domingo, 30 de diciembre de 2012

Lo que mirás y lo que vas a mirar


Desde los medios de comunicación, y desde muchos otros lugares, se construye realidad. Esto significa que, tu manera de ver y sentir el mundo se ve influenciada por lo que te cuentan los medios de comunicación que decidís consumir.






Los relatos de la realidad que a diario ves, escuchas o lees en los medios, son eso, relatos, subjetivados por los propios cronistas, periodistas y comunicadores que nos cuentan las noticias, pero también por sus jefes, sus directores, sus anunciantes.

Cada cual, con la educación y el grado de análisis que tenga, hará su propia lectura de lo que  cuentan los distintos medios. Es bueno tenerlo claro, una misma noticia, impactará de manera diferente sobre cada persona. Pero lo diferente, no quita lo parecido. Y así se desarrollan muchas artimañas, juegos de intereses y corrientes que terminan moldeando la siempre difusa opinión pública.

Un estudio realizado por Foco Auditoría Multimedia hace poco días publicado en El Observador, da cuenta de la cantidad de minutos que los informativos de la televisión abierta (siempre entre los programas más mirados de la TV) dedican a la cobertura de distintos temas.

Si es verdad que los medios (y más fuertemente los productos periodísticos) moldean tu realidad, entonces el hecho de que las tres temáticas que tuvieron mayor cobertura en 2012 (por lejos) sean (1) Fútbol Uruguayo (2) Crónica Policial y (3) Pronósticos, alertas y temporales, dice mucho de la sociedad en que vivís.

En pocas palabras,  interesa saber cual es el nuevo jugador que puede o no llegar a Danubio en este período de pases,  interesa saber cómo mató (por dónde entró la bala, por dónde salió, a qué hora y con qué arma) aquel hombre mató a aquel otro e interesa saber cuantos techos se volaron o cuanto creció el río Cuareim en las últimas 24 horas.

Interesa, y los medios (en este caso son los informativos de TV pero los reto a analizar los contenidos de radios y prensa escrita) quieren que interese. Y eso va moldeando la forma en que ves la realidad, y la forma en la que vivís la realidad que ves.

Cuando la gente sale a la calle, no sale con tanto miedo de morirse al volante o aplastada por un automóvil, sale con más miedo de que la maten de un disparo, que la asesine algún menor infractor que no tiene valor por la vida humana. Esa sensación, esa forma en la que vivimos nuestra vida cotidiana, esa forma en la que tememos o no tememos, es realidad construida. ¿Construida por quién? Por vos, por tu historia personal, por las historias que te cuentan los vecinos, los amigos, los compañeros y también los medios de comunicación.

En 2011 hubo 199 asesinatos (tal vez en 2012 se alcancen los 300 asesinatos). Este año 488 personas murieron en siniestros detránsito. Con estos números (siempre fríos) uno puede sacar mejor sus conclusiones. ¿Porqué sentimos más temor por una muerte que por la otra, si es mucho más probable la menos temida?

Otro ejemplo claro: el "caso Pluna" tuvo más minutos en informativos de TV que todos los proyectos y leyes tratados en el Parlamento, esto incluye obviamente, la despenalización del aborto, la regulación del mercado de la marihuana, el matrimonio igualitario, el puerto de aguas profundas en Rocha, la internación compulsiva de adictos, las medidas de "seguridad", etcétera, etcétera.

Los medios construyen realidad. Muchas veces, construyen las realidades que les conviene, y para saber que realidad te están vendiendo, es siempre bueno saber qué intereses tiene un medio y cuales son sus conveniencias.

Mientras seguimos esperando una ley que regule, al menos las licencias y contenidos de radio y TV, te recomiendo humildemente que dediques un tiempo cada tanto a leer las editoriales de los diarios e intentar analizar las editoriales (algo más difusas) de los informativos de TV y de las emisoras de radio. Conociendo un poco más de la opinión del medio, podrás crear realidades más libres y responsables.

El director de la diaria, Marcelo Pereira, dice en su columna del viernes 28 de diciembre, previendo los tiempos de campaña electoral que se avecinan, que "en la lógica electoral, todo se amplifica hasta el aturdimiento y luego se reduce a 140 caracteres sin gramática ni fundamento".

La amplificación y el aturdimiento vendrán, como de costumbre, de la mano de los medios de comunicación. Van a taparte de relatos y cuentos, elegidos por ellos y obviamente, contados a su manera. Tu responsabilidad es saber pararte ante ellos.  


P.D. Mi regalo de Navidad y Año Nuevo para ustedes: esta perlita 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Mañana es lunes





Yo creo que el tránsito en Montevideo es bastante caótico, que hay más autos de los que la ciudad puede soportar, que la infraestructura no da abasto, que las calles están en mal estado y muchas veces mal señalizadas, que los conductores muchas veces no saben conducir bien, que los peatones son demasiado imprudentes, que las motos hacen lo que quieren, que los taxis y los ómnibus se creen los dueños de las calles, que los encargados de controlar el tránsito y sancionar a quienes mal manejan están más preocupados por conseguir una cometa que por hacer cumplir las reglas.

Yo creo que los montevideanos son mugrientos. Lo siento por los que no tiran un solo papel al piso, pero la mayoría son mugrientos, no les importa la limpieza y después, son los primeros en quejarse. Y con alguna razón se quejan, porque también creo que los servicios de recolección, clasificación y limpieza dejan mucho que desear. Creo que la Intendencia no sabe como resolver el problema y los clasificadores ensucian más de lo que limpian.

Yo creo que hay violencia en el fútbol, por eso dejé de ir, porque pienso que los que van hoy al fútbol están enfermos de la cabeza. También creo que hay violencia en las calles, que salís, y no sabes si volvés, que te matan por un peso, o por nada. Sin embargo salgo todos los días y vuelvo vivo, pero en la tele veo que alguno siempre se muere.

Yo creo que los empleados públicos no quieren trabajar, que son vagos en su amplia mayoría. Pienso que los gremios son terribles corporativismos burocráticos preocupados por el bienestar de unos pocos. Los cirujanos, los anestesistas, los municipales, los estatales, todos.

Yo creo que los empresarios son en su mayoría unos chantas, que buscan sólo el beneficio propio y si te tienen que cagar te cagan sin problemas. Aliados de los políticos, que son corruptos o ineptos, porque en este país, manda el que tiene plata.

Yo creo que los ecologistas son unos tranca pelotas y que los que quieren el puerto, la mina y todo lo que viene atrás son unos tipos que quieren llenarse de oro y después irse al carajo.

Yo creo que los menores están de vivos y que los que infringen las leyes, deben ir presos, no para que se rehabiliten, porque las cárceles son una porquería, para que no molesten en las calles.

Yo creo que el maestro Tabárez ya está pifiando y pide recambio. Ojo, no soy mal agradecido, yo agradezco todo lo que hizo, pero ya está para el retiro. Ya perdimos como tres partidos.

Yo creo que los argentinos son todos una manga de ladrones del primero al último.

Yo creo que toda la educación (pública) está perdida, que ya no sirve para nada.

Entonces, cómo creo en todo esto, voy por la ciudad escupiendo insultos, tocando la bocina como si fuera un insulto más, pensando que tengo adelante ineptos o avivados que me quieren cagar, despotricando contra básicamente todo, hablándole mal a la cajera del supermercado, que es más lenta que una tortuga, comentando con el vecino lo turra que es la otra vecina, pensando que los viejos están complotados para hacernos la vida más difícil, gritándole a la rubia que está más fuerte que un pino y que esa calza se la arranco con los dientes, quejándome, puteando y quejándome un poco más.

Al fin y al cabo, no me puedo sacar de la cabeza que trabajo como un loco, horas y horas, y no me da para comprarme lo que quiero, no me da para ser rico (feliz) y a veces no me da para llegar bien a fin de mes. Tengo derecho a quejarme, tengo derecho a putear. En casa, en Facebook, en Twitter, en el trabajo y en la calle, dónde yo quiera, porque soy la víctima y los demás, en su mayoría son pelotudos.

¿Dónde esta la alegría? Ya sé, suena paloma. La violencia nos está ganando el día a día. Mañana es lunes, hace la prueba y ponele onda. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Redes Sociales e Internet: ¿libres y/o impunes?


Un video íntimo de una boxeadora reconocida. Un video dónde un grupo de adolescentes matan a un perro. Un grupo de personas que hostigan hasta la muerte a uno de estos adolescentes. Un sinfín de opiniones vacías, desinformadas y antisemitas. Comentarios de odio que llaman a la violencia. Acusaciones totalmente infundadas de corrupción. Impunidad.

Imagen difundida a través de Facebook el pasado 12 de noviembre (distorsionada por 180)

Desde su creación, reina la impunidad en Internet. La regulación de contenidos por el medio que más ha crecido a nivel local y mundial en los últimos tiempos es siempre escasa o nula. Cada quién sube a Internet lo que quiere, escribe en Internet lo que piensa (aunque no piense en lo que escribe), descarga de Internet lo que quiere, comenta, comparte, publica. Y a veces, sólo a veces, los daños que causa esa gama de posibilidades y libertades que todos tenemos en el mundo de Internet, son terribles, destruyen la vida, la imagen, la reputación de los dañados y deja impune a los "dañadores".

¿Qué hacemos entonces? Algunos creen en la necesidad de regular y tienen buenos argumentos para hacerlo. El periodista de la Diaria Marcelo Pereira escribió en su columna* a favor de una regulación internacional de los contenidos de Internet, aunque advirtió que “habrá quienes aleguen, desde un liberalismo bobo, que lo mejor o lo menos malo es la ausencia de regulaciones”. No es el único que piensa así, y frente a hechos como la filtración del video de la famosa boxeadora o el hostigamiento y los llamados a la muerte de un adolescente, es natural que uno piense que hay que regular de alguna manera esta situación, así como está, Internet es tanto sinónimo de libertad como de impunidad.

Pero la regulación, como señalaba con mucha claridad Pereira en su columna, debe darse a nivel internacional, pues como sabemos, Internet no conoce de fronteras. Y allí es dónde comienzan los baches y los problemas. Una regulación a nivel internacional, según la experiencia acumulada en toda la historia de la humanidad, será injusta, inequitativa, autoritaria, de mediano alcance y para nosotros, en general terrible. No es (solamente) mi opinión, es un breve repaso de los mecanismos en los que se instaló toda la legislación internacional.

Además, en temas como el daño a la imagen, la injuria, la libertad de expresión y la violencia, es imposible que las distintas sociedades y pueblos que habitan la tierra nos pongamos de acuerdo. Una caricatura de Mahoma compartida en mi perfil de Facebook, se reduce a un (mal) chiste en Occidente, pero en algunos países puede ser un terrible crimen que me depare años de cárcel o hasta penas más severas. ¿Quién será el juez que diga si soy o no culpable por difamar la imagen de Mahoma? ¿Será un juez ateo, uno judío, uno cristiano o uno musulmán?  Pensar en una regulación internacional justa, o al menos mejor que la actual falta de regulación, es iluso, tal vez bobo.

En Internet existen medios de comunicación, existen personas identificables y existen anónimos (algo más difíciles de identificar). En las redes sociales (Facebook, Twitter, Google+, Linkedin, Youtube) hay perfiles de usuarios, que pueden ser organizaciones, pueden ser individuos, pueden ser empresas. No todo es lo mismo. No podemos hablar de redes sociales a la ligera, ni considerar a las redes sociales, medios de comunicación comparables a la televisión, la radio o la prensa escrita. Hay cosas en las redes sociales que son públicas, hay cosas que sólo son compartidas en grupos, y hay cosas que son privadas. No cualquiera puede leer lo que yo escribo en mi perfil de Facebook, no cualquiera puede ver las fotos que publico. En Internet, y sobre todo en las redes sociales hay matices. Permítanme ser  escéptico, pero llevo años metido en esas redes sociales, y creo que no hay juez en este país que pueda entender mínimamente cómo funcionan, cómo mutan y se transforman, y cuales son los límites de cada una de las redes. Legislar y juzgar sobre algo tan dinámico como las redes sociales, es casi una utopía.

Repito la pregunta. ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos asumimos como personas que somos medios de comunicación unipersonales? Creo que la respuesta podría estar (cuando no) en la educación. Hoy es más útil y necesario enseñar en las escuelas el funcionamiento de las distintas redes sociales, que muchas cosas que se enseñan, más si le damos a cada niño una computadora. Enseñarles su uso es enseñarles a ser responsables. No olviden de que quienes vimos nacer y crecer a las redes sociales, estamos todos grandes y eso nos puede nublar un poco el juicio, buscando sin suerte soluciones para los problemas de hoy y de mañana en el ayer.

Tal vez, con una buena apuesta educativa, logremos que los usuarios de redes sociales del mañana, sean un poco más responsables a la hora de dar una opinión, de compartir un contenido o de dar un “me gusta”. Tal vez mediante un intento de regulación, lo único que lograremos es dañar una de las mejores cosas que ha construido el ser humano en los últimos siglos.

lunes, 15 de octubre de 2012

Que bueno que viniste (Pegale a Cristina y te devolvemos el IVA)



Nos encanta hablar mal de los argentinos. Hay cierto morbo al respecto. Nos encanta hablar mal de la televisión argentina, de la forma de hablar de los porteños, de su forma de vida, y de lo malos que son sus gobiernos. Claro que consumimos su televisión, claro que usamos muchísmas palabras inventadas en la otra orilla, claro que recelamos de algunas costumbres de aquel lado del Río de la Plata y claro que también nos quejamos de nuestros propios gobiernos.

 La visión que tenemos de Argentina está sumamente enfocada en Buenos Aires, y no en toda esa inmensa ciudad que tiene cinco veces más habitantes que todo nuestro país entero. La visión que tenemos de Argentina es muchas más veces crítica destructiva que crítica constructiva. Nos gusta que al lado haya caos, para sentirnos bien con nuestra quieta comodidad.

Pero en los últimos meses, me han llamado mucho la atención algunas situaciones que señalan que el Uruguay, como país, ha quedado rehén de un enfrentamiento cruzado del cual hemos escuchado hablar, pero que no nos interesa demasiado: el choque de poderes entre el gobierno argentino (y quienes lo apoyan) y una porción importante de los medios de comunicación argentinos (y quienes los utilizan).

Lo primero que me llamó la atención es la maravillosa imagen que ciertos sectores argentinos tienen de nuestro presidente José Mujica. Un presidente "simple", "honesto", "centrado", "humilde". No voy a poner en duda ninguna de esas adjetivaciones. Pero me preocupa cuando las afirma un periodista de TN, o un argentino de la clase acomodada porteña que viene a veranear a su chacra en la costa de Maldonado. Hay grandes chaces de que ninguno de los dos lo hubieran votado de haber tenido que hacerlo.

Luego, me llamó la atención una editorial publicada hace pocos días en el diario La Nación, uno de los de mayor tirada en la República Argentina y un fuerte opositor de la Casa Rosada. La editorial se llamaba "Uruguay, campeón de la clase media" y relataba la visión de un supuesto serio periodista tras una visita fugaz en nuestro país.

Allí se mencionan varias buenas acciones realizadas por algunos uruguayos, se habla de lo maravillosas que son las rutas (curiosamente hace referencia a las rutas que unen Colonia-Montevideo-Maldonado) y lo bien señalizadas que están (aunque el autor se pierde dos veces en las mismas).

También se describe a la rambla de Montevideo y se asegura: "en la vía pública, ni un papel, ni un cartón, ni un cajón descartado. Todo limpio". "En las veredas ni una baldosa rota. Frente al horizonte del río-mar, un banco cada veinte metros, sólido y cómodo, que no está pintarrajeado ni saqueado por vándalos", describe el editorialista para finalizar diciendo que somos "un país que es enteramente clase media (más pobres o más ricos, razonan todos del mismo modo)".

Al principio me dan un poco de risa las palabras del periodista, que demuestra ser un terrible observador. Pero luego vuelve la desconfianza y más tarde me pregunto por el porqué de tantas (¿cómo usar otra palabra?) mentiras.

La única conclusión que puedo sacar es que tanto en el caso de Mujica, como en el de esta increíble editorial de La Nación, solamente se está utilizando a nuestro gobierno y a nuestro país para desacreditar al enemigo: la Casa Rosada.

Parece que ciertos medios y sectores argentinos se esfuerzan en proclamar: "Vean argentinos que fantástico es Uruguay, que genial y humilde es su presidente. ¡Qué bien que están los uruguayos!". ¿Por qué?

Entre medidas proteccionistas sumamente dañinas para el Uruguay y hermosas (pero falsas) alabanzas sobre lo divinos que somos los uruguayos, podemos marearnos y terminar participando en una guerra que no es la nuestra, y aún más, defendiendo la trinchera equivocada.