domingo, 16 de febrero de 2014

Preocupa Venezuela

Entender lo que sucede en estos días en Venezuela puede ser un poco trabajoso. Una situación compleja, con muchísimos matices, y en la que nos vemos una y otra vez, unos y otros, tentados a prejuzgar, reclamar y opinar.


La lógica uruguaya. Maduro es izquierda, por ende, si soy del Frente Amplio o afín debería defenderlo. A él, que no me cae del todo bien, pero sobre todo a su antecesor y quien fijó las bases para lo que se ha dado a llamar la “revolución bolivariana”, el extinto Hugo Chávez.

En cambio, si me identifico con los partidos tradicionales de Uruguay, debo rechazar esta “revolución” y a sus principales líderes, especialmente al presidente Nicolás Maduro.

La población uruguaya que no tiene afinidad con ningún partido político será la masa a convencer por unos y otros. Además de convencerlos de si la revolución bolivariana sí o no, ya de paso los convencemos de que están más cerca de nosotros, así cuando llegue octubre, aunque haya explotado Venezuela, capaz que acá, en Uruguay, nos tiran un voto.

Esa parece ser la lógica con la que se mueve la opinión pública aquí en Uruguay, lejos de informarse, opinando sobre todo a partir de la antipatía o simpatía que le tienen al personaje (fuertemente construido) de Nicolás Maduro.

Los puntos. Pero vale la pena repasar algunos puntos antes de analizar la situación actual de Venezuela.
  1. Maduro es el presidente que casi ningún uruguayo desearía tener. Eso está claro. No es necesario ser un experto en opinión pública para saberlo.
  2. Maduro no es un líder como lo era Chávez (con sus seguidores y sus críticos), pero es el presidente legítimo y constitucional de Venezuela. Elegido por una mayoría y cuyo gobierno no ha perdido ninguna elección a nivel nacional desde que él fue nombrado presidente.
  3. El conflicto desatado en Venezuela no es un referéndum sobre Nicolás Maduro. No es Maduro sí o Maduro no. En realidad, poco debería importar que tan bien o mal te cae el presidente. Se trata más bien de poner en cuestión casi 15 años de revolución bolivariana. O sea, un modelo económico, una forma de concebir la política y de aplicarla exclusivamente en Venezuela. Antes de opinar sobre la conveniencia o no de la caída de un gobierno, hay que pensar cuánto sabemos de los cambios que se han procesado en la sociedad venezolana en los últimos 15 años y que se siguen procesando.
  4. Una vez que hayamos hecho este análisis, podemos considerar que los gobiernos chavistas le han hecho más mal que bien a Venezuela (personalmente, estoy muy lejos de pensar eso). Entonces vale la pena dejar claro algo. ¿Qué estamos proponiendo? ¿Que se derribe un gobierno democrático? ¿Y después qué? Porque vale recordar una vez más, que la izquierda venezolana ha ganado 18 de los últimos 19 procesos electorales,  demostrando una y otra vez por la vía legítima que son la opción de la mayoría (del 50% más uno de los ciudadanos votantes). Antes de pedir un “Chau, Maduro” porque el personaje no nos agrada, por lo menos habría que tener estos puntos en cuenta, y luego sí, analizar la situación actual.

La situación. La economía venezolana no está bien. La conducción económica de los últimos años de Chávez y del gobierno liderado por Maduro enfrenta fuertes presiones inflacionarias (precios que no paran de crecer) a lo que se ha sumado e intensificado el desabastecimiento de productos básicos. Estas dos aristas impactan fuertemente en la población y ponen en cuestión el trabajo del equipo económico de Maduro. Sin embargo, Venezuela ha tenido un crecimiento sostenido de su economía en los últimos años y una sistemática reducción de la pobreza (según datos de la CEPAL). La inseguridad, o mejor dicho, el número de muertes violentas en el país (especialmente en las grandes ciudades) se ha mantenido históricamente en niveles altos en comparación con el resto de los países de la región y del mundo.

Algo a tener en cuenta: la inflación, el desabastecimiento y el crecimiento económico no son responsabilidad exclusiva de un gobierno. Creer eso es, al menos, iluso, y en el caso de Venezuela yo me inclinaría por decir que es malintencionado. Los intereses privados, con los grandes medios de comunicación como voceros, han actuado de forma directa para agravar esta situación. Pero eso ya merecería todo un artículo aparte.

¿Quiénes salen a la calle a protestar y por qué lo hacen? Me he cansado de ver titulares de prensa que hablan de marchas estudiantiles. Hay algo que debemos tener claro: no es el estudiantado de Venezuela el que ha salido a la calle, es parte de éste, acompañado por los mismos grupos opositores de siempre. Esa parte del estudiantado (no tiene punto de comparación con las masivas protestas universitarias en Chile) ha sido alentada y es actualmente acompañada por varios líderes opositores que salen a la calle, mueven a sus bases más humildes y a grupos que buscan sacar al chavismo del poder desde hace más de una década y por todos los medios. Al mismo tiempo, quienes apoyan al gobierno (incluidos grandes grupos estudiantiles) salen a la calle a demostrar su apoyo. 

La gente está enojada en las calles y por más pacíficas que sean las protestas es fácil para grupos violentos infiltrados desencadenar el caos. En un principio es difícil determinar quién murió, qué responsabilidades cargaba y quién lo mató. Es difícil porque es muy pronto para que haya un debido proceso. Lo que sucede en las calles de Venezuela en estos días es un intento más de derrocar a un gobierno elegido democráticamente. En ese intento, siempre, corre sangre inocente. Deberíamos tenerlo en cuenta y condenarlo.



Breve historia. No es la primera vez que la oposición sale a la calle en Venezuela. No es la primera vez que el oficialismo sale a la calle como respuesta. Esta vez está la imagen de los estudiantes que los grandes medios de comunicación quieren imponer como “el corazón” de las protestas, quienes han aguantado hasta hoy pero ya no logran aguantar más y salen a la calle para terminar con la tiranía, como en Egipto. Nada más alejado de la realidad. No nos confundamos. La oposición es la misma que antes, la que dio un golpe de Estado, la que mató manifestantes en la calle para simular una represión inexistente apenas unos años atrás. Es la misma oposición, apoyada (y las pruebas sobran para quien las sepa buscar) por los mismos actores.

De vuelta a Uruguay. Y aquí seguimos debatiendo si Maduro es o no apto para el cargo que ocupa. Defender a Maduro es difícil, porque con destreza se han encargado de pintarlo como un personaje casi de comedia y también porque la realidad de la política venezolana dista mucho de la nuestra. Sin embargo, no se trata aquí de defender a una persona, sino de ver un global de cosas que incluyen a toda la revolución bolivariana y también a sus posibles alternativas.

Uno escucha y ve como gente de a pie, aquí en Uruguay, opina sobre la estabilidad mental del presidente constitucional de Venezuela, como opina del último partido de la Copa Libertadores, y se preocupa un poco.

Pero luego empieza uno a ver cómo los medios de comunicación (los grandes y sus sucursales) van deformando la imagen que tenemos de un país hasta atarla a la de un personaje que, al menos en parte, ellos mismos crearon. No les salió bien con Chávez, pero con Maduro se están luciendo. Y uno se preocupa más.

Después aparece la gente en las redes sociales, compartiendo fotos “instantáneas” de personas bañadas en sangre, de golpes, de marchas multitudinarias y creen que están viendo la realidad. Que están viendo, finalmente y sin censura, lo mal que se está pasando en Venezuela. Las fotos que se comparten a veces son de Egipto, otras de Chile y otras de Honduras, pero nos comemos una y otra vez la pastilla y pensamos que allá en Caracas están masacrando sistemáticamente inocentes. Nos olvidamos de todo lo que aprendimos durante años y hablamos con liviandad de “dictadura”, “avasallamiento de los Derechos Humanos”, “terrorismo de Estado”, etcétera. Y eso me preocupa mucho más.

Y finalmente aparece la mediocridad de una clase política que me sigue sorprendiendo. Personas que quieren ser presidentes de mi país o senadoras o lo que sea y que reclaman por las redes sociales que, por ejemplo, el Frente Amplio se pronuncie sobre “la situación en Venezuela”, cuando ni siquiera sus propios partidos políticos se han pronunciado oficialmente. Y uno se pregunta: ¿qué gana Jorge Larrañaga o Analía Piñeyrúa pidiendo que el Frente Amplio se pronuncie sobre “la situación en Venezuela? En serio, ¿qué ganan? ¿Por qué piden al Frente Amplio que se pronuncie sobre algo sobre lo cual su propio partido aún no se ha pronunciado? Si es para arrimar unos pocos votos a costa de “lo mal que nos cae Maduro”, entonces mi preocupación ya es inmensa.