viernes, 21 de junio de 2013

Yo nací con la democracia






Dirección y Edición: Emilio Echeverría

Muchas gracias a los amigos que ayudaron a que este video se pueda hacer.

jueves, 13 de junio de 2013

¿Por qué miente Claudia Fernández?


Hace unas horas me crucé en la red (más específicamente en la cuenta de Twitter del senador Jorge Larrañaga) con un video en el que personas más o menos conocidas invitan a votar el próximo 23 de junio para habilitar un referéndum sobre la Ley de Salud Sexual y Reproductiva.



Entre las personas que aparecen en el video, está Claudia Fernández. ¿Por qué reparar en ella y no en los otros personajes? Primero, porque como persona que estudió comunicación y que algo entiende de medios y campañas publicitarias, no me cuesta darme cuenta que es ella “el peso pesado” entre quienes opinan en el video. Segundo, porque es ella quien en breve ocupará un espacio central en la programación de uno de los tres canales privados de televisión, bajando línea y metiéndose en la casa y en la cabeza de muchísimos hogares y personas. Y tercero, porque debo admitir que me caía bien su personaje televisivo, y hoy con cierto dolor, debo dar marcha atrás en mis pareceres.


Cuando una figura pública que acostumbra a entretener a la gente y hacerla pasar un buen rato se mete de lleno en aspectos tan íntimos e ideológicos, puede llegar a tener un impacto fortísimo en la opinión de la gente. Salvando las distancias, cuando Marcelo Tinelli o Susana Giménez opinan en la vecina orilla sobre algunos temas, la gente puede escucharlos mucho más que a cualquier científico, político o activista.  


La utilización de figuras públicas en campañas políticas o sociales es un arma de doble filo. Natalia Oreiro, por poner un ejemplo, participa en una campaña que apoya el matrimonio igualitario o en otra de Greenpeace para la conservación de las ballenas. Lo hace de una manera informada, puede brindar argumentos válidos, da su opinión sin faltar a la verdad. En este caso, la utilización de una figura pública parece ser positiva.


El caso de Claudia Fernández (extensivo a todos quienes aparecen en ese video) es totalmente lo opuesto. Aquí la figura pública dice dos frases (que son parte de un discurso lleno de imprecisiones) y en ambas ocasiones falta a la verdad. O sea, le miente a la gente que mira el video, para convencerla de actuar de determinada manera.


Dice Claudia que “sólo así (aportando nuestro voto para llevar a referéndum la ley de Salud Sexual y Reproductiva) vamos a tener el tiempo suficiente de decidir si esta ley es buena o mala”. ¿Por qué? No encuentro respuesta. ¿Por qué no tuvimos tiempo hasta ahora? ¿Por qué vamos a tener ahora el tiempo que no tuvimos en los años que se discutió esta ley?


Y luego Claudia dice “el domingo 23 vota por tu derecho a decidir”. Si no votas, inferimos, no estás ni decidiendo ni defendiendo tu derecho a elegir. Una mentira más grande que una casa y que Claudia nos dice a la cara, con una linda sonrisa, sin importarle que no tenga el más mínimo sentido.


No ir a votar el 23, ES decidir Claudia. Ir a votar es apoyar la derogación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Apoyar la derogación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva es creer que las mujeres que se han practicado abortos en este tiempo que la ley está vigente, son mujeres asesinas y que por lo tanto deben ir presas. Apoyar la derogación de la Ley es decir que de haber sobrevivido, Flavia debería estar presa.


No se habilita una discusión yendo a votar el 23. La discusión está habilitada desde hace muchísimos años. Yendo a votar el 23, lo que habilitamos es la posibilidad de quitarles un derecho a las mujeres Claudia. Tal vez no lo pensaste bien, tal vez si lo pensaste bien. De cualquier manera, como una figura pública que se mete y se meterá aún más en muchos hogares uruguayos, como ciudadano, te pido más responsabilidad. Apoyar la penalización del aborto no es tan malo. Mentir sí lo es.



miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Necesitamos más historias como éstas?


¿Dos maricas criando un niño? dijo el señor que rondaba los sesenta años desde la cabecera de la mesa familiar. Estamos todos locos, agregó, como cerrando el tema. No mucho tiempo después, su hijo le confesó que era gay y que hace un par de años ya estaba en pareja con otro hombre. Al principio fue la sorpresa, luego razonó en silencio que su hijo iba a ser mucho mejor padre de lo que él mismo podía llegar a ser.


Tal vez, si una encuestadora le hubiera llamado unos días antes, el señor que rondaba los sesenta años, habría dicho que estaba en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo. Por suerte el gobierno no gobierna por encuestas.


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Nos robaron una vez, fue un botija, seguro que era menor. Al INAU entran por una puerta y salen por la otra, eso todo el mundo lo sabe. Además no sólo me robaron a mi. En la televisión vi que también mataron a un pistero y le pegaron a una viejita. Tienen que ir presos, no se puede vivir más de esta manera.

¿Cuántos pensarán así? ¿Cuántos habrán firmado para bajar la edad de imputabilidad? ¿Cuántos van a votar? ¿Qué me importa a mi José? Mejor meterlo en la cárcel. Si, tiene 19 años, era menor cuando cometió un crimen y hoy, aún recluido en el INAU, trabaja, con un empleo bien digno, como otros 160 gurises del programa de Inserción Social y Comunitaria del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA). Ninguno de ellos volvió a cometer un delito. Pero Analía y Pedro los prefieren presos en COMCAR o el Penal de Libertad, donde les espera un futuro brillante. Lamentablemente hay muchos más uruguayos que quieren eso, porque tienen miedo y con miedo se mueven. Pero una historia como la de José, debería al menos hacerlos pensar.

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¿Ahora vamos a legalizar la droga? Dice la señora con un vaso de whisky en la mano. Estamos todos locos, sentencia. Su hija, de 19 años, igual que José pero con una vida mucho más fácil, con una carrera comenzada en la mejor de las universidades, con todas las comodidades, la observa desde el sillón.



Esa misma tarde, terminó en una boca comprando 25 gramos de marihuana para fumar un porro con sus dos amigas del alma en el parque al sol. Esa era la idea, pero la cosa se puso bien fea en la boca y casi no cuenta el cuento. Haría la denuncia, pero en la comisaría no la iban a recibir muy bien, más bien la tratarían como a una delincuente. Seguro que si su madre supiera su historia, no estaría haciendo esos juicios y se informaría un poquito más sobre la regulación del mercado de la marihuana y sobre los impactos de la marihuana en la salud de su hija. No por ella, sino por su hijita, a la que no quiere que nada malo le pase.



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En Facebook soy amigo de alguien a quien estimo mucho, que tiene una foto de perfil con una panza de embarazada y una manito de un bebé que empuja desde adentro. “Si podes elegir...hacelo. No al aborto” reza la imagen.

Tengo muchas mujeres a mi alrededor que eligieron practicarse un aborto y tuvieron que hacerlo en la clandestinidad. A las mujeres que pasaron por eso, no les puedo pedir nada, pero a los que van a poner su voto junto a Tabaré para sacarle un derecho a alguien, si les puedo pedir que escuchen estas historias, que se pongan en otros zapatos por un rato.
Seguro que si esa amiga de Facebook conociera a una de estas mujeres cambiaría un poco de idea y de foto de perfil.


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Se trata de tener empatía (Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro). Se trata de no ver las cosas desde afuera. Se trata de ganar en derechos y de ser más libres, dando más libertad.

Nadie pretende que el heterosexual se haga homosexual, nadie pretende que la embarazada aborte, que el menor sea tranquilamente un delincuente o que quién no quiera consumir marihuana consuma. Tampoco se trata de que cada cuál haga lo que quiera con la vida de uno y de todos. Se trata de dar oportunidades, para que todos estemos un poco más cerca de la felicidad. Se trata de escuchar historias como éstas.

domingo, 28 de abril de 2013

La crisis en el retrovisor.


Hace menos de una semana estaba mirando ¡Gracias Petrov!, un muy lindo programa del Canal Vasco que recorre los principales hechos locales y mundiales de los últimos 30 años. En éste capítulo, se aborda entre muchos otros temas la crisis de 2008 que tanto afectó y afecta a Europa.


Fue escuchando ese informe, con bancos que cerraban, suicidios, manifestaciones y recortes, con críticas al capitalismo salvaje, con indignados, con ferias de trueques, renacer de cooperativas y reclamos para establecer sistemas económicos más justos, que me acordé de mis años mozos, durante la crisis del 2002.


La pasamos tan mal. Padecimos tantas lecciones. Sufrimos tantos desgarros. Y vimos surgir una serie de gobiernos nuevos en nuestro continente. Gobiernos que han sacado a los distintos países de las crisis, los han puesto en la famosa senda del desarrollo, y los hacen crecer en cifras (si, ya sé, son solo cifras) impresionantes.




¿Pero qué pasa 10 años después? ¿Qué tanto nos acordamos de lo que nos pasó? ¿Por qué hasta parece que nos causa gracia lo que está pasando en Europa? ¿Cómo estamos por casa? Veamos.


En Argentina, el gobierno que sacó al país de la mayor crisis económica de su historia, suma día tras día, nuevos enemigos, en el interior y en el exterior. Nunca desde el regreso a la democracia, un gobierno tuvo tanta oposición (pésima en su calidad) y tan virulenta. La radicalización de posiciones podría chocar contra un fuerte muro cuando llegue a su fin el mandato de Cristina Fernández y haya que llenar un inmenso vacío de poder.


Un poco más al norte, en Bolivia, Evo Morales volverá a presentarse a las elecciones nacionales de diciembre de 2014. Su tiempo en el poder le ha hecho perder algunos apoyos importantes en las bases sociales, pero continúa siendo el candidato con mayor perfil presidencial en el país.

También junto a Bolivia, está el gigante del continente, Brasil. Apenas dejando atrás el escándalo del mensalao que llevó a la cárcel a decenas de políticos (algunos de ellos demasiado cercanos al ex presidente Lula) por corrupción. Por la misma corrupción que llevó a nuestros países a la crisis hace poco más de una década.

Pero también pasan otras cosas en Brasil. En la frontera con Bolivia el estado de Acre declaró a dos ciudades en estado de emergencia por la llegada masiva de inmigrantes ilegales haitianos. ¿Se acuerdan de los latinos ilegales que huían a Europa en pos de una vida digna? ¿Se acuerdan de cómo los trataban allí?


En las favelas de Río (se vienen Mundial y Juegos Olímpicos y hay que limpiar) y en la amazonia (pogreso nao tem fim) se repiten las acusaciones de violaciones a los derechos humanos por parte del mismo Estado.

En el terreno político, aunque parece que no hay nada nuevo bajo el sol, Marina Silva (ex líder ecologista, ex ministra de Lula) encabeza la Red Sustentable, un movimiento muy vanguardista y con potencialidades aún difusas pero que pisa fuerte en el mundo virtual.
También en Brasil, pero bien al sur, casi en Uruguay, la justicia juzga a empresarios, funcionarios públicos y autoridades por el incendio en la discoteca Kiss. ¿No es un dejavú de Cromañón?

Si cruzamos los Andes, en Chile nos encontramos con que está todo pronto para el regreso de Michelle Bachelet a la presidencia del país en noviembre de 2013. La “sorpresa” de las elecciones pasadas, el independiente Marco Enriquez Ominami parece fuera de forma para competir de nuevo en las contiendas electorales.

Por su parte, Piñera ostenta una popularidad de cerca del 38%, a pesar de que Chile es el país que muestra mejores cifras en lo económico. Clave: un movimiento estudiantil activo, fuerte y que logra convencer al resto de la sociedad sobre el rol central que juega la educación.

Bien al norte del subcontinente, en Colombia, ya se preparan las elecciones presidenciales de marzo del 2014. El presidente,Juan Manuel Santos aspira a la reelección y no parece tener contrincantes fuertes, a pesar de contar con la constante oposición del ex mandatario Álvaro Uribe, que lo llevó a la presidencia y luego no paró de ponerle palos en la rueda.

Al mismo tiempo, este extraño bicho político que es Santos, deberá avanzar en sus pretensiones electorales al tiempo que continúa el diálogo con la guerrilla de las FARC en La Habana. La paz parece estar colgando de un hilo demasiado fino.

Junto al país cafetero, está Ecuador, dónde Rafael Correa ganó las elecciones a principios de año con el 57% de los votos, reafirmando así su apoyo popular. La constitución permite solamente la reelección y además Correa ya aseguró varias veces que “estos son los últimos cuatro años en el gobierno”. Por lo tanto su mayor desafío está en encontrar un sucesor que continúe las profundas reformas que el actual presidente ha puesto en marcha.

Paraguay, en el corazón del continente, parece ser de los países con una situación más difícil de definir. Un nuevo presidente del histórico Partido Colorado, con un perfil empresarial y sospechas de vínculos con el narcotráfico, deberá alinearse con presidentes de otro signo político tanto en el Mercosur como en la Unasur.

Contra el Pacífico, en Perú, el presidente Humala enfrenta fuertes resistencias conservadoras y ha cedido más poder del que se podría esperar, defraudando a amplios sectores sociales que lo han llevado a la presidencia. Sin embargo, es muy pronto para definir su suerte.

Por último, allá en el norte, junto al mar Caribe, la Venezuela de Hugo Chávez que debe pensarse sin él. El presidente Nicolás Maduro ganó las elecciones por menos de 300 mil votos seis meses después de que Chávez ganara por 1.600.000 votos. Pero ganó. Y hoy todos, de más de izquierda, más de derecha, más venezolanos, más extranjeros, están nerviosos y atentos.

Y acá, en Uruguay, estoy yo, preguntándome ¿qué tanto aprendimos los latinoamericanos de nuestro (no tan) pasado?