que se desarrolla la comunicación en
internet, nos da mejores resultados.
Mucha gente no sabe,
claro está, que existen personas dedicadas especialmente a posicionar mejor un
contenido que otro en los buscadores (sobre todo en Google), que existen otras
personas que trabajan duro día a día para que una idea entre en tu red social
preferida (sobre todo en Facebook) y que, tras el caos aparente de internet, se
esconde cierto orden (subrayo la palabra cierto).
Ese orden está pautado por una mezcla de decisiones tomadas por
- personas que no conocemos y que no nos conocen (aunque tienen cada vez más una imagen de nosotros como usuarios). Programadores, desarrolladores, SEOs, ingenieros, diseñadores además de todas (o casi todas) las figuras que participan en la organización de contenidos e información en los medios tradicionales.
- nosotros mismos, nuestros intereses, nuestras fuentes confiables, nuestra ubicación geográfica, nuestro entorno y nuestros gustos y deseos.
La comunicación es
más, la información es más, pero nosotros somos los mismos. No estamos
preparados y en muchos casos no nos interesa o nos es imposible organizar toda
esa información en la forma en que llega a nuestras vidas. Para hacerlo, la
respuesta es una vieja conocida que siempre es convocada por políticos,
pensadores y ciudadanos de pie en discursos vacíos, pero que raramente se
transforma en un hecho: la educación.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Lo que nos une y nos separa - Parte I
1. Introducción y panorama general.
Estamos más tiempo,
más comunicados. Ojo, más es por la
cantidad, no dije mejor comunicados. Más, no es, como muchas veces creemos, mejor.
Hasta hace no muchos
años, para enterarnos de lo que pasaba en nuestro país y en el mundo, salíamos
a la calle a comentar los hechos más relevantes con algún vecino o compañero de
trabajo, escuchábamos el informativo preferido de la radio, ojeábamos el diario
del día (o al menos los titulares en algún kiosco de paso) y a la noche, nos
poníamos frente a la TV a mirar uno o todos los informativos. Tras esa rutina,
podíamos considerarnos informados.
Muchos aún en nuestro
país y (cada cual con sus variantes) en el mundo, se siguen informando de esta
forma, y comunicando de esta forma. Pero las cosas cambian, la tecnología
avanza y las formas de comunicarse experimentan en los últimos 15 años cambios
drásticos.
Cada sociedad lleva su
marcha. Aquí en Uruguay, en los últimos 15 años se instalaron en la vida de
muchos (no todos) el correo electrónico, el teléfono celular, el chat,
Internet, las redes sociales, los mensajes de texto, los computadores
portátiles, los teléfonos con Internet y los televisores con Internet. Seguro
podríamos nombrar muchos elementos más, es una lista que sólo pretende ser
ilustrativa.
También es importante
subrayar la explosión de publicidad no tradicional que se aprieta y crece en
las calles de las ciudades, al costado de las rutas y hasta de los caminos
rurales y que siempre nos está intentando vender algo (un objeto, un servicio,
siempre una idea). Hoy por hoy, es difícil posar los ojos en algo que no sea
una marca.
Ahora veamos algunas
cifras que aportan seriedad a estas líneas. Más de la mitad de los hogares
uruguayos tiene televisión por cable y prácticamente todos tienen radio y TV
según el último Censo Nacional1. En lo que respecta a Internet,
según el último informe del Grupo Radar2, presentado en 2012, más de
la mitad de los uruguayos es usuario y aquí vale subrayar dos puntos clave:
- En el grupo etario entre 12 y 39 años, la penetración de Internet, según el informe, ya “alcanzó su máximo posible”.
- “Casi la mitad de los usuarios de internet ya tiene una antigüedad como usuario de más de 5 años”.
En cuanto a la
penetración de la telefonía celular, es de público conocimiento que en Uruguay
hay más celulares que personas (esto quiere decir que cada uno de nosotros, a
excepción de los bebés por el momento, de algún anciano que no quiere
complicarse la vida y algún autoproclamado antisistema, tiene un aparatito que
lo sigue a todos lados y lo mantiene siempre al alcance de los demás). También
debemos decir que, cerca de 200 mil uruguayos ya tienen Internet en su celular,
y pronto serán muchos más.
Esta realidad, muy
brevemente resumida en los párrafos anteriores (la comunicación siempre está
pautada por el espacio) cambia nuestra forma de ver el mundo y sobre todo de
sentirlo. Los cambios siempre se dan primero (de hecho siempre se están dando)
y luego nosotros debemos sentarnos unos minutos, o unas horas, tranquilos bajo
un árbol, frente a un computador o en algún bar, a procesar esos cambios, a
darles significado y a intentar reconocer cómo nos afectan.
Este es un pequeño
intento.
Referencias
domingo, 30 de diciembre de 2012
Lo que mirás y lo que vas a mirar
Desde los medios de comunicación,
y desde muchos otros lugares, se construye realidad. Esto significa que, tu
manera de ver y sentir el mundo se ve influenciada por lo que te cuentan los
medios de comunicación que decidís consumir.
Cada cual, con la
educación y el grado de análisis que tenga, hará su propia lectura de lo
que cuentan los distintos medios. Es
bueno tenerlo claro, una misma noticia, impactará de manera diferente sobre
cada persona. Pero lo diferente, no quita lo parecido. Y así se desarrollan
muchas artimañas, juegos de intereses y corrientes que terminan moldeando la
siempre difusa opinión pública.
Un estudio realizado por
Foco Auditoría Multimedia hace poco días publicado en El Observador, da cuenta
de la cantidad de minutos que los informativos de la televisión abierta
(siempre entre los programas más mirados de la TV) dedican a la cobertura de
distintos temas.
Si es verdad que los
medios (y más fuertemente los productos periodísticos) moldean tu realidad, entonces
el hecho de que las tres temáticas que tuvieron mayor cobertura en 2012 (por
lejos) sean (1) Fútbol Uruguayo (2) Crónica Policial y (3) Pronósticos, alertas
y temporales, dice mucho de la sociedad en que vivís.
En pocas palabras, interesa saber cual es el nuevo jugador que
puede o no llegar a Danubio en este período de pases, interesa saber cómo mató (por dónde entró la
bala, por dónde salió, a qué hora y con qué arma) aquel hombre mató a aquel
otro e interesa saber cuantos techos se volaron o cuanto creció el río Cuareim
en las últimas 24 horas.
Interesa, y los medios
(en este caso son los informativos de TV pero los reto a analizar los
contenidos de radios y prensa escrita) quieren que interese. Y eso va moldeando
la forma en que ves la realidad, y la forma en la que vivís la realidad que
ves.
Cuando la gente sale a la
calle, no sale con tanto miedo de morirse al volante o aplastada por un
automóvil, sale con más miedo de que la maten de un disparo, que la asesine
algún menor infractor que no tiene valor por la vida humana. Esa sensación, esa
forma en la que vivimos nuestra vida cotidiana, esa forma en la que tememos o
no tememos, es realidad construida. ¿Construida por quién? Por vos, por tu
historia personal, por las historias que te cuentan los vecinos, los amigos,
los compañeros y también los medios de comunicación.
En 2011 hubo 199
asesinatos (tal vez en 2012 se alcancen los 300 asesinatos). Este año 488 personas murieron en siniestros detránsito. Con estos números (siempre fríos) uno puede sacar mejor sus
conclusiones. ¿Porqué sentimos más temor por una muerte que por la otra, si es
mucho más probable la menos temida?
Otro ejemplo claro: el
"caso Pluna" tuvo más minutos en informativos de TV que todos los
proyectos y leyes tratados en el Parlamento, esto incluye obviamente, la
despenalización del aborto, la regulación del mercado de la marihuana, el
matrimonio igualitario, el puerto de aguas profundas en Rocha, la internación
compulsiva de adictos, las medidas de "seguridad", etcétera, etcétera.
Los medios construyen
realidad. Muchas veces, construyen las realidades que les conviene, y para
saber que realidad te están vendiendo, es siempre bueno saber qué intereses
tiene un medio y cuales son sus conveniencias.
Mientras seguimos
esperando una ley que regule, al menos las licencias y contenidos de radio y
TV, te recomiendo humildemente que dediques un tiempo cada tanto a leer las
editoriales de los diarios e intentar analizar las editoriales (algo más
difusas) de los informativos de TV y de las emisoras de radio. Conociendo un
poco más de la opinión del medio, podrás crear realidades más libres y responsables.
El director de la diaria,
Marcelo Pereira, dice en su columna del viernes 28 de diciembre, previendo los
tiempos de campaña electoral que se avecinan, que "en la lógica electoral,
todo se amplifica hasta el aturdimiento y luego se reduce a 140 caracteres sin
gramática ni fundamento".
La amplificación y el
aturdimiento vendrán, como de costumbre, de la mano de los medios de
comunicación. Van a taparte de relatos y cuentos, elegidos por ellos y
obviamente, contados a su manera. Tu responsabilidad es saber pararte ante
ellos.
P.D. Mi regalo de Navidad y Año Nuevo para ustedes: esta perlita
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