martes, 28 de enero de 2014

Opino que no debo opinar


Los golpes entre jugadores de Peñarol y Nacional. La actividad sexual hiperreproducida en el ciberespacio. Nos cansamos de hablar de cosas que afectarían nuestra moral, opinamos, escupimos y seguimos adelante.

Tienen que ir presos los jugadores de ambos cuadros, ninguno, sólo algunos, sólo aquél que yo vi que fue el que empezó todo. Tienen que ir presos los que filmaron el video, o los que abusaron de ella, o ella misma. Desde un sillón, entre la tanda de la telenovela y el próximo cigarro, opinamos con una liviandad que a veces asusta.



Somos felices jueces, a pesar de que no nos guste tomar decisiones. Juzgar no está mal. El problema es que no sabemos nada.

La televisión no está ofreciendo entretenimiento suficiente. A los libros hace rato ya los hemos dejado. Hablar de cosas relevantes se torna aburrido y creemos que estamos pensando cuando formamos una opinión sobre lo que debería haber sucedido con los protagonistas de un video prohibido o las estrellas del equipo de tus amores.

Pero el tema es que nuestra opinión suele ser cada vez más liviana a medida que nos alejamos de los hechos. No estábamos en Santa Teresa ni tampoco en la cancha del estadio. Creemos saber mucho porque lo vimos “todo” en un video. Pero no nos damos cuenta de que no vimos nada.

Opinamos igual. A veces en defensa del protagonista que consideramos la víctima. Entonces nos sentimos bien con nosotros mismos. A veces decimos que “esas cosas pasan” y que “hay que hacerse cargo”. Entonces sentimos que estamos siendo realistas. A veces pedimos la horca y a veces damos el perdón divino.

Sin pensarlo, sentimos que nuestra opinión importa. En realidad, no importa (a menos que seas el juez del caso, obvio). Lo que sí importa son la suma de opiniones totalmente infundadas, livianas, hasta estúpidas.

Esta masa de opiniones es la que afecta como un todo a los protagonistas (y sobre todo a las víctimas, si es que las hay) y, además, nos marea, nos aturde y nos termina privando de opiniones que realmente valen la pena. Que podrían aportarnos. Opiniones que saben de los hechos a los que se refieren.

En los últimos días he escuchado (y hasta elaborado) un sinfín de opiniones livianas, huecas, pelotudas. Luego me di cuenta de que no sé nada. Por eso, en vez de opinar sobre lo que no sé, les comparto opiniones, que opino, valen la pena*.




*Lamentablemente, aún no pude encontrar una opinión escrita que valga la pena sobre los incidentes en el último partido clásico y sus impactos en la opinión pública. Si alguien conoce una, se agradece la comparta.