sábado, 22 de marzo de 2014

La política de las mujeres: Ley de Cuotas

No es este un artículo que vaya a describir la situación de desigualdad a la que las mujeres uruguayas (y las de prácticamente todo el mundo) enfrentan en el día a día. Para eso basta mirar a nuestro alrededor.


Por suerte, y porque somos una sociedad con cierto contenido progresista (no en el sentido frenteamplista), hemos logrado dar vida a organizaciones sociales que defienden desde hace años los derechos de las mujeres. No solo los defienden, sino que los crean y los hacen valer en la ley. Está allí el trabajo de hormiga de MYSU, que personalmente sigo atentamente desde hace años y valoro, pero también está el de muchas otras organizaciones sociales que han empujado para que la situación de desigualdad entre hombres y mujeres sea cada vez menor y tal vez, en un día soñado, desaparezca.

Estas organizaciones han empujado para que otras, más grandes, de mayores alcances, como el PIT CNT, empiecen a ver a las políticas de género con más interés. Es interesante notar lo que la clase obrera ha avanzado en temas de igualdad de género, de derechos de las mujeres. Es insuficiente, pero auspiciosamente interesante. Pero este artículo tampoco es sobre la situación de desigualdad de las mujeres en el mundo del trabajo. Porque de eso ya sabemos mucho, y todavía no hemos hecho (como sociedad) casi nada.

Lo que me empuja a escribir estas líneas es la situación de las mujeres en el sistema político. Tal vez, a los ojos del mundo, una participación algo vergonzosa, pero que puede estar dando señales de querer cambiar.

Sabemos que en nuestro Parlamento las mujeres electas son excepciones (19 en 129). Lo son en las direcciones de los ministerios (dos en 13) y también en las intendencias (tres en 19). Algo extraño teniendo en cuenta que las nenas son el 52% de este país, pero que habla directamente de un sistema político emparentado con el patriarcado y mucho más machista que el conjunto de la ciudadanía.

Para enfrentar esta realidad se ha votado una Ley de Cuotas que estará vigente en estas elecciones nacionales y que prevé que en cada lista, cada tres personas, dos sean de un sexo y la tercera del otro (en cualquier orden). Será interesante ver cómo la clase política reacciona a esto y cómo lo hacemos luego los electores.

Algunos medios han apuntado a que ya hay quienes despliegan jugarretas para saltarse esta Ley. La forma de hacerlo parece sencilla y podría provocar que muchos nenes conserven su banca y pocas nenas conquisten nuevos lugares en la política. Porque si hay algo que tenemos en común nenes y nenas, es que no nos gusta que nos desplacen del poder, y si entran nenas, nenes deben salir (probablemente y lamentablemente, los más jóvenes).

Veamos algunas interrogantes que son, a mi parecer, justas de plantear.

¿Es la Ley de Cuotas una herramienta justa y eficaz?


Muchos creen que no. Yo creo que una Ley de Cuotas mantenida en el tiempo es un engaño, pero en el caso de un proceso electoral (tal vez hasta dos) puede ser un empujón necesario para que las mujeres conquisten el terreno que por representatividad les pertenece y hoy les es negado.

La Ley puede impulsar nuevos liderazgos femeninos, abrir nuevos espacios en el Parlamento y, algunos creen, mejorar la sensibilidad y la forma en que se abordan algunas temáticas. Mientras más equilibrio entre la presencia de mujeres y hombres, más calidad de la democracia, afirman algunos. Esto nos abre nuevas interrogantes.

¿Cambiará en algo la conformación y el trabajo del parlamento con más mujeres en él?


Lo primero que se me viene a la mente es que la mayoría de las juventudes (de todos los partidos) cuentan con una fuerte presencia femenina, pero son hombres los que se proyectan a los cargos de mayor representatividad. Esto dice que, los políticos de mañana no necesariamente están abordando el tema de la igualdad de género de una manera muy diferente.

Lo segundo es que la amplia mayoría de los grupos políticos que presentarán listas al Parlamento, llevarán mujeres de manera forzada para cumplir con la Ley. Esta afirmación se desprende del hecho de que las mujeres, salvo alguna excepción, ocuparán un tercio de las listas, justo lo que impone la legislación, ni más, ni menos.

Y lo tercero es el impacto que las mujeres que hoy están en el Parlamento tienen en la ciudadanía. A mi entender, son pocas las que han logrado aportar efectivamente un punto de vista fresco, nuevo y de peso que demuestre su verdadero aporte al sistema político y a la ciudadanía en general (vale decir que son muchos los legisladores hombres que llevan años en el Parlamento y que aún no nos explicamos qué hacen allí).

De nada sirve que las mujeres entren al Parlamento a ser peones de líderes hombres. En el Partido Colorado siempre se impone la voluntad de Pedro Bordaberry, hombre. En el Partido Nacional Verónica Alonso y Ana Lía Piñeyrúa han demostrado en sobradas ocasiones su posición conservadora y patriarcal votando en contra de leyes que amplían los derechos de la ciudadanía en general (Piñeyerúa tiene el dudoso mérito de haber votado en ambas cámaras en contra del matrimonio igualitario) y de las mujeres en particular (ambas legisladoras se mostraron contrarias a darles el derecho al aborto a sus congéneres). Y en el Frente Amplio, apenas Constanza Moreira y Mónica Xavier han logrado construir ciertos liderazgos entre sus pares masculinos.

Cuando veo a Graciela Bianchi aplaudiendo emocionada los discursos de Lacalle Pou o al MPP decidiendo poner a José Mujica primero en su lista (por sobre Lucía Topolansky) sólo persiguiendo fines electorales, me desmotivo. Pero la esperanza es lo último que se pierde. Sobre todo la esperanza en las mujeres.

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