domingo, 28 de septiembre de 2014

Parlamentos


Parlamentos es un ciclo de entrevistas con políticos jóvenes que aspiran a llegar al Poder Legislativo a partir de la próxima administración.

Parlamentos es una serie de preguntas y respuestas que buscan descubrir, si es que existe, una mirada generacional hacia la política.

¿Qué piensan quienes aspiran a hacer política partidaria durante las próximas décadas? ¿Qué los mueve? ¿A quién quieren representar? ¿Cómo ha sido su camino hasta el presente?

Jóvenes de los principales partidos políticos de Uruguay responden, reflexionan y proponen preguntas, ideas y proyectos en un formato dinámico, que mira especialmente a las nuevas generaciones.

Mirá las entrevistas con Santiago Caramés (PN), Sebastián Sabini (FA), Gonzalo Civila (FA), Fernando Amado (PC), Federico Ricagni (PN) y Macarena Gelman (FA).



Parlamentos es un ciclo producido por Lado C Films para pensaunpoco.com.


Producción periodística
María José Pereyra
Juan Pablo Méndez

Producción audiovisual
Emilio Echeverría
Anaclara Bugallo
Locaciones
Bar Los Cuatro
Bar Hollywood
La Esquina del Mundo
Kalima
Café Insurgente
Bar Republicano

jueves, 28 de agosto de 2014

Pienso eso



Hay algunos militantes colorados que piensan eso y hay muchos blancos que también lo hacen.


El Frente Amplio, la mayor fuerza política de la actualidad, piensa eso.


La gente de Techo Uruguay, una organización que tiene más de diez años de trabajo en Uruguay y que mueve a miles de adolescentes y jóvenes en todo el país por una buena causa también piensa eso.


El Movimiento Scout del Uruguay, que reúne a más de 2.500 jóvenes, replicando valores, también piensa eso.


La principal universidad del país, que brinda educación gratuita y de alta calidad, la Universidad de la República, cogobernada por estudiantes, profesores y egresados, piensa eso.


La mayor organización social del país, el PIT CNT, que defiende los derechos de los trabajadores y tiene cientos de miles de afiliados, piensa eso.


Hay muchas otras organizaciones que también lo piensan: Proderechos, Ovejas Negras, MYSU, El Abrojo y un largo, casi interminable etcétera de organizaciones compuestas por activistas que luchan todos los días por un país más justo.


El máximo representante de la Iglesia Católica (la de mayor representación en el país) también piensa eso. No es el único líder religioso que lo hace, obviamente.


El Instituto Nacional de Derechos Humanos, un instituto creado para defender los derechos de todos, piensa eso.


Hay ministros de la Suprema Corte de Justicia y jueces menos famosos, pero no por eso menos justos, que han anunciado públicamente que piensan eso.


También hay periodistas amigos de la izquierda y de la derecha que escribieron grandes columnas para anunciar que piensan eso. Están los periodistas que no son amigos ni de la derecha ni de la izquierda que también piensan eso.


Las Naciones Unidas, la mayor organización internacional, anunció que piensa eso.

La Sociedad Uruguaya de Psiquiatría de la Infancia piensa eso y el Consejo de la Facultad de Psicología también lo piensa.



Hay miles y miles de jóvenes y adultos que se están moviendo en todo el país porque piensan eso. Hay artistas plásticos, comunicadores, músicos y actores que piensan eso.


Hay maestras, doctores y repartidores de pizzas que piensan eso.


Somos una sociedad que piensa. A pesar de los spots hechos para que todo nos dé miedo.


El miedo puede movernos en un principio, pero si nos tomamos un tiempo, nos vamos dando cuenta de que el miedo solo nos hace tomar malas decisiones. Las encuestas piensan eso.


Pensá Un Poco piensa eso.

#NoALaBaja.

lunes, 4 de agosto de 2014

¿Qué renovación?


La nueva derecha está más linda que nunca. Después de años intentándolo, Pedro ve cómo la verdadera lavada de cara de los partidos tradicionales llega desde el Partido Nacional.


En el Frente Amplio aparece primero el desconcierto. Perdió Larrañaga. Luego aparecen los nervios. “Está haciendo las cosas bien”. “Habla muy bien”. “Tiene la mejor campaña”. “Tabaré esta viejo”.


Como si le hubieran pegado una piña en la cara, no sólo Larrañaga sino todo el Frente Amplio quedó medio mareado y sin saber para dónde agarrar.


Mientras que Pedro buscaba un vicepresidente y terminaba de darle la espalda al sector minoritario del partido minoritario, Lacalle Pou convencía a Larrañaga de seguirlo hasta, por lo menos, octubre. Y en el Frente Amplio, aún temblando, mostraban a Sendic como respuesta a todo.


La derecha es conservadora casi por definición. A la derecha le cuestan mucho los cambios. Por eso tuvo que llegar la izquierda, diez años atrás, a realizar las transformaciones que la derecha ni imaginaba y que el país andaba necesitando.


Ahora parece que las cosas están dadas vuelta. Ahora parece que la derecha, con la cara juvenil de Lacalle Pou, es la que se pone el vestido de la renovación, y la izquierda, con la cara de un ex presidente de 74 años, es la que quiere conservar el vestido viejo.


Digo parece porque sabemos que no es cierto. En Uruguay nos tomamos el tiempo para sacudirnos el mareo, nos convencemos lento, pero seguro.


Como dice el diputado frentista Sebastián Sabini bien claro: no es renovación ni es por la positiva, alguien que hace muy pero muy poquito “votó en contra de la negociación colectiva y los consejos de salarios, votó en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, votó en contra de reconocer los derechos de la comunidad LGTB, votó en contra de la regulación de las ocho horas para el peón rural, votó en contra de la regulación del trabajo doméstico y también quiere tratar a los adolescentes de 16 años como si fueran adultos”.


No hay mucho más para agregar. El problema no reside en descubrir que la derecha no es renovación. Eso cae de maduro. El problema es que la izquierda representada en el Frente Amplio pueda demostrar que sí es izquierda y que puede ser (o seguir siendo) renovadora. Aun después de diez años de gobierno y después de elegir a un candidato que no ha sabido mostrarse renovador desde hace ya mucho tiempo.


¿Cómo hacerlo? Federico Imparatta tira algunas líneas interesantes en su artículo con título muy sugerente: “El recambio necesario y urgente en la construcción de más y nueva izquierda dentro del FA”. Yo lo resumiría así: o hacen lugar a la renovación o se van.


Y la renovación no es una persona, no es un joven, no es una simple idea. La renovación parece ser más que nada una nueva forma de pensar el país, una forma que no tiembla ante campañas con onda de la misma derecha de siempre, una forma que propone y, sobre todo, piensa de manera innovadora, que no se resigna a administrar capitalismo, sino que busca alternativas para hacer frente a un nuevo modelo económico global* que cambia mucho más rápido de lo que cambian los viejos paradigmas de izquierda.
La renovación del país va una vez más atada a la posibilidad de renovación de la izquierda. Esta vez no basta con “un cambio” como pregonaba la campaña frenteamplista allá por el 2004, sino que se deberá afrontar el reto de estar constantemente cambiando, para hacer frente a un mundo que se mueve mucho más rápido de lo que algunos dirigentes del FA pueden entender.

*Se recomienda dar una miradita a la columna de Hoenir Sarthou: ¿Qué es "la derecha"?.

viernes, 18 de julio de 2014

Matate

¿Qué nos preocupa? ¿Por qué nos preocupa? Paso haciéndome esas preguntas últimamente. Miro las encuestas y me dicen que a la gente le importa “la seguridad y la educación”. Términos extraños, términos tan amplios y difusos que abarcan casi todo. O tal vez nada. Términos que se me hacen cada día más vacíos.



La educación empieza por casa y es en casa donde, según las cifras de violencia doméstica, debería uno prestar más atención a la seguridad. En 2013 hubo 26.086 denuncias por violencia doméstica y, si utilizamos las reglas del día a día, sabemos que si hubo esa cantidad de denuncias, debe de haber muchísimos más casos que no se denuncian.

Cuando le pido a la maestra y al policía que me arregle lo que yo no he podido arreglar, en realidad les estoy pidiendo algo casi imposible. Les estoy pidiendo que arreglen algo que rompimos entre todos y que, a pesar de que nos preocupa, lo seguimos rompiendo.

Sentirse seguro. Eso es lo que perseguimos como un conejo detrás de una falsa zanahoria. Insisto: ¿Qué nos preocupa? ¿Qué necesitamos para sentirnos finalmente seguros? ¿Será que alguna vez nos podremos sentir así? Cada vez que veo que alguien está poniendo rejas en la casa, me pregunto si alguna vez se sentirá tan seguro para decidir sacarlas. Yo creo que no. No quiero sonar pesimista, pero creo que una vez que una reja se pone, es casi imposible que se saque.

La realidad nos muestra más violentos, más inseguros y más temerosos de perder lo que tenemos.

“Pero la violencia es un hecho, está ahí, en la calle, en la tele, en los diarios. ¿A quién no le han robado?”. Si, todo eso es verdad. La delincuencia está ahí, es real. Y tenemos miedo de que nos roben los pocos pesos que llevamos a nuestros bolsillos.

“Peor aún; tenemos miedo de que nos maten, como si nada”. No. Hasta ahí no llegamos. No seamos hipócritas. Tal vez si no somos tan hipócritas, empecemos a solucionar en serio nuestros problemas de educación y a sentirnos un poco más seguros.

En Uruguay seguimos siendo pocos y aquí todo se sabe. En 2013 mataron a 258 personas en todo el país. Las muertes son todas muertes, son todas terribles, son todas absolutas, pero la realidad dice que gran parte de estos asesinatos fueron cometidos por personas que la víctima conocía y que otra gran parte fueron muertes en “ajustes de cuentas”, relacionadas con el enfrentamiento entre grupos violentos. Por lo tanto, la probabilidad de que a usted lo maten en Uruguay es de casi 8 en 100.000. Y si quitamos las muertes por ajustes de cuentas o entre personas que mantienen algún tipo de relación con su victimario, la probabilidad de que a usted lo maten en Uruguay es casi, casi nula.

Nada más frío y real que esos números. Lamentablemente, los números nunca ayudan a hacernos sentir más seguros.

Si yo le digo a usted que es dos veces más probable que su hijo muera en un accidente de tránsito o que decida quitarse la vida a que alguien lo asesine, entonces tal vez pueda sentirse de otro modo.

Sí, dos veces más probable. No están en los discursos políticos, mucho menos en los “programas políticos”. No están en las tapas de los diarios ni en las aperturas de los informativos. Tal vez por eso no nos preocupan tanto. Tal vez por eso no nos ocupan tanto. Pero son muchos más.

El año pasado perdimos a 541 uruguayos porque decidieron dejar de vivir. En tranquilos pueblos del interior del país, allí donde aún se puede dejar la puerta sin llave, hay gente que se está matando en silencio.

El año pasado perdimos 567 uruguayos en las rutas y en las calles del país. Niños totalmente inocentes, personas que iban tranquilamente a trabajar, jóvenes que sólo querían divertirse sin joder a nadie.

Ya lo dije una vez y ahora lo reafirmo y lo expando. El Uruguay más violento no es el del delincuente que mata. El Uruguay más violento es del que manda mensajitos de texto mientras maneja, el que no ayuda al que está pensando que no vale la pena vivir más.

Vuelvo a preguntar lo mismo: ¿Qué nos preocupa? Yo sé que de la boca para afuera todos nos horrorizamos con los suicidios y los accidentes de tránsito. Pero no veo esos temas en las campañas políticas, no veo esos temas en la tele y en el diario, no los veo a ustedes compartiendo fotos en el muro de Facebook, no los veo juntando firmas para que alguien haga algo.