domingo, 12 de junio de 2016

A la deriva

“Nuestros oficiales están capacitados para enseñar valores porque lo han hecho desde siempre. Con “valores” me refiero a las cosas elementales que tiene que sentir un uruguayo”.


Hay tantas cosas mal en esta frase del Comandante en Jefe del Ejército, General Guido Manini Ríos, pronunciada unos días atrás, que me costó mucho definir por dónde empezar a abordar el tema.

El Ministerio de Defensa y el Ejército Nacional participan activamente en lo que el gobierno ha dado a conocer como Diálogo Social, una iniciativa que reúne a unas 600 organizaciones públicas, privadas, sociales y comunitarias que proponen, debaten y acuerdan ideas en torno a varios ejes temáticos.

Una de las propuestas del Ejército Nacional presentada en la mesa que debate iniciativas sobre “Seguridad y Convivencia Ciudadana” (y no, vale aclarar, en la mesa que trata el tema “educación”) propone trabajar sobre los “ciudadanos de entre 18 y 30 años, aptos desde el punto de vista físico y médico que no estén estudiando ni trabajando”.

Primero: para el Ejército, el problema de exclusión de los jóvenes que no estudian ni trabajan es un problema de seguridad, no es un problema de educación. Desde ahí la propuesta empieza a ser cuestionable. Pero hay mucho más.

La propuesta del Ejército propone crear una “Fuerza de Voluntarios en Defensa y Protección Civil”, jóvenes que “serán considerados efectivos auxiliares del Ejército, con derecho a usar un uniforme y a percibir un viático equivalente al 50% del sueldo de un soldado”.

¿Qué se hará con esos jóvenes? Se propone formarlos “en valores civiles y democráticos así como en todo lo relacionado a su salud física y mental” al mismo tiempo que se los introduce en el mundo de algunos oficios. Los valores que el Ejército se propone inculcarle a estos jóvenes se basan en la Constitución, Leyes Sociales (vaya uno a saber a qué se refiere el Ejército con esto), Códigos, Historia Nacional, Respeto a los símbolos patrios y autoridades, costumbres y hábitos entre otras cosas.

El Ejército propone también intervenir en la educación en higiene y salud de éstos jóvenes. Pero no se asusten. El propio comandante en Jefe del Ejército explicó ante la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados (dónde presentó con mucho éxito esta propuesta) que cuando dice higiene “se agarró para el lado equivocado: pensaron que queríamos bañarlos. Lo que sucede es que para los militares, higiene refiere a la higiene bucal, sanitaria, enfermedades venéreas, drogas. Es la higiene en términos sanitarios”. Ok.

Manini Ríos explicaba en esa ocasión que la juventud “está un poco desnorteada, a la deriva, sin muchos caminos a seguir en la vida. Pensamos que el Ejército tiene posibilidades en ese sentido: tiene capacidad locativa, gente que puede contribuir a contenerlos, a formarlos en lo que denominamos un Centro de Formación Ciudadana”.



“Desde siempre, inculcamos valores a nuestros soldados a partir de nuestros oficiales. Lo que tenemos para ofrecer son nuestros oficiales; ahora bien, si se nos proporcionara profesores de educación física, sería lo ideal. Acá no estamos hablando de quién da la materia. Nosotros tenemos nuestros oficiales que tienen su formación de años respetando los símbolos patrios, el ideario artiguista y ese tipo de cosas que tienen muy internalizadas. Por lo menos con los reclutas que recibimos normalmente eso funciona muy bien” contaba Manini Ríos acompañado y apoyado por el subsecretario del Ministerio de Defensa, Jorge Menéndez y escuchado por muy entusiasmados diputados nacionales.

En su comparecencia ante los diputados, el Comandante en Jefe del Ejército fue interrogado dos veces sobre la posibilidad de que sea una formación que incluya la internación de los jóvenes y en las dos ocasiones evitó responder la pregunta. Sin embargo, la propuesta elevada al Diálogo Social lo dice claramente: “las actividades se desarrollarán de lunes a viernes de 8 a 16, pudiéndose establecer en determinados casos un régimen de internado”.

Para finalizar, Manini Ríos aseguró que “es fundamental la participación de distintos organismos del Estado. De lo contrario, no será sencillo implementarlo. Esto no puede funcionar si no se encara como una política de Estado”. Por lo pronto, ya cuentan con el apoyo del Ministerio de Defensa y de dos emocionados diputados del Partido Nacional.

 “Considero que se trata de una iniciativa muy positiva y muy responsable… quiero destacar y valorar la iniciativa y la preocupación en un tema acuciante para la sociedad en general” concluyó Gonzalo Novales al tiempo que Mario García dijo que “como integrante de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, saludamos este tipo de iniciativas que apuntan a incluir a un sector de la sociedad que lamentablemente hoy no encuentra respuestas en lo que estamos ofreciendo como Estado” y luego contó cómo extraña a los liceos militares.

El problema, o el mayor de los problemas, no es que el Ejército quiera ayudar ante una situación problemática, de hecho el Ejército ayuda actualmente en muchísimas situaciones en las que realiza un aporte invalorable (piense en tornados, inundaciones, crisis de la basura) y en otras situaciones tiene capacidad de hacerlo. El problema es que el Ejército sienta que debe participar y hasta liderar políticas de inclusión social y sobre todo de educación. Podrán ser grandes formadores en algunos oficios, pero cuando se trata de Historia Nacional (incluyendo el ideario artiguista), valores y educación sanitaria (por nombrar algunos puntos nada más) les queda aún mucho camino por recorrer.

El apoyo a esta medida de un Ministerio de Defensa que se piensa de izquierda, y el hasta ahora silencio cómplice de las muchas otras instituciones del Estado que participan en esa mesa de diálogo preocupa. ¿Se habrán dado por vencido en el CODICEN, el MEC, el MIDES y el propio Frente Amplio? ¿Será que no saben qué hacer con éstos jóvenes? ¿No tienen idea de cómo acercarse a ellos? ¿Vamos a dejar que el Ejército lidere una propuesta de inclusión para uno de los sectores más vulnerables y excluidos de nuestra sociedad? Con sólo pensarlo, ya es señal de que los que estamos a la deriva, somos nosotros.

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