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domingo, 5 de agosto de 2018

Cuadernos por derechos



En menos de un año, todo cambió. Pasaron las elecciones legislativas de medio término y muy rápidamente el velo empezó a caer, casi como en la más obvia de las jugadas de manual.

Primero los despidos masivos y la flexibilización laboral, que no es otra cosa que el recorte de los derechos del trabajador. Luego vino la reforma previsional (recortes para los jubilados) y la salvaje represión. Nos acordamos de Santiago Maldonado, de Milagro Sala, pero esta vez la salvajada era en el microcentro de la capital porteña. No paró ahí, el 2018 comenzó con cierres de escuelas y conflicto con los docentes, como no podía ser de otra forma. De ahí pasamos a la disparada del dólar que dañó aún más el poder de compra tan menguado de los argentinos y para terminar con eso, la vuelta al FMI. Todo esto mientras nos vamos enterando de las offshore del presidente y sus amigos, todo esto mientras nos vamos enterando de cómo María Eugenia Vidal y sus amigos usurparon identidades de los más pobres para lavar dinero en la campaña política, todo esto mientras el presidente Macri anuncia sonriendo que los militares vuelven a las calles.

Pero las jugadas de manual se repiten y parece que una vez más alcanza con globos amarillos, esta vez en forma de cuadernos, testigos con crisis de conciencia, valijas que vacían países en una trama digna de las peores series policiales, pero que surte efecto hasta en los más inteligentes. Antes de que nos demos cuenta, los derechos perdidos, la miseria, el robo y la corrupción imperantes, la represión del Estado, todo, absolutamente todo queda tapado por una historia que ni un niño debería creerse, pero que contada por los grandes medios, una vez más nos hace ver que somos bastante más estúpidos de lo que creíamos.

Mientras tanto, allá está Dilma sin poder ser la presidenta que los brasileños querían que fuera, está Lula preso por un apartamento que nunca tuvo, está Bonadio creando historias para que Cristina Fernández caiga presa de una vez y no pueda participar más en ninguna elección.

Si el espejo enorme de Argentina y Brasil no nos sirve para dejar de hablar de cuadernos como si habláramos del último capítulo de Game of Thrones, si no empezamos a pensar en cuidar los derechos y la vida ganada, el año que viene vamos a pasarla muy mal.

En la otra orilla, mientras luchan por conquistar nuevos y necesarios derechos, los derechos ya conquistados se pierden todos los días. Vos seguís viendo por TN una ficción que ya sabés cómo va a terminar, pero te encanta. Al final, esto de pensar un poco no está haciendo efecto.

domingo, 6 de agosto de 2017

Entre gigantes idiotas

Hay cierto aire de alivio y hasta triunfalismo en ciertos sectores del oficialismo uruguayo. Nos vemos como un oasis en el medio de una tierra llena de desastres. El avance de la derecha en la región no pudo con nosotros. Crecemos, mientras los vecinos sucumben. Hacemos un poco de alarde – siempre con la (falsa) humildad que nos caracteriza – sobre nuestra envidiable situación de estabilidad política y económica mientras el resto del continente se sacude.

Pero no estamos aquí para hablar de nosotros. Nuestra fragilidad es tal, que cualquier soplo de nuestros vecinos, por más que juremos que hemos ganado una independencia total, puede dejarnos otra vez en la miseria. Si algo hemos visto en los países vecinos, es que todas las construcciones que parecían sólidas y que tomaron más de una década para levantarse, no son casi nada ante la restauración del paradigma neoliberal.

Tomemos un instante para observar a los vecinos. Parece que estamos rodeados de dos gigantes idiotas, tal vez algo ebrios o bajo los efectos de algún calmante que los deja brutos, sin mayor habilidad para moverse o razonar. Son, de todas maneras, los dos gigantes del barrio, y por más que estén cortos de pensamiento o lucidez, siguen marcando el ritmo.

En Brasil las cosas no podrían ser más extrañas. ¿Han visto imágenes o videos sobre las sesiones de impeachment a la presidenta Dilma Rouseff? Es difícil creer que la que hace pocos años era la quinta o sexta mayor economía global esté en este lugar tan oscuro. El diputado que lideró el quiebre institucional está preso por años, hay videos y audios que muestran claramente cómo el actual presidente Michel Temer ordenó pagar sobornos y coimas, hay discursos fascistas gritados a viva voz en los micrófonos del congreso más triste del mundo y sin embargo, las cosas no parecen que vayan a cambiar.

Argentina ha vuelto a los noventa con una velocidad que asombra. Más de un millón de personas arrojadas a la pobreza en apenas un año (la mayoría de ellos son niños), un costo de vida que se ha disparado a las nubes y un presidente -en este caso, mal que le pese a los argentinos- elegido democráticamente, que no para de vender humo.

Las estrategias son y van a ser similares. Compren pop y siéntense a ver. Los intereses de las clases dominantes, siempre de la mano de Washington, apuntalados por un sistema judicial totalmente flechado y siempre decorado con hermosos colores, eslóganes y “noticias” por los grandes medios de comunicación.

En Argentina, el aparato publicitario de Macri funciona a la perfección hasta el momento. Hay todavía, a casi dos años de la asunción del nuevo presidente, muchos argentinos que creen que su actual situación es sólo un “sinceramiento de la economía”, un mal que hay que atravesar por culpa de los K para llegar al paraíso de la pizza y el champagne, de Miami y del desarrollo prometido. No importan los puestos de trabajo destruidos, no importa el sector informal, las reglas de juego que cambian y vulneran a los de abajo, no importa la cuenta del gas o de la energía. No importa todo eso. Se sienten parte del cambio, pero son parte de una simple campaña publicitaria, y cuando los focos se apaguen, nada bueno les espera. Mientras tanto pueden entretenerse comentando los últimos vestidos de Juliana Awada.

En Brasil, las cosas son acaso más oscuras. Aquí los millones bajo la línea de pobreza crecen día a día mientras el país es gobernado por un criminal. La potencia del continente se sigue sumergiendo en los recortes, la exclusión, el deterioro político y la represión violenta a cualquier tipo de manifestación contraria al gobierno.



Hay algunas cosas que tienen en común los dos gigantes idiotizados. Por ejemplo, eso que llaman “flexibilización laboral” y que básicamente significa que se cambian fuertemente las reglas de juego en el mundo del trabajo, para quitar derechos a los trabajadores y aumentar los beneficios de los empresarios. Despidos sin efectos secundarios, contratos basura, salarios deprimidos, mayores obligaciones para los trabajadores, mayor carga horaria, en fin, más explotación.

También tienen en común una estrategia bien planteada de avance de procesos judiciales que impidan un resurgimiento de los sectores políticos que sacaron a millones de argentinos y brasileros de la pobreza en los últimos 15 años. Pueden apostar que habrá coloridos procesos judiciales en contra de Lula Da Silva y Cristina Fernández, una y otra vez, hasta que ambos queden fuera de juego. Son hoy, los principales objetivos de la derecha restauradora.

Y luego está, como siempre, el bombo mediático. Mientras muestran a Lula esposado o cuentan el cuento de una ruta de maletines con dinero pergeñada por la maléfica Cristina, mientras llenan la pantalla de lucecitas de colores, roban lo que es de todos, recortan derechos, vulneran aún más a los más vulnerables, invisibilizan  a las manifestaciones, y a la protesta que no descansa pero se desinfla.

Hace muy poco leí con sorpresa que la suspensión de Venezuela del Mercosur era “una victoria política de Macri”. Así cuentan la historia. No reconocen que la suspensión de Venezuela del Mercosur es una victoria principalmente de Washington, que hoy juega con los gigantes idiotizados a piacere. Hay, realmente, muchos argentinos que creen que con su actual presidente la posición de su país en el concierto mundial ha mejorado. Desde afuera, lejos de las luces y la pirotecnia del PRO, no se entiende tal nivel de ceguera.

Mientras tanto, las grandes masas se dividen, se miran con odio. Las clases medias se aferran con uñas y dientes a los pequeños placeres de la compra en cuotas y le sueltan la mano a una masa cada vez más grande y cada vez más pobre, que ya les resulta demasiado pesada. Mejor no verlos. El slogan de los noventa que vuelve con vigor una vez más. En esa división, radica gran parte del éxito del discurso neoliberal de Macri y Temer, por más que vendan un discurso vacío de unión entre compatriotas.

En las calles los que protestan no son suficientes y cada vez se escucha menos de ellos en los medios. Las ollas populares reaparecen en los barrios pobres a los que no llega el noticiero. Y los gigantes, idiotizados, casi cual marionetas, se mueven torpes destruyendo lo que hace poco parecía ser un barrio pujante, pero que hoy se vuelve a parecer más a un patio trasero de alguna gran potencia.
   



lunes, 19 de diciembre de 2016

Si nos da la gana

foto de la diaria

Fue hace 9 años, en diciembre del 2007. Hace menos de un año que trabajaba en Radio Carve, con 22 años recién cumplidos, tratando de entender aquello que llamaban periodismo, impregnado por la magia de la radio en aquel sótano de la calle Mercedes. Se empezaba temprano, se hacía sonar teléfonos antes del amanecer, se sacaba fotocopias. Internet era aún un mundo con más promesas que posibilidades, Facebook apenas llegaba a Uruguay y Twitter ni existía.


Éramos un equipo grande, suma de nuevos y experimentados. Siempre teníamos dos o tres movileros. Yo trabajaba en la base, el sótano, no me entusiasmaba trillar las calles con aquellos grabadores que siempre presentaban algún problema técnico de imprevisto. Pero ese día de diciembre los movileros (pasaron tantos que no recuerdo quiénes estaban en aquel momento) estaban en otras tareas. Tal vez era lunes y tenían que estar en Consejo de Ministros, tal vez estaban cubriendo los restos de un espectacular choque en la rambla o perdidos en los pasillos del Parlamento. No lo recuerdo, imposible hacerlo. Sí recuerdo el encargo: “vas vos”. De fondo, la cara cómplice de una compañera de generación que ya se estaba convirtiendo en amiga de la vida.


Iban a meter al Goyo Álvarez preso, y había que cubrirlo. Estaba nublado, y allí salí yo por las calles del centro de Montevideo, para cazar con mi viejo teléfono celular aquel momento histórico que tenía gusto a suceso del año. Lo llevarían, decía el rumor siempre bien chequeado por la productora, desde una dependencia del Ejército directo a la Cárcel Central. Yo estaba nervioso, no tanto por la suerte de uno de los mayores hijos de puta de la historia reciente del Uruguay, sino porque era mi primer móvil, en vivo y el tema no era chiquito.


No era un adolescente. Transpiraba como uno, pero a quién le importa. Ya había hecho los deberes en mis años en el Zorrilla, leyendo sobre la triste historia del país, sabía quién era aquel hombre tan poco hombre, sabía bastante bien qué papel había jugado en toda la mierda de los años más oscuros. Era un asesino, además de un dictador. También había hecho los deberes del periodista. Sabía que no estaba allí para robarle unas palabras, ni siquiera para recoger las declaraciones de alguien más. Era sólo una crónica visual.Tenía que ser los ojos de la radio, de los espectadores, contarles lo más claramente lo que estaba sucediendo. Recuerdo que los nervios me hicieron usar la palabra barullo, debe haber sido la única vez en la vida que la usé. Fuera de eso todo salió bastante bien.


El viejo salió acompañado de otros militares, con las manos esposadas y escolta de policías. Había alguna persona gritando algo. También había otro grupo grande de periodistas que no me conocían, haciendo más o menos lo mismo que yo. Estaba esposado, y yo contento de poder contarle eso a la radio, porque sabía que del otro lado podrían estar mis viejos escuchandome. Después, por suerte, tuvimos varias tapas de la diaria y otros medios con fotos más reales del viejo malo con las esposas puestas.


Volví a la radio, recibí alguna felicitación, un viejo periodista de prensa me dijo aún no tenés idea de lo que acaba de pasar. Me escapé al rincón del sótano que me pertenecía, y esperé tranquilo a que se cargara el back up de lo emitido ese día, para buscar mi móvil, cortarlo, escucharlo y copiarlo en mi reproductor de mp3 para destrozarlo durante toda la tarde.

El Goyo estaba preso. Eso, en aquellos primeros años de gobierno del Frente Amplio, era lo más parecido a una victoria, a una justicia. Me tocaba arrancar una carrera contando de milicos presos, llevados ante la justicia. Era muy consciente de mi privilegio. Pero el tiempo fue pasando para todos. Para el periodismo, para el Frente Amplio, para los torturadores, para los sobrevivientes, para los que nunca les importó nada. Pasó la cárcel exclusiva para los mayores hijos de puta, pasó el silencio perpetuo, los jueces alejados de sus casos, pasó el país de cornudos y cornudas que le dijeron que no a la búsqueda de la verdad. Todo eso pasó mientras yo me convertía en el hombre que soy hoy y en el periodista que llevo dentro. El viejo se va a morir, hoy, ayer o mañana, va a dejar de respirar. Lo van a seguir muchos otros, lo vamos a seguir todos. Los desaparecidos van a seguir desaparecidos, la justicia va a seguir siendo injusta. En ese país estamos creciendo. La muerte no transforma, la transformación solo la hacemos los vivos, si nos da la gana.

sábado, 14 de mayo de 2016

Estamos durmiendo


Y no pasó nada. No al parecer. Me levanté, llegando al mediodía me conecté a Internet y vi tal vez el último discurso como presidenta. Por la calle nadie llevaba ninguna señal de haberlo notado siquiera. Las bolsas de compras en la principal avenida, el tráfico fluido, la gente quejándose del frío y de la acumulación de días grises. En el trabajo tampoco, ni la más mínima palabra. De noche revisé los principales medios locales para confirmar que no era un sueño. Entre detalles de un importante partido de fútbol por la Copa Libertadores, envueltos en frialdad y sin arriesgarse a ser claros, los medios me confirmaron la noticia.

Pensé en los que estaban en la calle esperando gritar goles. Pensé en la oficina. Pensé en una madre que vi por la mañana arrastrando a su niña a la escuela. A ninguno le importaba nada. No había signos de tristeza, de batalla perdida, de injusticia. A lo sumo se preocuparon por el empate de locatario, por las cuentas que se acumulan y cada vez cuesta más pagarlas, por el frío que no da tregua.

Entré en las redes sociales para saber si alguien había acusado recibo. Era como un diálogo de sordos. Mientras unos sufrían por el mayor golpe a la democracia latinoamericana de los últimos 30 años, otros eufóricos hablaban de fútbol y los de siempre, publicaban fotos de gatitos o frases inspiracionales.

La batalla la perdimos todos. En Brasilia, en Buenos Aires y en Montevideo. Hay que revisar todo lo que se hizo mal en estos años, pero las responsabilidades no son de Lula o de Dilma, son de todos. Sí, tuyas y mías también. Por eso me duele.

Perdimos una democracia y yo no tenía nadie con quién abrazarme a llorar, porque nadie acusaba recibo del golpe.

La perdimos porque seguimos escuchando siempre las mismas voces prefabricadas de los poderosos, desde la radio y la TV, repitiendo una y otra vez boludeces para que no nos pongamos loquitos. La perdimos porque tenemos un canciller que tiene miedo de decir golpe de Estado, porque es más de ellos que nuestro.

Y mientras estamos mareados discutiendo si fue o no fue un Golpe, buscando botas de militares dónde en realidad hay solamente diputados corruptos, ellos ya nos están desarmando la alegría, ya nos están pegando en la dignidad, devolviendonos a la miseria.

En pocas horas volaron ministerios, programas sociales, herramientas para contener los embates de una economía que no le tiene piedad a los más pobres. Voló todo. A lo Macri diría yo.

Porque lo que pasó en Brasil no es indiferente a lo que pasó en Argentina. Y lo que va a pasar tampoco.

En Argentina ya no tienen tiempo de ver la telenovela de Lázaro Báez para comentarla al otro día con los vecinos. No tienen tiempo, porque están muy ocupados intentando sobrevivir en una economía que se hunde para bien de unos pocos. No tienen tiempo porque están una vez más buscando trabajo desesperados como hace 15 años. No tienen tiempo porque tienen que ir a hacer la fila para recibir un plato de comida en una olla popular.

Fueron 15 años de correr a los ricos. No los corrimos lo suficiente. Y los ricos volvieron. Volvieron y quieren recuperar el tiempo perdido, lo que les negamos en todos estos años, lo que dejaron de ganar, lo que no les dimos.

El problema es que estamos dormidos. La mujer que iba con la niña por la avenida, el compañero de oficina, el pibe que fue a ver el partido a la tribuna más barata, estamos todos del mismo lado. Del lado de los que pierden. Como ya están perdiendo los argentinos, como perdieron los brasileros.

No se cayó Internet. No cancelaron Showmatch. No levantaron la última novela de Globo. Nos dieron un golpe. Y ni siquiera nos dimos cuenta.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Next: Venezuela

Ya pasaron las elecciones presidenciales en Argentina. Pero antes de que termine el año tenemos dos paradas más importantes para Iberoamérica: el 6 de diciembre se realizarán las elecciones legislativas en Venezuela y para casi Navidad llegarán las presidenciales españolas.


El foco mediático y también político se posa ahora en la Venezuela de Maduro y en unas elecciones que hacen mucho más ruido que de costumbre. Podrían ser las primeras en casi 20 años que pierda el chavismo, justo cuando poco queda de él.

No se trata de analizar la política interna de un país del que poco sabemos, a pesar de toparnos casi a diario con un título maltrecho. Más bien se trata de no analizarla, no al menos con las herramientas que nos dan en bandeja.

Opinar sobre lo loco que está Maduro o lo violento que puede ser el “régimen” chavista no vale la pena cuando lo único que leés son titulares de medios asquerosamente opositores al gobierno democráticamente electo en Venezuela. Nada que vaya desde El País de Madrid hasta Infobae, pasando por la cada vez más dolorosa CNN o cualquier medio de derecha uruguayo puede darte a ti o a mí la más mínima idea de objetividad o al menos imparcialidad. Por eso, antes de opinar, es mejor leer.

Con esto no estoy diciendo que el gobierno de Maduro haga las cosas bien, no estoy diciendo que Venezuela esté en un buen momento y mucho menos estoy sugiriendo que lo que queda del chavismo debe mantenerse en el poder a como dé lugar. Estoy más cerca de pensar lo opuesto, pero no a cualquier precio y no guiado por unos cuantos titulares que dan vergüenza a cualquiera que haya querido un poco a la profesión de periodista.

No podemos permitir que una fuerte movida mediática impulsada por la derecha (con mucho olor a golpista) venezolana, las nuevas derechas latinoamericanas y un Washington disfrazado de OEA (besito para Almagro) que nunca le tuvo mucha simpatía al chavismo nos convenzan de que:

1). Si las elecciones legislativas no las gana la derecha, entonces hay fraude.
Venezuela tuvo decenas de procesos electorales desde que Chávez llegó al poder. Todos ellos contaron con observadores internacionales y fueron catalogados siempre como de los procesos electorales más transparentes del mundo entero.

2). Si  hay muertes, son las manos de Maduro las que estarán manchadas de sangre.
Muchas veces la derecha venezolana ha intentado imputar al gobierno democrático de muertes que, con el tiempo, hemos podido comprobar que eran total responsabilidad de grupos de ultraderecha.

3). Si las elecciones legislativas son ganadas por la derecha, entonces cae el gobierno de Maduro.
Dilma Rousseff gobierna en minoría parlamentaria, Cristina Fernández lo supo hacer, Macri lo hará y en España el dinosaurio Rajoy también. Maduro fue elegido democráticamente para gobernar hasta 2019 y una salida anterior sólo supondría una ruptura de la democracia venezolana.

4). Y por último, que la victoria o derrota del partido de Maduro en las elecciones venezolanas significa un triunfo o derrota de los partidos conservadores o el progresismo en el resto de la región.

Cada derecha tiene la izquierda que se merece y viceversa. No me preocupa un presidente que dice hablar con los pajaritos. Yo tuve uno que se pasó años hablando con hormigas y ahora es un rockstar de la política mundial. Lo que preocupa es Venezuela.

sábado, 30 de mayo de 2015

El paro como método


Cada vez que un obrero de la construcción muere en un “accidente” de trabajo, el gremio de la construcción, el SUNCA, para por un día. Cada vez que un trabajador del taxi o del ómnibus sufre un hecho de violencia grave los ómnibus y taxis paran de inmediato.

El año pasado una serie de paros de los funcionarios de registros en reclamo de un aumento salarial paralizó miles de operaciones de compraventa. La semana pasada hubo un paro de la educación en reclamo por el 6% del PBI para la educación, el freno al TISA o cualquier acuerdo que permita la privatización, por un sistema de becas para estudiantes del sector público y la defensa del Hospital de Clínicas como hospital universitario público estatal*.

Diferentes problemas y la misma medida: el paro. ¿Sirve para algo? ¿Es válido? ¿Siempre es válido? Que los trabajadores podemos parar es algo obvio. Hemos conquistado ese derecho hace mucho y es un arma invalorable en la defensa del sector trabajador.

De ahí a que cuestionar un paro sea prácticamente una herejía hay un gran trecho. No todo es tan lineal como parece en los discursos públicos. Definir si un paro es justo no debería ser tan fácil. Los he escuchado en la oficina, en casa y en la vereda: si el paro me afecta más (porque me clavé en la parada de ómnibus, porque quiero vender mi auto y no puedo, porque se alarga un día más la obra que tengo en casa, porque no se qué hacer con el nene cuando no tiene escuela), entonces es más injusto, y si me afecta menos, entonces vaya y pase.

Si a esto le sumamos la manija que se da desde ciertos sectores (recuerdo a Gabriel Pereyra desde la tribuna de El Observador llorando porque la empleada de una colega no sabía qué hacer con sus hijos* un día de paro en 2013 o leo el comunicado de un grupo del Frente Amplio que, apelando al melodrama, se pregunta; “¿Cuántos niños se quedan sin comer hoy?”* ), el debate, sobre lo adecuado o no del paro como herramienta en cada caso, se va desfigurando mucho.

A esto sumémosle un paro como el de la semana pasada, en el que las “razones” para tomar esta “medida de lucha” son tantas como ingredientes en una receta. Algunos nos pueden gustar y otros nos dejan un gusto raro. Esconder una serie de reclamos variopintos detrás del histórico 6% para la educación es al menos un recurso bajo.

¿Qué tan de acuerdo estamos los uruguayos con que se dedique 6% del PBI como mínimo a la educación? No lo sé con exactitud, pero me animo a decir que hay un amplio consenso y que si se tocan los resortes correctos podríamos salir todos a la calle a defender ese piso para la educación de todos.

¿Qué tan de acuerdo estamos con que se frene el TISA? ¿Qué tanto apoyamos un sistema de becas para estudiantes del sector público? ¿Qué tanto nos copa la idea de que el Hospital de Clínicas siga siendo un “hospital universitario público estatal”? La respuesta es fácil: no tenemos ni puta idea.

Los gremios de la educación actúan de maneras diversas y no pueden ser interpelados como una masa uniforme. Sin embargo, en común tienen que desde hace años están fallando sistemáticamente en la comunicación, la convocatoria y la concientización de sus problemas.

La llegada del Frente Amplio al poder en 2005 parece haber debilitado más que fortalecido las demandas de los trabajadores organizados de la educación. Los paros, como el del miércoles, asoman como medidas descolgadas de la realidad. No porque “cuántos-niños-se-quedan-sin-comer-hoy”, sino porque se discute mucho más sobre lo correcto o incorrecto de la medida que sobre los reclamos que la impulsan.

Ahí la falla, lamento decirlo, es toda de los gremios de la educación, que aparecen carentes de ideas y desconectados del resto de la “clase trabajadora”. Un poco de imaginación, a la hora de la lucha, siempre se aprecia.

sábado, 25 de octubre de 2014

Las elecciones en las redes sociales


¿Cómo trabajaron las distintas campañas en las principales redes sociales? Éxitos virales, bases de seguidores y un análisis de la performance de cada campaña en cada red.

Facebook


La estrategia en redes sociales de Tabaré Vázquez después de las elecciones internas fue centrar la campaña en las cuentas del Frente Amplio, alejándose así de perfiles personales y del VamosBien que marcó la elección interna y no le dio buenos resultados.

En los partidos tradicionales, las apuestas son más personales y las campañas giran en torno a las figuras de Luis Lacalle Pou y Pedro Bordaberry. Como diferencia, en el Partido Nacional líderes de sectores diferentes al del candidato han hecho una fuerte inversión en redes sociales, especialmente en Facebook, mientras que en el Partido Colorado Bordaberry aparece más solo.

El Partido Independiente mantuvo una estrategia borrosa en Facebook, con más seguidores en el perfil oficial del candidato que en el del partido, pero con actualizaciones de la campaña que se comparten en la fanpage del partido y no en la de Pablo Mieres.

Entre los partidos sin representación parlamentaria, en Facebook el PERI tiene una comunidad mayor a la del Partido Independiente (más del doble) y con mucha más interacción, mientras que Unidad Popular tiene apenas 1.500 fans pero también ha logrado en la última semana un interacción mayor a la del Partido Independiente.


YouTube


Al igual que en Facebook, en YouTube el cambio de estrategia del Frente Amplio (abandonar VamosBien, dejar de lado la figura de Tabaré y apostar por el partido) dio buenos resultados.

Entre los videos compartidos desde el 2 de junio hasta el jueves 23 de octubre el Frente Amplio hubo seis que superaron las 20.000 reproducciones en su cuenta oficial (el Partido Nacional y el Partido Independiente tienen un video cada uno que supera esa cifra y el Partido Colorado ninguno).

Es importante tener en cuenta que los videos más populares de blancos y colorados fueron creados para las elecciones internas y arrastraron su popularidad después de la primera vuelta. El 56% de las reproducciones obtenidas por el canal de Lacalle Pou después de las elecciones internas corresponde a videos realizados antes de las elecciones internas (principalmente, al “Discurso Musical” y al jingle “Somosahora”). En el Partido Colorado esa cifra es de 31% de las reproducciones (la mayor parte corresponden al videoclip “Agita con Pedro”).

Dentro del Frente Amplio vale señalar los buenos resultados obtenidos por los contenidos con cierto perfil humorístico generados por listas que apoyan la candidatura al Senado de Constanza Moreira. “Nany esta afligida” de la lista 3311 obtuvo casi 90.000 reproducciones en YouTube en menos de una semana, al tiempo que el científico loco del Ir superó las 50.000.

Los videos más virales de la campaña, sin tener en cuenta los realizados por los distintos partidos y sectores, pueden dar una clave de la tonalidad de la campaña. Por un lado, la entrevista que el candidato del Partido Nacional, Lacalle Pou, dio al programa En la Mira alcanzó las 144.000 reproducciones en muy poco tiempo.

Por otro, un video casero de una joven denominada María Clase Media, en respuesta al popular video del Partido Independiente, también se convirtió en un éxito viral con más de 51.000 reproducciones (por encima del video del Partido Independiente al que hace referencia).

El video de PensáUnPoco “Nací con la democracia”, creado en 2013, obtuvo en las últimas semanas más de 15.000 reproducciones en YouTube y fue viralizado en Facebook y Whatsapp.

Esta campaña estuvo marcada por el desembarco de los videos a Facebook, que aportó aun mayor alcance y viralidad a los contenidos audiovisuales creados por partidos y militantes.

Twitter

En Twitter el candidato más fuerte es Pedro Bordaberry, quien hace uso de la herramienta mucho más a menudo que sus rivales y desde hace más tiempo.

Sin embargo, el Partido Nacional, que con Lacalle Pou ocupa un segundo puesto en cantidad de seguidores, presenta una lista más extensa de líderes con amplias bases de seguidores. El caso más notorio es Jorge Larrañaga, la segunda figura política uruguaya con mayor cantidad de seguidores (sólo detrás de Bordaberry y adelantando al propio candidato de su partido), pero a la fórmula presidencial se le suman cinco figuras que tienen más de 10.000 seguidores en Twitter.

En el lado opuesto, en el Partido Colorado, sólo José Amorín Batlle supera la barrera de los 10.000 seguidores, aunque lentamente otras figuras se acercan a esa marca (Fernando Amado y el candidato a vicepresidente Germán Coutinho, por ejemplo).

Finalmente, la estrategia de depositar la campaña en la fuerza política y no en el candidato parece no haber dado los mismos buenos resultados en Twitter como en YouTube y Facebook. La cuenta del Frente Amplio aparece tercera luego de la de Bordaberry y Lacalle Pou y dentro de la fuerza política de izquierda sólo el candidato a vicepresidente Raúl Sendic (un recién llegado a esta red social) y la presidenta del partido Mónica Xavier superan la barrera de los 10.000 seguidores. Constanza Moreira se acerca, casi duplicando sus seguidores desde las elecciones internas hasta hoy.

Pablo Mieres, con cerca de 14.000 seguidores, es la única figura política por fuera de los partidos tradicionales que tiene una presencia relevante en Twitter.




Notas:

Todas las cifras son publicas y tomadas entre el jueves 23 de octubre (YouTube) y el viernes 25 de octubre (Facebook y Twitter). 

En YouTube las cifras de reproducción tenidas en cuenta para el Frente Amplio y el Partido Independiente fueron las de aquellos videos publicados después de las elecciones internas.

domingo, 16 de febrero de 2014

Preocupa Venezuela

Entender lo que sucede en estos días en Venezuela puede ser un poco trabajoso. Una situación compleja, con muchísimos matices, y en la que nos vemos una y otra vez, unos y otros, tentados a prejuzgar, reclamar y opinar.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Hay para leer

¿A veces te cansas de recorrer los mismos cinco portales informativos en Internet y te parece que no hay nada nuevo bajo el ciber sol?  Acá hay algunas propuestas que te pueden interesar.




Somos muchos los que nos quejamos del nivel con el que se nos transmite la información por los medios masivos de comunicación (porque quejarse es gratis y deporte nacional).

Dejemos de lado el informativo de TV pensado con una lógica que ya dejó de ser infotainment hace tiempo para ser de puro show, y centrémonos en lo que leemos. Hay gente que recibe el RSS de El Observador o sigue en Twitter a El País y con eso se siente “al día” e “informado”, siempre al tanto de “lo que hay que saber”. Si es una de esas personas, está usted en el lugar equivocado.

viernes, 8 de marzo de 2013

Lo que nos une y nos separa - Parte V

5). Investigación


La información es el dato. Una sociedad del conocimiento debe tener un acceso total e igualitario al dato. Para ello, la buena comunicación es fundamental, y en esto, como vimos, hoy más que nunca la educación juega un rol central. No nos dejemos engañar, no nos desmotivemos por la aparente falta de resultados.

Vamos hacia una realidad llena de medios de comunicación unipersonales. Todos tenemos, más que nunca antes, la posibilidad de generar, difundir y compartir el conocimiento. Con un costo cero (tan solo un acceso a un computador con Internet) podemos llegar a miles o a millones de personas de forma directa, podemos generar el suficiente impacto para filtrarnos en las noticias de los grandes medios o ponerlos en cuestión con nuestras verdades.

Toda gran posibilidad conlleva una gran responsabilidad. Para esto, la educación de quien hará uso de esa gran posibilidad (que no es más que un sinfín de pequeñas posibilidades) debe ser sólida. Cómo sociedad nos debemos varias charlas, una interesante sería sobre nuestro periodismo, nuestros comunicadores, nuestra academia y, cómo mencioné antes, también sobre Nuestros medios de comunicación.

Debemos organizar la inmensa y borrosa masa de información que hoy nos rodea, con porciones a la luz, otras porciones a la sombra, con espacios ocultos tras otros grandes espacios que se nos presentan justo en nuestra cara, como si no quisieran que viéramos más allá. Para organizar esto hace falta mucha investigación responsable, que la academia, aún no ha realizado. Falta abrir el campo de la comunicación aún más allá, integrar a periodistas con SEOs, a comunicadores sociales con expertos en redes sociales y a éstos con los mejores comunicólogos.

Organizar la información, trazar mapas de la información que les expliquen a los más chicos y a los no tan chicos como es el mundo en el que van a crecer, o al menos cómo puede ser; darle representaciones del mundo que pueden ser tan útiles o más que el viejo planisferio.

No se trata de reunir a los viejos y a los nuevos sabios en un sótano y pedirles que eleven un documento con conclusiones finales, que se transformará súbitamente en un legajo, en un expediente de la burocracia y en un titular fugaz y confuso de alguno de los grandes medios. Se trata de, cómo sociedad, hacernos cargo de nuestra comunicación.

Nos aburrimos de decir y de escuchar que vivimos en La Era de la Información, un título a todas luces equivocado, un poco por la falta de información que prima, otro poco por el acceso desparejo a la misma, y sobre todo, porque la palabra Era hace mucho que dejó de servir para los tiempos que corren. De todas maneras, no podemos dudar que la información juega un rol central en nuestras vidas, para obtenerla (o para obtener la ilusión de que la tenemos), hemos desarrollado un sinfín de dispositivos y de canales. Ahora, es hora de darle un sentido a la información, de acercarla a nuestras metas, a nuestros objetivos, a (si se me permite la cursilería) nuestra felicidad.

Para esto, como sociedad (quiera decir lo que quiera decir “como sociedad”)  podemos educarnos en nuestra relación con la comunicación, con los medios de comunicación y con el acceso a la información. Podemos, y debemos, generar los mecanismos adecuados para garantizar el acceso universal a la información y a la comunicación, de una manera ordenada, evitando las regulaciones autoritarias. La libertad de expresión es tan importante como el derecho que tenemos a acceder a la información, a que no nos mientan, a que tengamos las herramientas para evitar ser engañados. Hay una lesión a la libertad de expresión, no solo cuando se censura un titular de un diario, sino cuando se censura una crítica a ese titular. La responsabilidad corre en ambos sentidos.

Esto, más que una conclusión, para el estimado lector, debe ser un desafío.   

miércoles, 27 de febrero de 2013

Lo que nos une y nos separa - Parte IV


    4. Medios


Los medios de comunicación tradicional deben repensarse. Una afirmación algo vaga, que debemos desarrollar en las líneas que siguen.

En países como Uruguay, los medios de comunicación tradicional son una poderosa herramienta de construcción de opinión y de realidad. Lo vi en la tele, lo escuché en la radio y lo leí en el diario son sentencias que definen la veracidad de un hecho, o al menos, así lo fueron durante demasiados años. Si lo vi en el informativo de la televisión, pasó, si no lo vi ahí, puedo darme el lujo de ponerlo en duda.

Pero los medios de comunicación masiva tienen, o tendrán en un futuro muy cercano, que repensarse, por varios motivos. De lo contrario, pueden desaparecer (no la televisión como medio, sino algún canal de televisión), pues, como empresas que son, dependen de que los números le cierren a fin de mes, y para eso, deben vender un producto más o menos atractivo que capte la atención del consumidor.

¿Por qué motivos deben repensarse hoy los medios de comunicación? Hoy más que nunca antes, se pone en duda la credibilidad de lo que nos dice la TV, la radio y el periódico. Y es una tendencia que parece crecer. Las mismas voces que nos hablaron siempre con autoridad, hoy se ponen en duda. Aquí en Latinoamérica, han ascendido gobiernos, elegidos por la gente, cuya forma de actuar muchas veces irrita, o va contra los intereses de los grandes medios de comunicación, y por ende, de sus dueños, y por ende, de los viejos amigos de la derecha que gobernó después de las dictaduras (y a veces mucho antes también).

Pero no es un asunto político solamente. Si fuera así, no habría duda de que los grandes medios prevalecerían intocables. Junto con esta pérdida de credibilidad, han llegado también nuevas tecnologías que ocupan espacios antes totalmente dominados por los medios tradicionales. Hoy la computadora avanza sobre la televisión de forma lenta pero segura (tan segura que crece el número de televisores inteligentes, más pensados para reproducir contenidos de Internet, que para mirar la televisión tradicional). Hoy los diarios de papel se funden, y se multiplican los portales informativos de Internet. Hoy las FM, con su música que paga para estar de moda, pierden terreno por canales y páginas de Internet que se adaptan al gusto del consumidor. Cuando tenía 14 años, todos mirábamos Verano Eterno en el canal 4, unos años después, todos mirábamos Lost en Cuevana. Las cosas cambian, y los grandes medios, en los hechos, pierden terreno.

Los medios de comunicación tradicional deben repensarse. Mejor aún, nosotros, como consumidores de los medios de comunicación, debemos repensarlos a ellos. La llegada de la televisión digital y el avance de las nuevas tecnologías son una gran posibilidad de hacerlo. Regular, generar pautas, discutir cómo se invierte la publicidad del Estado (el Estado somos todos), aplicar correctamente las normas existentes, abrir la cancha a nuevos actores y garantizarles igualdad de condiciones.   

Los medios de comunicación, que quieran navegar tranquilos por las nuevas aguas, también deberán repensarse. Los diarios, las radios y los canales de televisión de nuestro país se crearon y crecieron sobre una base de periodistas y comunicadores, que podían ser mejores o peores, pero que no tenían por regla “ser profesionales”. Nadie les enseñó nunca a hacerse responsables de la comunicación que llevan adelante. Muchos lo aprendieron al transitar por la profesión, pensando o a los golpes, muchas veces con un gran sentido de lo humano. Pero muchos nunca lo aprendieron, y no tienen la más mínima intención de hacerlo. Y allí están en la pantalla de la televisión, frente a los micrófonos de la radio y llenado páginas en los diarios, decenas, cientos de “periodistas de deporte”, “periodistas de espectáculo”, “periodistas de carnaval”, “periodistas de policiales” y muchos autoproclamados “periodistas y comunicadores” que son, si lo pensamos un poco, simples repetidores de noticias.

Deben repensar el staff de los medios de comunicación, los empresarios dueños de los mismos, pero no es muy probable que lo hagan. Será la última de las prioridades a la hora de hacer esto que he llamado “repensarse”. Lo primero será cambiar y adaptar el modelo de negocio, para asegurar la rentabilidad del mismo. Adaptar los medios a los formatos digitales, cambiar la rutina de los periódicos, cambiar la forma de distribuir los contenidos de radio y de televisión y sobre todo cambiar la forma de hacer y de cobrar la publicidad.         

Mientras los medios se repiensan y nosotros los repensamos, no estaría mal generar la información suficiente para poder tomar las mejores decisiones. 

Lo que nos une y nos separa - Parte III


        3.  Educación


Spoiler Alert: Si usted tiene más de cuarenta años, puede (no necesariamente, pero…) que las siguientes palabras le causen desmedida nostalgia, fuerte rechazo, miedo (sobre todo a lo desconocido) y otras manifestaciones negativas.

El caso de Uruguay, es un caso especial, claro está, porque en este país se le ha dado a cada niño y adolescente una computadora con acceso a Internet, una pequeña cajita llena de posibilidades y amenazas que nuestros niños, y la gran mayoría de los niños del mundo, por las buenas o por las malas, tendrán que aprender a usar.

Esta realidad, única en la región, nos adelanta algunos problemas que debemos abordar y que, tal vez, otros países de la región no se planteen por varios años. La formación y el conocimiento de las nuevas generaciones estarán estrechamente ligados a Internet. Algunos cambios ya pueden notarse: las maestras mandando a buscar información en Wikipedia, las discusiones en bares que se terminan con una simple búsqueda en Google desde algún celular con Internet, las carreras universitarias a distancia que se multiplican en la red, el progresivo abandono del libro cómo fuente de estudio para ser remplazado por videos, textos e imágenes administrados e interconectados en distintas pestañas de nuestro navegador de Internet favorito.

La solución no es milagrosa pero tampoco imposible: educar. Una revisión de los contenidos incluidos en los programas escolares y de educación secundaria es fundamental (podría reclamar una revisión de la educación como sistema, pero estaría desviando demasiado el objetivo de este artículo).

Hagamos el ejercicio de recordar las cosas que nos enseñaron en la escuela y el liceo, las tablas, la fotosíntesis, las frases de Artigas, las Guerras Mundiales, las ecuaciones, la geometría, algún fragmento del Quijote, algunas palabras en inglés y muchísimas cosas más. Cada uno hará su propia evaluación, identificará qué cosas le han servido más y que cosas le han servido nada, qué cosas nos enseñaron a pensar y razonar y que cosas no nos han enseñado demasiado.     

Ahora pensemos que todas esas cosas que nos enseñaron, están ligadas, o están dentro de una pequeña computadora que cada niño carga en su mochila. ¿No se hace clave enseñarle al niño cómo funciona esa computadora y sobre todo cómo encontrar todas esas cosas que nos enseñan, dentro de ella?

Si sabemos que las nuevas generaciones buscarán las respuestas que las saquen de la ignorancia en Google, si sabemos que se relacionarán y comunicarán en Facebook, si sabemos que harán sus compras online y se informarán a través de portales de Internet y frases del Twitter, si sabemos todo esto, ¿por qué no preparamos a las nuevas generaciones para usar estas herramientas? Y cuando digo preparar, no digo enseñarle al gurí a hacerse una cuenta de Facebook, me refiero a enseñarle a compartir y comentar contenidos con responsabilidad y a generar sus propios contenidos, me refiero a aprender como Facebook prioriza y jerarquiza la información, me refiero a aprender a configurar la privacidad de una cuenta y a desarrollar relaciones sanas y justas con las marcas y las empresas que hacen comunicación y publicidad en esta red social.

Lo dicen las frías cifras y lo dice cualquiera que sea medianamente observador, cada vez nos conectamos a Facebook desde más lugares (computadora, teléfono móvil, Tablet), durante más tiempo, más personas. El padre que piensa que cuando el nene está conectado, está “jugando” y se aleja de “la vida real”, tiene que ser consciente que en Facebook hay problemas, hay acosos, hay amores, hay información que llena cabecitas, hay alianzas, hay odios, hay novedades, hay chistes y si bien no hay asados, ya muchos asados se organizan a través de él. O sea, la “vida real” también pasa por Internet.

Aprender a usar y conocer el funcionamiento de las redes sociales se presenta necesario. Más apremiante es sin embargo, ya dejando atrás las coloridas redes sociales que se prestan para (casi) todo, profundizar en el conocimiento del nuevo oráculo que rige nuestras búsquedas y nuestro acceso al conocimiento y que se expande como un antiguo imperio pero de forma virtual y real al mismo tiempo: Google.

Formar ciudadanos que conozcan cabalmente el funcionamiento del motor de búsquedas más importante del mundo (y de los motores de búsqueda en general) se hace esencial, si tomamos en cuenta que cada vez más, nuestro acceso a la información está mediado por Google y que, muchas veces pensamos (con algo de ingenuidad) que se trata de una búsqueda libre, sin filtros ni censuras. 

La forma en que Google nos presenta la información (los resultados de una búsqueda) incluye censuras a ciertos contenidos, jerarquización bajo distintos parámetros, publicidad paga para mostrar distintos resultados y muchísimas otras variables. Tantas variables que se han construido profesiones en torno al manejo del buscador, que capacitan a las personas para hacer que cuando nosotros preguntemos algo al oráculo, nos dé, o nos aproxime a, cierta respuesta.

Educar a niños y adolescentes, enseñarles el funcionamiento de estas herramientas que los acompañarán el resto de su vida, parece ser clave para garantizarle libertades como futuros ciudadanos informados. Un problema, es que a los mismos centros de poder que hoy manejan los grandes medios de comunicación, tampoco les convenga que la gente acceda a este tipo de formación (por algo no se educa a los niños para convivir con los medios de comunicación). Otro problema, es que la gran mayoría de maestros y profesores, y de quienes forman a los maestros y profesores, y de quienes arman los programas que estos maestros y profesores ejecutan, están incluidos en el spoiler alert del comienzo de este artículo, y a esta altura, ya pueden haber dejado de leer, o pueden estar demasiado enojados como para estar de acuerdo. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Lo que nos une y nos separa - Parte II


2. Organización



En un mundo en el que nos han llamado súperconectados, hiperconetcados, y nos hablan de máquinas que son extensión de nuestros cuerpos (o viceversa) es fácil creer que el rápido avance de la tecnología y su irrupción en nuestras vidas ha generado una especie de caos de la información o al menos un caos de la comunicación. Sin embargo, no parece ser del todo así.

Sabemos que cuando queremos hablar cara a cara con alguien, debemos ir a buscarlo a su casa o a su trabajo y proponerle la charla en cuestión. Sabemos también como prender, usar y apagar la televisión, la radio y la computadora. También sabemos cómo realizar una llamada telefónica, escribir un mensaje de texto o poner nuestro celular en silencio para no perturbar nuestro sueño, por ejemplo. Hemos perfeccionado nuestra habilidad para mirar sin ver la publicidad que nos rodea en la calle (en ese territorio se desarrolla una muy interesante batalla) y también sabemos cómo leer un diario, un libro o una revista.

Si el párrafo anterior es en su mayor parte verdad, entonces podemos decir que sabemos organizar nuestra comunicación de forma más o menos precisa. También sabemos que en los canales de televisión y en las emisoras de radio hay gerentes de programación y en los diarios hay editores. Sabemos que en los medios hay pautas de publicidad, hay productores ejecutivos y productores periodísticos si así lo requiere el contenido. Hay regulaciones que se cumplen en mayor o menor medida sobre los espacios que la publicidad va tomando en las calles y también en algunos medios. Hay bases de datos, con  números de teléfonos, celulares y con direcciones de correo electrónico. En fin, hay muchas personas que se ocupan día a día a organizar la comunicación de otros y por ende, la información a la que acceden.

Todo el tiempo, personas que no conocemos y que no nos conocen están pautando nuestra forma de comunicarnos y nuestro acceso a la información. Reconocer eso es un paso, desde mi punto de vista, básico para entender el mundo y la forma en que se construye realidad. Da un poco (o mucho) de impotencia, pero tranquilos, no es tan terrible cómo parece en una primera instancia.

Saber cómo se organiza la información en nuestro mundo (esto significa entre otras cosas, cómo se clasifica, cómo se accede, cómo se prioriza y cómo se reparte entre muchas otros detalles) es un elemento fundamental para sentirnos menos impotentes y más libres. Lamentablemente, eso no se enseña en la escuela, pero no nos adelantemos, ya vamos a hablar de educación, ahora volvamos a la organización.

Internet ha puesto, sin querer queriendo, más información a nuestro alcance que la que nunca tuvimos en la historia de la humanidad. Cuando digo “nuestro alcance” nótese que el acceso a Internet libre no es aún una práctica generalizada en el mundo, pero si lo es aquí en Uruguay.

Los dos grandes de internet, Google y Facebook, organizan la información de una forma radicalmente distinta a la de los medios tradicionales, pues apuestan a nuestra participación como usuarios para organizar los contenidos a los que accedemos, cosa que no hacen, obviamente, los medios tradicionales de comunicación (y aquí incluyo a la publicidad en vía pública).

Cada vez más, a la hora de buscar información verídica, a la hora de “saber” algo, lo buscamos en internet (lo googleamos) y cada vez menos lo buscamos en los informativos de la tele, en las enciclopedias en tomos o en las páginas de los diarios. Al parecer, la forma en que se organiza la información y por ende, la forma en que se desarrolla la comunicación en internet, nos da mejores resultados.

Mucha gente no sabe, claro está, que existen personas dedicadas especialmente a posicionar mejor un contenido que otro en los buscadores (sobre todo en Google), que existen otras personas que trabajan duro día a día para que una idea entre en tu red social preferida (sobre todo en Facebook) y que, tras el caos aparente de internet, se esconde cierto orden (subrayo la palabra cierto). Ese orden está pautado por una mezcla de decisiones tomadas por
  •       personas que no conocemos y que no nos conocen (aunque tienen cada vez más una imagen de nosotros como usuarios). Programadores, desarrolladores, SEOs, ingenieros, diseñadores además de todas (o casi todas) las figuras que participan en la organización de contenidos e información en los medios tradicionales.
  •    nosotros mismos, nuestros intereses, nuestras fuentes confiables, nuestra ubicación geográfica, nuestro entorno y nuestros gustos y deseos.

La comunicación es más, la información es más, pero nosotros somos los mismos. No estamos preparados y en muchos casos no nos interesa o nos es imposible organizar toda esa información en la forma en que llega a nuestras vidas. Para hacerlo, la respuesta es una vieja conocida que siempre es convocada por políticos, pensadores y ciudadanos de pie en discursos vacíos, pero que raramente se transforma en un hecho: la educación.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Lo que nos une y nos separa - Parte I


1. Introducción y panorama general.

Estamos más tiempo, más comunicados. Ojo, más es por la cantidad, no dije mejor comunicados. Más, no es, como muchas veces creemos, mejor.

Hasta hace no muchos años, para enterarnos de lo que pasaba en nuestro país y en el mundo, salíamos a la calle a comentar los hechos más relevantes con algún vecino o compañero de trabajo, escuchábamos el informativo preferido de la radio, ojeábamos el diario del día (o al menos los titulares en algún kiosco de paso) y a la noche, nos poníamos frente a la TV a mirar uno o todos los informativos. Tras esa rutina, podíamos considerarnos informados.

Muchos aún en nuestro país y (cada cual con sus variantes) en el mundo, se siguen informando de esta forma, y comunicando de esta forma. Pero las cosas cambian, la tecnología avanza y las formas de comunicarse experimentan en los últimos 15 años cambios drásticos.

Cada sociedad lleva su marcha. Aquí en Uruguay, en los últimos 15 años se instalaron en la vida de muchos (no todos) el correo electrónico, el teléfono celular, el chat, Internet, las redes sociales, los mensajes de texto, los computadores portátiles, los teléfonos con Internet y los televisores con Internet. Seguro podríamos nombrar muchos elementos más, es una lista que sólo pretende ser ilustrativa.

También es importante subrayar la explosión de publicidad no tradicional que se aprieta y crece en las calles de las ciudades, al costado de las rutas y hasta de los caminos rurales y que siempre nos está intentando vender algo (un objeto, un servicio, siempre una idea). Hoy por hoy, es difícil posar los ojos en algo que no sea una marca.

Ahora veamos algunas cifras que aportan seriedad a estas líneas. Más de la mitad de los hogares uruguayos tiene televisión por cable y prácticamente todos tienen radio y TV según el último Censo Nacional1. En lo que respecta a Internet, según el último informe del Grupo Radar2, presentado en 2012, más de la mitad de los uruguayos es usuario y aquí vale subrayar dos puntos clave:
  •        En el grupo etario entre 12 y 39 años, la penetración de Internet, según el informe, ya “alcanzó su máximo posible”.
  •     “Casi la mitad de los usuarios de internet ya tiene una antigüedad como usuario de más de 5 años”.


En cuanto a la penetración de la telefonía celular, es de público conocimiento que en Uruguay hay más celulares que personas (esto quiere decir que cada uno de nosotros, a excepción de los bebés por el momento, de algún anciano que no quiere complicarse la vida y algún autoproclamado antisistema, tiene un aparatito que lo sigue a todos lados y lo mantiene siempre al alcance de los demás). También debemos decir que, cerca de 200 mil uruguayos ya tienen Internet en su celular, y pronto serán muchos más. 

Esta realidad, muy brevemente resumida en los párrafos anteriores (la comunicación siempre está pautada por el espacio) cambia nuestra forma de ver el mundo y sobre todo de sentirlo. Los cambios siempre se dan primero (de hecho siempre se están dando) y luego nosotros debemos sentarnos unos minutos, o unas horas, tranquilos bajo un árbol, frente a un computador o en algún bar, a procesar esos cambios, a darles significado y a intentar reconocer cómo nos afectan.

Este es un pequeño intento. 

Referencias
  1.  http://www.gruporadar.com.uy/01/?p=830
  2.  http://www.ine.gub.uy/censos2011/index.html
Aclaración: esta la primera parte de un artículo de seis partes.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Lo que mirás y lo que vas a mirar


Desde los medios de comunicación, y desde muchos otros lugares, se construye realidad. Esto significa que, tu manera de ver y sentir el mundo se ve influenciada por lo que te cuentan los medios de comunicación que decidís consumir.






Los relatos de la realidad que a diario ves, escuchas o lees en los medios, son eso, relatos, subjetivados por los propios cronistas, periodistas y comunicadores que nos cuentan las noticias, pero también por sus jefes, sus directores, sus anunciantes.

Cada cual, con la educación y el grado de análisis que tenga, hará su propia lectura de lo que  cuentan los distintos medios. Es bueno tenerlo claro, una misma noticia, impactará de manera diferente sobre cada persona. Pero lo diferente, no quita lo parecido. Y así se desarrollan muchas artimañas, juegos de intereses y corrientes que terminan moldeando la siempre difusa opinión pública.

Un estudio realizado por Foco Auditoría Multimedia hace poco días publicado en El Observador, da cuenta de la cantidad de minutos que los informativos de la televisión abierta (siempre entre los programas más mirados de la TV) dedican a la cobertura de distintos temas.

Si es verdad que los medios (y más fuertemente los productos periodísticos) moldean tu realidad, entonces el hecho de que las tres temáticas que tuvieron mayor cobertura en 2012 (por lejos) sean (1) Fútbol Uruguayo (2) Crónica Policial y (3) Pronósticos, alertas y temporales, dice mucho de la sociedad en que vivís.

En pocas palabras,  interesa saber cual es el nuevo jugador que puede o no llegar a Danubio en este período de pases,  interesa saber cómo mató (por dónde entró la bala, por dónde salió, a qué hora y con qué arma) aquel hombre mató a aquel otro e interesa saber cuantos techos se volaron o cuanto creció el río Cuareim en las últimas 24 horas.

Interesa, y los medios (en este caso son los informativos de TV pero los reto a analizar los contenidos de radios y prensa escrita) quieren que interese. Y eso va moldeando la forma en que ves la realidad, y la forma en la que vivís la realidad que ves.

Cuando la gente sale a la calle, no sale con tanto miedo de morirse al volante o aplastada por un automóvil, sale con más miedo de que la maten de un disparo, que la asesine algún menor infractor que no tiene valor por la vida humana. Esa sensación, esa forma en la que vivimos nuestra vida cotidiana, esa forma en la que tememos o no tememos, es realidad construida. ¿Construida por quién? Por vos, por tu historia personal, por las historias que te cuentan los vecinos, los amigos, los compañeros y también los medios de comunicación.

En 2011 hubo 199 asesinatos (tal vez en 2012 se alcancen los 300 asesinatos). Este año 488 personas murieron en siniestros detránsito. Con estos números (siempre fríos) uno puede sacar mejor sus conclusiones. ¿Porqué sentimos más temor por una muerte que por la otra, si es mucho más probable la menos temida?

Otro ejemplo claro: el "caso Pluna" tuvo más minutos en informativos de TV que todos los proyectos y leyes tratados en el Parlamento, esto incluye obviamente, la despenalización del aborto, la regulación del mercado de la marihuana, el matrimonio igualitario, el puerto de aguas profundas en Rocha, la internación compulsiva de adictos, las medidas de "seguridad", etcétera, etcétera.

Los medios construyen realidad. Muchas veces, construyen las realidades que les conviene, y para saber que realidad te están vendiendo, es siempre bueno saber qué intereses tiene un medio y cuales son sus conveniencias.

Mientras seguimos esperando una ley que regule, al menos las licencias y contenidos de radio y TV, te recomiendo humildemente que dediques un tiempo cada tanto a leer las editoriales de los diarios e intentar analizar las editoriales (algo más difusas) de los informativos de TV y de las emisoras de radio. Conociendo un poco más de la opinión del medio, podrás crear realidades más libres y responsables.

El director de la diaria, Marcelo Pereira, dice en su columna del viernes 28 de diciembre, previendo los tiempos de campaña electoral que se avecinan, que "en la lógica electoral, todo se amplifica hasta el aturdimiento y luego se reduce a 140 caracteres sin gramática ni fundamento".

La amplificación y el aturdimiento vendrán, como de costumbre, de la mano de los medios de comunicación. Van a taparte de relatos y cuentos, elegidos por ellos y obviamente, contados a su manera. Tu responsabilidad es saber pararte ante ellos.  


P.D. Mi regalo de Navidad y Año Nuevo para ustedes: esta perlita